Benjamin Black y El secreto de Christine: la obstinación dolorosa

el secreto de christine benjamin blackCuando John Banville escribe novelas negras y se cambia el nombre por el de Benjamin Black no es un mero acto de esnobismo sino que realmente el lector tiene la sensación de que se está encontrando ante dos escritores de estilos completamente diferentes, como sucedía, por establecer una comparación, con los múltiples heterónimos de Pessoa. El propio Banville parece sorprendido de este cambio cuando nos confiesa lo siguiente:

El arte es una cosa extraña. Bajo el sombrero de Banville puedo escribir doscientas palabras al día. Un día decidí que podía convertirme en otro y bajo ese segundo sombrero, en esa segunda piel, puedo irme a comer tras haber escrito un millar de palabras, tal vez dos mil, y disfrutar con ello. Es increíble descubrir cómo otro tipo puede vivir tu vida y usar tus manos y deleitarse con eso. Escribir es un trabajo peculiar… Escribir es como respirar. Lo hago por necesidad. Por mi propia boca, y ahora también por la de Black.

Con respecto al rigor que Banville / Black mantiene durante todo ese proceso creativo, su primera esposa llegó a afirmar que, mientras su marido escribía era lo más parecido a “un asesino que regresa de un crimen particularmente sangriento”.

El secreto de Christine nos retrotrae a la Irlanda de los años cincuenta. La trama ofrece los componentes habituales de la novela negra. El protagonista es el doctor Quirke, un patólogo forense en un hospital de Dublín que, de una forma casual se topará con el caso de una mujer joven, Christine Falls que, estando embarazada, muere tras el parto. Acaso sea esa juventud o el hecho de que llevara una criatura en su seno lo que lleva a Quirke a preguntar nuevamente por ella pero, cuando lo hace, descubre que Mal Griffin, su hermano adoptivo, está realizando una manipulación de los informes que certifican la defunción de Christine que le resulta sospechosa. Desde ese mismo instante, el forense intentará desentrañar lo que parecen convertirse en dos auténticas obsesiones: el destino del bebé recién nacido y la verdadera causa de la muerte de Christine Falls.

Pronto descubrimos cómo es el doctor Quirke. Sabemos de él que tiene una cierta propensión al alcoholismo, que fue adoptado por el juez Griffin, un respetable caballero irlandés bastante acaudalado. También sabemos que, por circunstancias ajenas a su voluntad, Quirke no pudo casarse con Sarah, la mujer que adoraba y quien, por caprichos del destino, terminó casándose con Mal, mientras que Quirke hizo lo propio con Delia, la hermana de Sarah, como si una suerte esquiva los hubiese emparajado de un modo cruzado. Esa infelicidad de encontrarse alejado de la mujer a la que amaba y casado con alguien a quien no quería en absoluto, amargó para siempre el carácter de Quirke, y lo empujó hacia la bebida. Aquel matrimonio duró poco tiempo, pues Delia murió, precisamente en un parto, muriendo también el bebé que llevaba consigo. Ese cúmulo de desgracias hicieron que Quirke se sintiera culpable de todos los males que le estaban sucediendo. Tan solo el cariño de su sobrina Phoebe, la hija de su Sarah y Mal, le proporciona cierta alegría.

A lo largo de la investigación sobre la muerte de Christine Falls, Quirke recorrerá orfanatos como aquellos en los que él estuvo siendo un niño. Todo el proceso le recordará amargamente aspectos muy dolorosos de su propia vida, pero en todo momento, Quirke se mantendrá firme y determinado a resolver un misterio que, de repente, demasiadas personas parecen interesadas en que se olvide y no se resuelva. Su empeño le costará algunas amenazas e incluso recibirá una paliza tremenda que lo deja medio muerto y por la que acaba cojo de una pierna, con la rodilla destrozada. Pero aun así, persistirá en su empeño y su obstinación le conducirá hasta una red de adopciones ilegales conectada con una organización irlandesa clandestina conocida como los Caballeros de Saint Patrick, que tiene ramas en Boston, una sociedad que tiene fuertes conexiones con la Iglesia Católica y que, según se desvelará poco a poco, tiene por objetivo mantener viva la fe católica entre la sociedad estadounidense, “importando” para ello, niños recién nacidos que son educados en ese credo. Naturalmente, todo se complica sobremanera cuando Quirke descubre, casi desde el comienzo, que su propia familia adoptiva está claramente involucrada en todo este turbio asunto.

Benjamin Black construye de una forma inteligente una trama en la que los miembros de la organización de Saint Patrick apenas están esbozados, pero que, sin embargo, conforman sobradamente los elementos típicos de una trama negra. En esta novela hay un número importante de personajes que, sin ser principales, juegan, cada uno a su manera, un papel determinante en el desarrollo y desenlace de la historia. Además de la propia trama de la investigación en sí misma, subyacen otras no menos importantes sobre amores imposibles, paternidades no desveladas, secretos y mentiras, celos, sexo y frustración.

Toda una intriga que Benjamin Black construye con destreza. Sin ser la mejor novela negra que he leído, El secreto de Christine es una buena novela negra que mantiene la coherencia y no pierde interés. Cada escena tiene la importancia debida, como las piezas de un rompecabezas que su autor va encajando con indudable talento. Existe una crítica bastante clara de la doble moral de algunas congregaciones religiosas en la que se trata, además, un tema que ha estado muy en boga: el asunto de los bebés robados y entregados en adopción, y la sempiterna reflexión sobre la delgada frontera que separa el bien y el mal.

Para terminar, les dejo un vídeo en el que podrán ver a Benjamin Black hablando de su novela Cristine Falls:

El secreto de Christine. Benjamin Black. Alfaguara

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad
de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante
(2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma
de John Wayne (2011, premio Castillo-
Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio
Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio
Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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