El maestro y Margarita. Mijaíl Bulgákov: El mundo vuelto del revés

125.el-maestro-y-margaritaMijaíl Bulgákov (1891-1940) fue un escritor con mala suerte. Nació en el lugar equivocado en el momento equivocado. No podemos decir que su carrera literaria se viera truncada por esa circunstancia, puesto que nos legó esta obra maestra que es El maestro y Margarita (1940), pero sí es cierto que el autor no pudo encontrar la repercusión que hubiera merecido, puesto que no se doblegó a la exigencia del realismo socialista que impuso Stalin en la Unión Soviética.

Y es que si algo destaca de El maestro y Margarita es su descarado alejamiento de cualquier rastro de realismo, socialista o no. Es una de las novelas más imaginativas que se pueda leer, y también es de las más desternillantes, como si Bulgákov hubiera entendido que la libertad imaginativa solo podía ser completa si lo acompañaba de un fino sentido del humor, ese elemento indispensable que hace aún más libres a las personas.

Para ello solo tuvo que renovar el mito de Fausto en los tiempos modernos, concretamente en 1930, y en un lugar concreto, Moscú. En ese momento, aparece vestido de profesor ante dos poetas que están paseando por la calle. El sarcasmo de la escena no puede ser pasado por alto: la novela, aparte de su despliegue imaginativo y su amenidad aplastante, es una terrible sátira contra los poderes establecidos en una dictadura y, en concreto, contra el poder de los escritores oficiales, que se dejan llevar por la ideología imperante y que alcanzan el éxito, no por sus méritos, sino por su adhesión al régimen.

Estos dos poetas se hayan entronizados en su pedestal de barro gracias a sus ideas, no a su talento, y contra ellos se enfrenta el diablo para retornar a la tierra. Y no lo hace solo: la corte de pequeños diablillos que lleva consigo es una de las más espléndidas delicias a la que se puede enfrentar un lector: diablos terriblemente zarrapastrosos (un tipejo vestido con chaqueta a cuadros y lentes que no le sirven para nada, un hombrecillo de aspecto horrible, un gato que habla y toma el tranvía, una mujer desnuda) que van a convertir a Moscú en su campo de batalla.

El diablo lo que quiere es que lo crean: para ello se dedica a profetizar la muerte de uno de los poetas, que acontecerá inmediatamente ante su vista, decapitado bajo las ruedas de un tranvía. Será solo el principio, porque el diablo va a perseguir cómica pero ceñudamente a cada uno de los mediocres artistas que se va a ir encontrando en su camino, volviéndolos locos (el sanatorio siquiátrico se llenara de ellos). Porque las andanzas del diablo se van a describir en un contexto absolutamente realista: sus efectos son terrenales, nadie va a creer en su existencia hasta que sufran las debidas consecuencias. Solo una persona en todo Moscú, la bella Margarita, será capaz de hacer un pacto con el sospechoso profesor Voland para poder compartir su vida con un maestro, escritor de una novela sobre Jesucristo que nadie acepta en Moscú, por su evidente contenido religioso.

Y por si no tuviéramos suficiente con las espléndidas aventuras del diablo y su corte, Bulgákov incluye en la novela capítulos que relatan las últimas horas de Jesús, sobre todo su comparecencia ante Pilatos. Jesús que, por cierto, no se llama así, sino Ga-Nozri, y que no hace milagros ni nada por el estilo que conozcamos por las escrituras: el propio Ga-Nozri confiesa ante Pilatos que un loco llamado Leví Mateo lo persigue desde hace tiempo, contando una sarta de mentiras sobre él. Como se ve, hasta la historia evangélica es vuelta del revés en este prodigio de imaginación y de gamberrismo que es El maestro y Margarita. No es que nada sea lo que parece: es que el mundo vive una inmensa mentira, convertida en realidad por la vanidad y la soberbia de los hombres, que así la hacen real.

Para el lector no avisado, esta novela le parecerá estrafalaria. Y lo es hasta cierto punto: cuando parece que se ha llegado a un lugar determinado, gira bruscamente para contarnos más episodios macarrónicos en los que los humanos se ven sometidos al capricho de un diablo que no siente piedad por nadie. Inolvidable es la aparición del profesor Voland como artista de magia negra en un espectáculo de variedades, inundando de falsos billetes de diez rublos la carpa, para regocijo de los espectadores.

El profesor Voland lo único que quiere demostrar es que el hombre es pecador por naturaleza, que se encuentra bajo su influjo, aunque no lo quiera reconocer. El hombre caerá rendido bajo sus propios pecados, no porque el diablo lo incite a ello (que también lo hace) sino porque lo lleva dentro de su naturaleza. No es que solo sea una sátira de la sociedad de su época, sino que va mucho más allá: hay un sarcasmo despiadado en su forma de exponer las miserias del ser humano. Éste no cree en el diablo por su propia conveniencia, por limpiar su conciencia de ejemplar ciudadano, pero en realidad se encuentra bajo la capa de toda la fealdad que se trata de ocultar como el polvo debajo de la alfombra.

He disfrutado muchísimo leyendo El maestro y Margarita: es como un soplo de viento fresco, como un grito liberador que se ríe de todos nosotros, los hombres, delante de nuestras propias narices. Por desgracia, la estancia del diablo en la tierra se termina en un momento dado, y el lector solo puede echarlo de menos, porque un párrafo lleva a otro y cuando creemos que no podemos disfrutar más, Bulgákov nos sorprende con una nueva escena aún más desternillante, como un fondo lleno de sabiduría y talento en esta deslumbrante novela que sólo puede merecer el calificativo de genial.

El maestro y Margarita. Mijaíl Bulgákov. Debolsillo

Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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