El peso de la noche, de Jorge Edwards: la represión de los sentimientos

Portada de El peso de la noche, de Jorge EdwardsLa novela El peso de la noche del chileno Jorge Edwards es uno de los más claros ejemplos que reflejan cómo la literatura hispanoamericana se adaptó, con mayor rapidez que la española, a los tiempos modernos. Si bien su propuesta recuerda a algunas obras del siglo XIX, el autor hace un verdadero esfuerzo estilístico por conseguir la atención del lector.

El título está tomado de una cita de Diego Portales y Palazuelo, ministro de Chile en el siglo XIX, que dice así: “El orden social en Chile se mantiene por el peso de la noche“. Jorge Edwards identifica el sentido de esta cita con una sociedad chilena que considera totalmente indiferente, abúlica e inmovilista. Desde esa perspectiva, el significado del título cobra todo su sentido en el capítulo final de la novela.

En El peso de la noche, Jorge Edwards nos narra la historia de dos personajes similares y complementarios al mismo tiempo. Por una parte, tenemos a Francisco, un joven que ha descubierto el sexo y que se rebela, constantemente, contra la férrea educación jesuita que ha recibido. Por otro lado está Joaquín, tío del anterior, un completo crápula, considerado como la oveja negra y miembro desheredado de la familia que vive su vida como buenamente puede y desea. Joaquín es un alcohólico que acude frecuentemente a encontrar desahogo sexual en los burdeles de Santiago, en donde acaba enamorándose de una de las prostitutas, Irene. En ambos casos, la crítica a la encorsetada mentalidad de la alta sociedad chilena es tan acertada como feroz.

Es más, la consecuencia de la represión de los sentimientos más naturales no deja de ser una huida hacia delante en la que se busca, en los extremos opuestos de la sociedad, aquello que no es posible encontrar en la familia.

El propio Jorge Edwards ha reconocido que esta fue la primera novela importante en su carrera. La obra al completo es una gran metáfora que vuelve continuamente al tema principal: la represión. Es decir, los protagonistas buscan alternativas drásticas a su educación en prostíbulos y en ambientes poco adecuados para ellos. Sin embargo, se sienten en peligro y no terminan por estar cómodos del todo a la hora de buscar la solución a sus problemas.

El autor no opta, por lo tanto, por inclinar la balanza hacia el lado del libertinaje provocando que los personajes pudieran ser rechazados por el lector. Prefiere incidir en el aspecto psicológico y en la forma de pensar que tienen los que han sido educados de una manera muy determinada.

La subjetividad tiene una vital importancia ya que, en la mayoría de las ocasiones, son los personajes los que creen que van a poder escapar de su jaula de oro aunque no tengan el más mínimo conocimiento de lo que les espera. Sin embargo, un interminable regreso al pasado es el motor que les empuja a seguir buscando una salida al túnel en el que se encuentran.

Además, el estilo cambia dependiendo de si los protagonistas están recordando su infancia o si están intentando disfrutar de su presente. En el primer caso, se apuesta por dibujar unas escenas nebulosas que invitan a la desesperación. En el segundo, todo parece estar iluminado aunque sin olvidar nunca ese miedo visceral que atenaza a los antedichos en todo momento.

El peso de la noche puede considerarse como una guía para conocer la sociedad chilena. Lo que subyace en la novela es un intento de hacer un corte perpendicular a todas las clases sociales del Chile de la década de los 60 del pasado siglo. El recorrido es de arriba abajo por lo que resulta mucho más completo e indicado para conocer cómo los personajes, aunque vayan en sentido inverso, no dejan de sorprenderse por el rumbo de sus vidas.

Todos los factores arriba glosados convierten a la novela en una obra con doble interpretación. Tanto si al lector le interesa disponer de un mapa social del Chile del siglo XX, como si prefiere rememorar vivencias experimentadas en primera persona, El peso de la noche es una opción más que adecuada.

Además, la experiencia lectora se convierte en un viaje interior que quizá sirva para recordar cómo ha sido su vida y hacia dónde se dirige. Jorge Edwards logró con esta obra convertirse en uno de los escritores más reconocidos a nivel mundial gracias a su acertado punto de vista sobre una serie de sucesos vitales que todos, en mayor o menor medida, hemos experimentado en alguna ocasión.

El peso de la noche. Jorge Edwards. Plaza y Janés

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Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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