Isla África, de Ramón Lobo: la dualidad entre la vocación y la deshumanización

Ramón Lobo

Contar historias, yo siempre he querido contar historias (Ramón Lobo en una entrevista digital )

Y así lo hace. Lobo ha dedicado parte de su vida vocacional al periodismo de guerra, el cual le ha permitido cubrir varios conflictos e informar y describir historias in situ desde diferentes lugares. Su metodología es simple pero eficaz; pues no hay mayor verdad en una historia que la que encuentras hablando y conviviendo con las personas autóctonas.

Isla África es una novela que nace de un conflicto recurrente para el autor, el de Sierra Leona (Freetown), donde se desarrollan los hechos más importantes y trascendentales del relato, donde tiene cabida la sensibilidad y el humor crudo que incitan a la reflexión de los personajes y, por consiguiente, del lector. No es un puro documental de guerrillas africanas, pues al empezar a leer el libro vas cayendo en la cuenta que el autor no va a hablar de África en su esencia.

Uno de los elementos principales del que se alimenta la novela es la amistad. Isla África habla sobre la amistad entre dos reporteros, Sincero del Corral y Carlos Bota, el que fotografía y el que escribe. Dos almas inquietas que seconocen de manera atropellada “gracias” a la desdicha de un joven guerrillero libanés que muere enfrente de ellos y con el que consiguen conjuntamente su primer bombazo.

Por lo tanto, crece como un relato que narra las vidas profesionales y personales de ambos y nos muestra cómo hacen de su oficio un modo de vivir. Pero, ¿a qué precio? Ambos fracasan en sus matrimonios, trabajan al filo de la muerte viendo cómo mueren sus compañeros, y viven la realidad del desdichado marco periodístico actual; trabajando constantemente con límites estructurales, de posicionamiento y de espacio en el periódico donde colaboran. Tanto así que llegan a recibir el rechazo de un reportaje por ser “demasiado duro” (pág.99). Sin embargo, consiguen publicarlo en una revista italiana de renombre como un éxito. Tanto así, que el mismo periódico español que lo rechazó en un inicio llegó a pagar una gran cantidad de dinero por comprar los derechos de reproducción. El truco consistió en cambiarse los nombres: “Más de veinte años de periodismo de primera línea, yendo de guerra en guerra, de crisis en crisis, jugándome la vida por una buena historia, por una primera página, por un premio internacional para pagar la casa del Tibidabo y acabar descubriendo, un día cualquiera, al final de todo, cuando nada tiene remedio, que el error esencial, el fallo, fue mi nombre: Carlos Bota Rovira” (pág. 100) .

Otro elemento que actúa de hilo conductor a lo largo de la novela es la muerte. Si bien, los hechos se narran a raíz de la de Carlos Bota, que padece un cáncer incurable, a través de los cuadernos que éste dejó a su amigo tras su muerte. La lucha entre morir o dejar de vivir. Una simbiosis para Lobo muy presente y con la que reflexiona a través de las inseguridades de los personajes: “Dejar de vivir no resulta lo mismo que morir, es mucho peor. Creo que le sucede a bastante gente en el Primer Mundo”(pág. 49).

Con la constante presencia de la muerte, las remetidas alusiones a la religión son irremediables. No sólo el hecho de compartir el caserón de Isla África con misioneros javerianos junto a niños ex-guerrilleros es motivo de idealización al culto, pues ambos corresponsales sufren asiduamente ataques de devoción cuestionada ante la sensibilización que surge del contacto con la deshumanización del panorama guerrillero de Sierra Leona. ¿Cómo creer sabiendo que un niño come un plátano al día y jamás en su vida ha probado la carne?, ¿Cómo justificar a los mutilados la existencia de una fuerza mayor que vela por nosotros? Varias de estas cuestiones son motivo de reflexión para profesionales que por el derecho a informar sucumben a una insensibilización momentánea mientras aceptan el rol de espectador de las atrocidades de la guerra. Conseguir una exclusiva a toda costa, tomar una fotografía de la niña que está a punto de morir pero no poder salvarla, tomar la fotografía de un compañero mientras corre campo a través huyendo de las balas y obtener un reconocimiento al morir éste. ¿Dónde están los límites? Es a lo que Ramón Lobo dedica su libro, a la reflexión de los principios de cada uno, de vivir la felicidad de los momentos perdidos, donde poder encontrar un pequeño halo de esperanza.

Consejos

El primero de todos es leer el libro. A ti, que lees esto, si sientes curiosidad por este oficio tan humano y arriesgado a la vez, este es un libro con el que entenderás a través de las experiencias de un propio corresponsal algunos de los conceptos básicos de procedimiento, pero sobre todo la realidad contra la que lucha diariamente el profesional en su trabajo.

Siempre que se viaja a otro país/continente, donde existen y coexisten otras culturas diferentes o muy diversas a la propia, es fundamental entender que nosotros somos los que irrumpimos en ella. Por esta razón, no debemos intentar imponer la nuestra ya que la comunicación será complicada. Si queremos entender bien cada historia que queremos dar a conocer debemos dejar que sean los mismos propietarios de ellas quienes la escriban por nosotros primero a través de la cotidianidad. Observar, conversar y entender; los tres grandes pilares detrás de una historia sincera, verdadera y humana.

Trabajar siendo un nómada tiene sus ventajas, pero también hay que ser conscientes de los inconvenientes. Si quieres hacer del viaje tu trabajo, hay que asumir los riesgos que esto conlleva. Por ejemplo, aparcar por un tiempo la vida que conoces, las relaciones se pueden deteriorar; seguramente no lleves una vida normal como los demás. Sin embargo y, para muchos, son riesgos que asumen, y son felices porque les recompensa. No hay que tener miedo.

Isla África. Ramón Lobo. Seix Barral

Reseña de Raquel Utrera Parra. Barcelona, España

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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