Kirk Douglas, un sendero cinematográfico de gloria

kirk douglasDesde esta página me gustaría rendir mi modesto pero sincero homenaje a Kirk Douglas, que acaba de celebrar su centésimo aniversario. Junto a Olivia de Havilland, Kirk Douglas es el último superviviente de una época dorada del cine que ya no se ha vuelto a repetir. La época en la que Kirk Douglas comenzó a interpretar fue la más esplendorosa del cine, cuando en las carteleras de los cines se llenaban con los nombres de aquellos grandes actores y actrices en grandes letras mayúsculas. Ahí estaban Gary Cooper, Susan Hayward, Cary Grant, Bette Davis, James Stewart, Olivia de Havilland, Burt Lancaster, Rita Hayworth, Gregory Peck, Katherine Hepburn, John Wayne, Ingrid Bergman, Henry Fonda, Joan Crawford y tantos otros cuya sola presencia en un cartel ya era sinónimo de calidad y de éxito, porque además de excelentes intérpretes, eran estrellas, y poseían una personalidad y un carisma rutilante con el que conseguían inundar toda la pantalla.

Cuenta Kirk Douglas en sus memorias que su familia era tan pobre y su posición social tan baja que ya no podía descender más de modo que sólo podía subir y, por tanto, estaba predestinado a triunfar, contando con que cualquier mejora, por insignificante que fuese, sería para su familia un éxito. Su historia viene a ser, en cierta medida, la del sueño americano: cómo un hijo de emigrantes, sin fortuna ni gloria, fue capaz de ascender hacia esos senderos de gloria que sólo están reservados para los triunfadores.

El debut en el cine de Kirk Douglas se produjo gracias a la intercesión de su amiga Lauren Bacall, quien convenció a los productores de la Paramount para que le hicieran una prueba para el papel de El extraño amor de Martha Ivers, por el que tuvo que pugnar con competidores de la talla de Montgomery Clift o Richard Widmark. A partir de esa película, dirigida por Lewis Milestone, Kirk Douglas llamó la atención de todas las productoras y desde entonces saltó de plató en plató de la mano de los mejores directores: Michael Curtiz, Billy Wilder, William Wilder, Stanley Kubrick, Otto Preminger, John Huston, Vincent Minelli, Elia Kazan, Brian de Palma, Stanley Donen, o Joseph Mankiewicz son algunos de los nombres que acompañan a su filmografía y que causan cierto vértigo.

Desde sus primeras películas, Kirk Douglas se comía la cámara con su presencia. Su físico atlético y la cara dura y afilada, remarcada por ese característico hoyuelo en la barbilla que ha acabado convirtiéndose uno de los iconos más conocidos del cine marcan por sí solos el carácter de este actor como el de una persona sólida, difícil, indomable, férrea, inquebrantable, luchadora. Además de sus portentosas dotes interpretativas, Kirk Douglas pasará a la historia como uno de los actores que plantó cara a las tristemente célebres listas negras de Hollywood enfrentándose al hasta entonces intocable establishment que dirigía con mano férrea la industria hollywoodiense. Como productor de Espartaco, se atrevió a incluir en los títulos de crédito de dicha película a Dalton Trumbo, por aquel entonces un guionista apestado y marginado por el sistema que logró salir del anonimato gracias a gente valiente como Otto Preminger o Kirk Douglas.

Me resulta difícil decir cuáles son mis películas favoritas de Kirk Douglas, por temor a dejarme alguna. Muchas de ellas marcaron mi infancia y mi juventud, como Veinte mil leguas de viaje submarino, Duelo de titanes o Los vikingos, que para mí no dejaban ser películas de aventuras o de acción en las que, con diferentes registros, la presencia de este actor imponía y hasta acongojaba un poco. Creo que son pocos los que conocen o recuerdan el papel que hizo en El gran carnaval, de Billy Wilder, donde daba vida a un periodista corrupto y sin escrúpulos. En la lista de mis favoritas siempre estará Cautivos del mal, de Vincent Minelli, una película sobre el mundo del cine y que cada cierto tiempo vuelvo a ver sin que me canse de ella. No me olvido de las dos colaboraciones que hizo con Kubrick: Senderos de gloria y Espartaco, en la que dio vida al que tal vez sea su personaje más icónico y que, además, tiene  una cierta simbología por tratarse del film que acabó con la infame persecución de las listas negras en el cine. También me gustaría mencionar una de esas películas de las que poca gente se acuerda: Los valientes andan solos, un western completamente atípico en el que Douglas da vida a un cowboy en pleno siglo XX, que parece resistirse a cambiar. Tiene ciertos elementos que me hacen recordar a otro western también atípico: El juez y la horca, de John Huston. Esta película influyó en directores como Clint Eastwood y curiosamente, es la preferida de Kirk Douglas entre su extensa filmografía. Un papel completamente diferente pero inolvidable y cargado de genialidad fue el de Vincent Van Gogh en El loco del pelo rojo. Son muchas más las películas que podrían componer esta lista, pero teniendo en cuenta que la filmografía de Douglas abarca más de noventa títulos, no quiero cerrar sin olvidarme de otro western atípico pero cargado de genialidad, como correspondía a una película dirigida por el gran Mankiewicz; me refiero, claro está, a El día de los tramposos, una mezcla de western y humor negro en la que Kirk Douglas tiene a otro coloso de la interpretación compartiendo el cartel: Henry Fonda.

Kirk Douglas ha cumplido cien años y si vuelve la vista atrás, creo que puede sentirse plenamente satisfecho. Además de su enorme filmografía, a Kirk Douglas se le recordará siempre por ese espíritu rebelde, contestatario y valiente que para muchos se sintetiza en la película Espartaco. Además de excelente actor, defendió con ahínco la libertad dentro de su oficio porque, desde su punto de vista, la creación y el arte no podían tener barreras. Cuando recibió el Oso de Oro en Berlín dijo “No me creo un gran hombre, aunque he hecho un tremendo esfuerzo. Es lo único que se puede pedir a una persona”. No cabe duda que lo hizo y que cumplió sobradamente. Feliz cumpleaños, señor Douglas.

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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