La influencia latina en William Shakespeare

ShakespeareCuando se piensa en el escritor más emblemático en idioma inglés, léase William Shakespeare, es común asociarlo a dramáticos soliloquios y con oscuras historias de traiciones, locuras, ambiciones o desmanes. Toda una serie de pecados humanos que se cuentan de forma solemne y sobrecogedora.

Sin embargo, Shakespeare combina ese clima tan medieval que transmite en sus obras principales con otras creaciones que evocan un mundo diferente, más renacentista, irreverente en ocasiones y, sobre todo, con la ironía y el sarcasmo del humor británico. Para ello, el bardo de Avon se dejó seducir, como otros artistas ingleses de la época, por las influencias que llegaban de Italia en donde estaban en auge la Commedia dell’Arte y la recuperación de las obras clásicas de la antigua Grecia y Roma.

La comedia isabelina no desdeñó la utilización de figuras como las ninfas y situaciones en ambientes pastoriles donde convivían magia, fantasía y los más retorcidos enredos, como en el teatro latino del momento. Shakespeare utilizó estos ingredientes para escribir obras como Los dos hidalgos de Verona, La fierecilla domada, El sueño de una noche de verano o Las alegres comadres de Windsor.

De Grecia a Londres pasando por Roma

Mención especial en esta conexión entre la comedia isabelina y la comedia latina merece La comedia de los errores  (The Comedy of Errors, 1591), que está basada en la obra Los dos Menecmos (Menaechmi, entre 216-186 a. de C.) de Tito Maccio Plauto, quien, a su vez, se había inspirado en algún antiguo texto griego, posiblemente Los iguales, de Posidipo de Pela.

Así, desde la Grecia clásica hasta el escenario de The Globe, en los suburbios londinenses, pasando por la adaptación latina de Plauto, existía una íntima conexión que rompía con el escolástico mundo medieval. Conviene recordar que esa adaptación romana iba más allá de una mera traducción de los originales griegos, ya que de paso, se añadían o suprimían fragmentos que no se consideraban acordes con la visión del mundo y el sentido del humor que podía tener el público romano. Esta influencia latina no dista mucho de lo que puede hacer la industria de Hollywood cuando adapta algunas obras literarias al cine.

William Shakespeare también adaptó la obra de Plauto eliminando algunas referencias sexuales que le habrían causado serios problemas en un entorno social complicado para el teatro, ya que los políticos puritanos estaban en continua campaña para extirpar esa lacra pecaminosa de artistas y establecimientos que ofrecían un modelo moral diferente.

Sin embargo, Shakespeare compartía ciertos gustos con la comedia de Plauto; su gusto por las frases con doble sentido o las confusiones que plantean situaciones divertidas en medio historia trágica. Y como Plauto, también hacía partícipe al público de la farsa, con irónicas referencias sobre la política o las costumbres de su época.

La influencia latina en la comedia isabelina y más concretamente en Shakespeare es evidente, y no es única, ya que también otros autores como Molière, en Francia, o Lope de Vega, en España, se sintieron atraídos. Una atracción que parece ser universal por divertir al público y que continúa muy viva.

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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