La tentación vive arriba: cuando el calor acelera la imaginación

La-tentacion-vive-arriba-con-Marilyn-MonroeHagan un pequeño experimento y traten de pensar en algunas escenas míticas de las películas de Billy Wilder. Posiblemente a la mayoría de ustedes les vendrá a la cabeza el prodigioso final de Con faldas y a lo loco, con ese inolvidable “Nadie es perfecto”; o la última escena de El crepúsculo de los dioses, con Gloria Swanson bajando las escaleras con pose de diva; o el final de Perdición, con el gran Edward G. Robinson siguiendo a un moribundo Fred MacMurray hasta el ascensor; o Jack Lemmon colando los espaguetis con una raqueta en El apartamento. Aunque La tentación vive arriba no es la mejor del genial Billy Wilder, no cabe duda de que contiene una de las escenas más icónicas de la malograda y mítica Marilyn Monroe, siendo sin duda una de las escenas más recordadas en la filmografía de Billy Wilder e incluso de toda la cinematografía. Me refiero, obviamente a aquella en la que Marilyn se sitúa sobre un respiradero del metro de Nueva York y la falda de su vestido blanco se alza para deleite de su imaginativo e ingenuo vecino, interpretado por Tom Ewell.

La tentación vive arriba fue la adaptación de una obra teatral de Broadway que trató de aprovechar el éxito comercial en su versión cinematográfica. No cabe duda de que Wilder era un maestro que dominaba perfectamente los registros de la comedia (y del drama) y sabía sacar punta a los diálogos de forma brillante, entretenida y muy divertida. Parece ser que uno de los actores que participó en el casting fue un por entonces desconocido Walter Matthau, quien con posterioridad participó en algunas de las comedias más memorables de Billy Wilder, como En bandeja de plata, La extraña pareja o Primera plana. Pero aunque finalmente el papel fue a parar a Tom Ewell, el mismo actor que representó la versión teatral durante más de tres años y que le valió un premio Tony y que, lógicamente, supo darle un toque perfecto a su papel en el cine por el que, además, obtuvo un Globo de Oro. Sin embargo, la película está pensada para el lucimiento de su protagonista femenina, la estupenda Marilyn Monroe, quien interpreta a la ingenua vecina de Tom Ewell que, como él, trata de luchar contra el insoportable calor del verano en Nueva York.

La película comienza con una especie de definición de lo que aquí conocemos como “los Rodríguez”, es decir, hombres que se quedaban solos en la ciudad, trabajando mientras sus respectivas familias se iban de vacaciones. Esa soledad es cínicamente interpretada de un modo un poco liberador, pues, si bien aquellos hombres se quedaban solos en sus casas, se sentían libres para salir a divertirse, emborracharse e incluso tratar de seducir a las chicas jóvenes que quedaban en la metrópoli. En este caso, el protagonista masculino, trata de luchar contra la tentación a la que parecen sucumbir muchos de sus amigos y compañeros de trabajo que, como él, se han quedado “libres” en la gran ciudad. Tom Ewell nos presenta a un personaje con una imaginación desaforada y acaso incrementada por el fuerte calor y, por eso, cuando conoce por accidente a su vecina (se le cae una maceta del piso de arriba) y la invita a su casa, no cesa de imaginar situaciones en las que Marilyn se rinde a su encanto, totalmente seducida por él, algo que, evidentemente, solo sucede en su calenturienta imaginación. La tentación vive arriba tiene personajes muy cómicos, como el que interpreta Oscar Homolka, que interpreta a un psicoanalista cuya sola aparición es una parodia en sí misma. La película también tiene algunas parodias de escenas de otras películas míticas, como la famosa escena de la playa con Burt Lancaster y Deborah Kerr en De aquí a la eternidad.

La película trata de adoptar un tono picante, sin duda fue bastante tamizado por la censura, que junto con la agobiante sensación de calor que impregna toda la película (hay varias referencias al aire acondicionado, ventiladores, y bebidas frías) le da un tono frívolo pero muy divertido. Las escenas de Marilyn y Ewell en el piano, por ejemplo, son memorables. Con todo y con eso, en el imaginario de los espectadores permanecerá siempre la escena en la que Marilyn nos enseña sus muslos mientras lanza una risa ingenua pero contagiosa, que nos pone de muy buen humor.

La tentación vive arriba es una de esas películas que nos trae a la memoria el verano y el calor, pero que también nos recuerdan la llegada de las vacaciones y, en ciertos casos,  aquellas personas que, lejos de tener un merecido descanso, permanecen en sus ciudades, trabajando mientras tratan de luchar contra los perniciosos efectos del calor. Tanto para los que se van como para los que se quedan en verano, vaya dedicada esta entrada. Aunque eso sí, por muy soñadores que sean los que se queden, será muy difícil que lleguen a encontrar a una mujer tan encantadora como Marilyn en el piso de arriba… O tal vez sí.

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad
de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante
(2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma
de John Wayne (2011, premio Castillo-
Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio
Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio
Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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