La torre de marfil. Henry James

El 17 de diciembre de 1909 Henry James elabora un primer esbozo de lo que pretende ser su próxima novela, protagonizada por una viuda de 35 años dueña de una modesta fortuna pero que espera heredar de su suegra, que le pasa la misma pensión que en vida pasaba a su marido. En estas notas, James tiene claras tres ideas: el comportamiento de la dama respecto al dinero que acumula y la posibilidad de un futuro matrimonio; que el argumento le da solo para una novela corta y que la estructura de la obra se dividirá en actos y escenas. Es el germen de la novela que después titulará La torre de marfil (The Ivory Tower). Un mes después tomara más notas, que ya comienzan a diferir de la idea inicial, y luego…llega la depresión.

La torre de marfil es una de las dos novelas que dejó James inacabadas a su muerte. Posiblemente en otras condiciones la hubiera terminado, puesto que, como veremos, el argumento lo tenía muy desarrollado y solía avanzar en sus textos con bastante facilidad. Pero una serie de circunstancias, unidas a su edad y al deterioro físico sufrido por varias enfermedades, impidieron que continuara su labor. La primera circunstancia adversa se llamó Edición de Nueva York.

Como señalamos en una reseña en estas páginas, La Edición de Nueva York vino a constituir sus Obras Escogidas, publicadas entre 1907 y 1909 en Estados Unidos para las cuales reescribió muchos de sus textos más conocidos y preparó unos detallados prefacios que son una joya para quienes se acerquen a la obra de James. En la preparación de este proyecto invirtió cuatro años de su vida y, sobre todo, puso todas sus expectativas en cuanto a recuperar un éxito que le había sido esquivo durante décadas. Por desgracia no fue así y la Edición de Nueva York pasó prácticamente desapercibida para crítica y lectores, lo que en última instancia le supuso caer en un fuerte estado depresivo que lo mantuvo postrado durante más de un año, justo después de haber comenzado a anotar ideas para La torre de marfil.

Fue una visita de su hermano William a su casa de Rye la que lo ayudó a superar la enfermedad, llevándoselo a Estados Unidos para que se recuperara. La mala suerte quiso que fuera el propio William el que muriera una semana después de arribar, pero para entonces Henry parecía haber retomado el ánimo de escribir.

Describimos las circunstancias que rodearon la composición de la novela porque son tan importantes como la propia obra: posiblemente no la hubiera retomado si no hubiera mediado una carta, en septiembre de 1912 de su editor Charles Scribner en la que le confesaba que “lo que mueve mi interés es el haber oído que tenía en mente una ambiciosa novela americana”. Para hacerse con los derechos de la futura novela le proponía un acuerdo económico muy ventajoso: un importe de 8.000 dólares, cantidad en aquella fecha muy elevada y que James no había recibido jamás por una obra suya.

Resulta conmovedor que el escritor se pusiera a regatear acerca de las regalías, a las que no quería renunciar, cuando lo que había recibido por este concepto tras un año de la Edición de Nueva York eran 211 dólares. Nunca supo que tras la suculenta propuesta económica estaba Edith Wharton que, ella sí, cedió parte de las regalías de La casa de la alegría, que estaba teniendo un rotundo éxito, por tal de atraer de nuevo a su amigo Henry James al terreno de la ficción. Finalmente, en la primavera de 1914 comenzó la redacción de su novela americana, dictándola –como venía siendo habitual desde hacía años- a su secretaria Theodora Bonsaquet.

Centrándonos ya en La torre de marfil nos encontramos ante una obra que por su carácter inacabado impide una visión completa de lo que podría haber sido. No obstante, James escribió tres de los diez libros que tenía proyectados y nos deja ver el estilo y la concepción de la novela, que suponemos no variaría con el tiempo.

Como él quería, la novela es puramente americana en el sentido de contraponer el carácter de los estadounidenses a los que se han criado en Europa, lo que se ha venido llamando, en su caso, el tema internacional. En este y otros muchos sentidos, La torre de marfil tiene ciertas concomitancias con La copa dorada. No obstante advertimos a los seguidores de Henry James que los tres libros escritos, que abarcan unas 200 páginas, son una delicia que prolonga el virtuosismo narrativo que demostró en Los embajadores, Las alas de la paloma y la referida La copa dorada. En esencia no varía mucho de estas obras, presentando ese estilo profundo, serpenteante, digresivo y en ocasiones farragoso de su última producción.

El argumento de la novela lo conocemos más por las notas que dejó escritas –en las que recoge con minuciosidad la mayoría de las “escenas” de la obra- que por lo que puede leerse en el texto conservado. La novela transcurre en Newport, centro de vacaciones de los neoyorquinos y bostonianos, donde se encuentra Rosanna Graw, una mujer soltera de 38 años, que acompaña a su padre, un anciano millonario que parece sumido en una fuerte depresión y que lo que realmente está haciendo es esperar la muerte de su antiguo amigo y después rival Mr. Betterman, que yace enfermo en el interior de su villa.

En esa especie de venganza que Mr. Graw espera obtener con su supervivencia respecto al hombre con el que tuvo negocios, entendemos que algo sucios, hay ya un espíritu americano de revanchismo centrado en lo económico. De hecho, James quiere hacer recaer el peso de la trama en el dinero que -entiende- es el motor de la cultura americana. Para ello se vale de Graham Fielder, un hombre de 35 años, hijo de su hermanastra, que se ha educado en Europa después de que su madre viuda encontrara en Alemania el hombre con el que quiso volver a casarse. En su momento, Mr. Betterman, movido siempre por su fortuna, quiso “comprar” a su sobrino, ofreciéndole una estancia en Estados Unidos donde le procuraría todas las satisfacciones para que fuera su heredero en los negocios. Será el propio Graham Fielder el que se mantenga fiel a su madre y su padrastro y se niegue a volver a Norteamérica.

El nudo dramático surge porque en su momento fue Rossana Graw, de viaje con su madre por Europa, la que convenció a Graham para que se quedara en suelo europeo, y ante la inminente muerte de Mr. Betterman consigue que a éste se le ablande el corazón y llame en estos postreros instantes a su sobrino para hacerlo heredar su fortuna. Precisamente la novela comienza cuando Graham llega a Newport, sin saber que Rossana ha sido su valedora ante su tío.

Hay otros personajes que están de vacaciones en Newport: una millonaria superficial y algo chismosa; una joven que conoció a Graham en Europa y coqueteó con su padrastro y un amigo de Graham, Horton Vint, que cuando eran adolescentes salvó la vida de su entonces compañero de estudios y que se encuentra imbuido en plena cultura norteamericana, es decir, es ambicioso y amable.

El primer libro está reservado a Rossana Graw como introductora de lo que acabamos de referir; en el segundo libro asistimos a las andanzas de Graham tras su desembarco, al breve reencuentro con su tío y a la muerte de éste y de su rival Mr. Graw, de manera que tanto Graham como Rossana reciben una fortuna que deben gestionar.

Será en el tercer libro cuando Graham, que se ve incapaz para los negocios y tiene una baja estima sobre sí mismo, pida ayuda a su enérgico amigo Horton Vint para hacerse cargo de la herencia como una especie de apoderado con las manos completamente libres. En el inicio del cuarto libro parece que la acción se va a centrar en Cissy Foy, la coqueta amiga que Graham conoció en Suiza y que se encuentra enamorada de Horton pero, tras comenzar el segundo capítulo, la novela se interrumpe definitivamente.

Gracias a las amplias notas que James tomó antes de comenzar la novela sabemos que Horton Vint traicionará la confianza de su amigo Graham, que Cissy jugará con los sentimientos de los dos hombres y que la ya millonaria Rossana Graw aparecerá como colofón para, posiblemente, salvar al pobre Graham de su decepción. Aunque parece el desarrollo lógico de la trama, estas son meras especulaciones por cuanto James solía enriquecer sus primeras impresiones con escenas que, mientras redactaba sus novelas, creía adecuadas para el equilibrio argumental, y sobre todo, para las simetrías que tanto le gustaban.

Naturalmente la novela es mucho más rica en matices de lo que pueda parecer en este breve resumen, pero la acción realmente no va mucho más allá de como la he presentado. Como ocurriera con sus últimas novelas, los personajes de James no se mueven, sino que permanecen estáticos en salones, terrazas o, a lo sumo, paseándose por el campo, y lo único que hacen es hablar y hablar, y a través de los diálogos, conocemos sus intenciones y una idea general de por dónde se mueven. La torre de marfil adolece de esa característica tan jamesiana de la digresión, que él elevó a la categoría de arte. Los personajes se pierden en meandros discursivos en los que parecen no llegar a nada aunque, cuando finalizamos varios capítulos, parece milagrosamente que la trama sí se hubiera movido y somos más bien nosotros los que nos hemos quedado anclados en las meras palabras.

Insisto en que este estilo deriva directamente de su forma de redactar las novelas, dictándolas a una secretaria, y quienes conocemos a James nos predisponemos a este estilo oral de forma que más bien escuchamos la novela, no la leemos. Desde luego, quien trate de seguirla como si fuera una narración tradicional pierde el tiempo, y si en Los embajadores o Las alas de la paloma se alzan dificultades de comprensión para el lector medio, en La torre de marfil este impedimento es prácticamente insalvable.

Tomo como muestra a los propios personajes de James, que en ocasiones tienen que preguntarle a su interlocutor qué demonios les está tratando de decir. Por ejemplo, el tercer libro comienza con la conversación entre el heredero Graham y su antiguo compañero, el ambicioso, Horton Vint, en la que el primero trata de convencer al segundo para que se haga cargo de su fortuna. Después de 30 páginas de interlocución casi angustiosa, el americano Horton le increpa a su amigo:

-¡Pero, hombre del demonio, lo que estás haciendo es justo lo contrario! Llevo media hora aquí contigo y no me has dicho prácticamente nada.

Y es cierto: después de unas 9.000 palabras, Graham no le ha dicho prácticamente nada a Horton, y aquél debe volver a comenzar para que al menos éste –que no necesariamente los lectores- se entere de lo que pretende.

Es curioso que en esta novela James quisiera cambiar su opinión acerca de sus compatriotas cuando había defendido una determinada postura a lo largo de su carrera: hasta entonces los norteamericanos eran seres bastante inocentes que sufrían la corrupción propia de un continente mucho más experimentado como es Europa. Sin embargo, en La torre de marfil pretendió mostrarnos la rapiña de los estadounidenses en contraposición con una cierta “inocencia” de la mente europea en cuestión de dinero, puesto que en Europa quien nace pobre parece tener pocas posibilidades de devenir millonario, y si se encuentra repentinamente con una fortuna en sus manos, no sabe qué hacer con ella. Esta es la “tesis” de la novela, aunque naturalmente la sutileza habitual de James la matizaría todo lo matizable si la hubiera acabado.

Al contrario de lo que se piensa, no fue la muerte del escritor la que interrumpió la redacción sino un hecho acaso más penoso: la irrupción de la Gran Guerra. Sabemos que comenzó a escribir la novela en la primavera de 1914, que los tres libros que finalizó los redactó en apenas cinco meses, y que en agosto de ese año interrumpió su proyecto cuando Gran Bretaña entró en el conflicto, un hecho que paralizó a James y lo sumió en una nueva depresión. Es cierto que poco después reanudaría tímidamente su labor literaria, pero ante la nueva y horrible situación no tenía sentido continuar con una historia como la que recoge en La torre de marfil; de repente se había quedado anticuada. El mundo del escritor de 71 años ya no tenía cabida en la realidad: en apenas unos días de conflagración, había caducado.

La torre de marfil. Henry James. Pre-Textos.

Reseñas sobre Henry James en Cicutadry:

Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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