El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano: la memoria fragmentada

Portada de El libro de los abrazos, de Eduardo GaleanoEn El libro de los abrazos, Eduardo Galeano demuestra ser uno de los grandes autores de la literatura hispanoamericana. Fiel a un estilo único, es capaz de dar cabida en la misma obra a la prosa y a la poesía, al cuento, a los aforismos, o a meras reflexiones. Es por ello que este libro convierte sus páginas en una obra prácticamente inclasificable. O, si se prefiere, perfectamente clasificable, pues los textos de Eduardo Galeano se convierten en este peculiar libro también en palabras de todos sus lectores, pues, como el título de la obra ya adelanta, este libro es un abrazo directo al corazón de las personas que se acercan a él y para ello Galeano invoca lo que mejor conoce: su propia memoria, los recuerdos, la experiencia vivida.

Por tratarse de una recopilación de textos breves, El libro de los abrazos puede ser saboreado como la poesía, a pequeños sorbos, unas veces melancólicos y amargos, pero casi siempre llenos de emoción, pasión y ternura, que es lo que Galeano siente por el ser humano -el centro de toda su obra- ese ser “sentipensante” capaz de lo bueno y de lo malo, de hacernos reír a carcajadas pero también de despertar en nosotros nuestros peores sentimientos.

El pensamiento de Galeano ha sido, a lo largo de toda su obra, siempre comprometido y crítico, lo que ha demostrado plenamente en su vida con su compromiso político (que le llegó a costar la expulsión de su país natal, Uruguay) también patente en su obra, por ejemplo en Las venas abiertas de América Latina o en Memoria del fuego, donde hace un repaso de la historia hispanoamericana. La magia de El libro de los abrazos tal vez radique en la delicadeza de su prosa, en cómo el autor envuelve deliciosamente cada palabra de una forma directa e incisiva, siendo capaz de mezclar ideas muy heterogéneas sin necesidad de recurrir a rodeos innecesarios, con una economía de medios admirable. No en vano, Galeano siempre fue un firme opositor de la “inflación palabraria”, tal y como él mismo la denominaba. Las ideas agridulces que encontramos esparcidas en El libro de los abrazos tienen que ver en parte con el amor que siente por su patria Uruguay pero sobre todo, como ya he comentado, con su memoria.

Las heterogeneidad de las historias que Eduardo Galeano nos relata en El libro de los abrazos queda implícita en la variedad de situaciones y vivencias narradas, a veces utilizando la primera y otras la tercera persona; en su mayoría se tratan de anécdotas muy cercanas a él, relatadas con el ímpetu de quien las asume con verdadera pasión; también encontraremos historias que dan cabida a una fantasía conmovedora, pero por momentos desgarradora como la vida misma. La imaginación se entremezcla con la realidad con tanta destreza, que no siempre es fácil distinguir si los hechos narrados sucedieron verdaderamente, aunque paradójicamente rezumen verdad por los cuatro costados.

Entre los asuntos a los que canta El libro de los abrazos podemos encontrarnos la memoria y el olvido, el exilio y el amor, la política y los problemas sociales y, por supuesto, la libertad, esa utopía que a veces uno cree rozar pero que, como el horizonte, nunca alcanza, pero que jamás conviene perder de vista, pues conforma el mayor estímulo para seguir caminando. Un camino que lleva hacia un mundo nuevo, un mundo que vive debajo de este mundo, un mundo que el autor anhela y que se respira al término de cada uno de los textos de esta obra, de los que a continuación reproduciré un breve muestrario:

Algunos son de un lirismo extraordinario:

La ventolera

Silba el viento dentro de mí.

Estoy desnudo. Dueño de nada, dueño de nadie, ni siquiera dueño de mis certezas, soy mi cara en el viento, a contraviento, y soy el viento que me golpea la cara.

Otros nos recuerdan con amargura las realidades políticas sobre las que el autor se pronuncia de forma crítica:

Mapamundi /I

El sistema: Con una mano roba lo que con la otra presta.

Sus víctimas: Cuanto más pagan, más deben. Cuanto más reciben, menos tienen. Cuanto más venden, menos cobran.

También nos trae otros textos cargados de belleza, en los que se habla del amor como una sublimación:

El diagnóstico y la terapéutica

El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas. A los enfermos, cualquiera nos reconoce. Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche por los abrazos, y padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces.

El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quiéreme, como al descuido, en el café o en la sopa o en el trago.

Se puede provocar, pero no se puede impedir. No lo impide el agua bendita, ni lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada.

El amor es sordo al verbo divino y al conjuro de las brujas. No hay decreto del gobierno que pueda con él, ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados, infalibles brebajes con garantía y todo.

Y otros textos son bellísimos recuerdos de amistades que sobrepasan a la muerte:

Cortázar.

Con un solo brazo nos abraza a los dos. El brazo era larguísimo, como antes, pero todo el resto se había reducido mucho, y por eso Helena lo soñaba con desconfianza, entre creyendo y no creyendo. Julio Cortázar explicaba que había podido resucitar gracias a una máquina japonesa, que era una máquina muy buena pero que todavía estaba en fase de experimentación, y que por error la máquina lo había dejado enano.

Julio contaba que las emociones de los vivos llegan a los muertos como si fueran cartas, y que él había querido volver a la vida por la mucha pena que le daba la pena que su muerte nos había dado. Además, decía, estar muerto es una cosa que aburre. Julio decía que andaba con ganas de escribir algún cuento sobre eso.

Pero independientemente de las múltiples temáticas abordadas en El libro de los abrazos todas las historias de tienen un denominador común: son recreaciones constantes de la realidad a través de los ojos claros de su autor, donde nos muestra su disconformidad con los dogmas y los preceptos, donde denuncia las contradicciones y paradojas de la vida sin realizar ataques demasiado agresivos, dejando que sea el propio lector quien saque sus propias conclusiones. Alta literatura para mentes inquietas.

El libro de los abrazos. Eduardo Galeano. Editorial Siglo XXI

 

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad
de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante
(2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma
de John Wayne (2011, premio Castillo-
Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio
Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio
Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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