Minnelli en Rojo

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Minnelli es uno de esos directores que todo el mundo conoce, pero al que pocos suelen recordar en un primer momento cuando hablamos de los grandes cineastas. El volumen de su obra está lleno de películas emblemáticas y es conocido como autor de los musicales americanos más famosos, pero era mucho más que un director de musicales, un género que siempre se ha considerado menor y que él consiguió aupar hasta las más altas cotas de genialidad.

Su obra está plagada de melodramas incontestables, rotundos , sensibles y sus comedias eran de una ligereza casi etérea, elegantes y divertidas como pocas. Su puesta en escena inundaba la pantalla y nos hacía soñar porque, en definitiva, eso es cine.

Era un autor que sabía moverse en todos los géneros, y su sentido de la estética está presente en su obra como un sello de garantía.

El color, el cromatismo existente en el cine, parece haberse creado especialmente para él. Nadie ha jugado de esa forma, dejando como hacen todos los grandes su impronta a través del “ Rojo Minnelli “. Esa era su carta de presentación, su marca: creo adivinar que ese rojo tenía el sentido que tienen en las películas de Hichtcock sus apariciones. En escasas ocasiones utilizó el blanco y negro pero cuando lo hizo fue para dejarnos dos grandes obras maestras Madame Bovary, adaptación de la obra de Flaubert que aun no ha sido superada y Cautivos del mal una de las mejores películas que se han hecho sobre cine dentro del cine, atreviéndose a mostrar la cara menos amable de Hollywood, tema que volvería a retomar con una visión aun más amarga en Dos semanas en otra ciudad.

Comenzó su andadura profesional como aprendiz de dirección artística en Broadway pasando por todas las categorías de diseño, incluida la de vestuario, hasta convertirse en director teatral donde se ganó el respeto de la crítica con sus arriesgadas innovaciones en luminotecnia y puesta en escena.

Sus triunfos en Nueva York fueron el trampolín a Hollywood, donde comenzó a trabajar para la Metro, dirigiendo los mejores musicales gracias al gran productor Arthur Freed, que siempre colaboró con Minnelli.

Le proporcionó a los mejores actores de la época la oportunidad de desarrollar papeles en los que brillaban con luz propia. Hasta tres veces repitió con Kirk Douglas consiguiendo la que para Douglas es su mejor interpretación , el personaje de Van Gogh en El Loco del Pelo Rojo y compartiendo ambos la decepción cuando el Oscar que tanto ansiaban les fue esquivo.

Recordemos a Gregory Peck en Mi desconfiada esposa, en un papel de comedia inusual en él , nunca estuvo más divertido, o a Shirley McLaine en Como un torrente, cuya actuación nos encogió el corazón a todos en este estupendo melodrama y así hasta volver a los musicales donde Judy Garland, Gene Kelly o Fred Astaire pudieron contribuir con su arte a fabricar muchos de los mejores musicales que se han hecho en la historia del cine.

Minnelli era uno de los grandes, con un sentido de la estética inigualable y con un amor secreto: el del Rojo, que siempre aparecía en los momentos oportunos en el sitio perfecto. Minnelli y su “Rojo” irán siempre unidos.

 

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