Miss Lonelyhearts. Nathanael West: Directo al corazón

092.MissHay un cierto grado de brutalidad en la vida real: algo tan descarnado, tan triste, que da hasta risa, esas lágrimas insospechadas que se derraman por no llorar de verdad. Miss Lonelyhearts (1933) es una novela grandiosa, una obra maestra, un libro para morirse de risa, porque su enfoque sobre la vida es tan miserable, tan mezquino, que sólo cabe reírse por no acabar reconociendo que esa vida que presenta es, precisamente, la nuestra, la que vivimos todos los días.

Nathanael West (1903-1940) fue un escritor casi secreto, “el más perdido de la generación perdida”, un autor que supo reflejar la realidad con un detalle de entomólogo. No hay épica en sus pocas novelas, no hay grandiosidad ni historias que den brillo a la doliente humanidad. Miss Lonelyhearts es una pequeña esquirla en la vida cotidiana de una comunidad de pequeños fracasos y pequeñas victorias, una esquirla que hiere con su puntiaguda verdad pero que sólo levanta la piel, sin apenas sangrar.

La novela habla de la compasión, de la soledad, de la desgracia de unos seres abocados a atravesar una vida mediocre. ¿Y quién no vive una vida mediocre? ¿Quién no entiende que sus pequeños problemas son grandes problemas de la humanidad solamente porque le ocurren a él o a ella, y a nadie más? Por eso, en los años 30 del siglo pasado, como ocurrió después en las tardes radiofónicas o actualmente ocurre en muchas revistas, es necesario que haya una Miss Lonelyhearts que atienda esa demanda de piedad de la gente, que dé consejos, que aporte un poco de atención en las vidas invisibles que se ahogan en su propio vaso de agua.

El Miss Lonelyhearts que nos presenta Nathanael West es el hijo de un pastor baptista, un puritano de Nueva Inglaterra, cuya vida no difiere demasiado de la de sus atribulados lectores. Todos los días recibe decenas de cartas pidiéndole unas palabras de consuelo: Corazón Roto, Harta de Todo, Desesperada, Desilusionada con Marido Tuberculoso necesitan esa pequeña ayuda para seguir viviendo, para sentirse acompañadas por la concisa atención de una persona anónima que comprende sus vidas y responde en pocas palabras a la ilusión casi perdida que sólo encuentra una tabla de salvación en una carta, en una breve y miserable carta en espera de respuesta.

¿Pero quién contesta a las demandas del Miss Lonelyhearts? Sabemos que lleva una vida frugal, casi espartana. Que es amante del orden hasta lo maniático, que tiene una novia que no le deja sobrepasarse en sus impulsos sexuales, y que es un pobre ingenuo que tiene que aguantar las continuas bromas de su jefe de redacción. ¿Hay esperanza para el Miss Lonelyhearts del Post Dispach de Nueva York? Él cree saber la respuesta, debe haber un Miss Lonelyhearts de los Miss Lonelyhearts: Dios. A Cristo se encomienda cada vez que se enfrenta a la correspondencia diaria, a su mensaje de amor universal. ¿A quién se va a encomendar si no? ¿Quién lo puede ayudar frente a la realidad descarnada? Sólo la irrealidad, el más allá, lo invisible que vela por nosotros desde su indescifrable altura.

La novela plantea un dilema irresistiblemente atractivo: ¿cuánta realidad somos capaces de aceptar? ¿Se puede vivir en medio del dolor humano y salir indemne? No es el problema del Miss Lonelyhearts de Nueva York: es el problema de todos nosotros. ¿Podemos asimilar la desgracia de un mundo mal hecho? ¿Es una opción ética mirar hacia otro lado mientras miles de seres sufren a nuestro alrededor, o es simplemente una opción realista? Miss Lonelyhearts no sabe contestarse a esta pregunta, y finalmente sucumbe a esa realidad diaria que le acorrala: recibe una carta de una admiradora, pidiéndole una cita, porque no es capaz de plasmar en unas pocas líneas toda su desgracia. Él cede, por una vez, a entrar en el otro lado de la realidad, a vivir en su propia carne la demanda de ayuda que sólo conoce en el papel.

Ella es una mujer malcasada con un tullido que le da mala vida. Necesita hablar, contar su vida, compartir su dolor. Y Miss Lonelyhearts sucumbirá ante esa petición descabellada. Una realidad ahogará la otra, a su verdadera vida: la de un periodista que se limita a dar consejos a la gente, sin más fin que aumentar la tirada de su periódico, sabiendo que su trabajo se lo toman a broma los demás compañeros. Pero para sus lectores no es así: ellos se lo toman en serio. Su trabajo no es realmente una broma, y él se ha convertido en su propia víctima.

Miss Lonelyhearts es una novela profundamente compleja, porque en ella no existe el límite entre la realidad y la ficción. Lo que le ocurre a los demás no deja de ser una ilusión en nuestras vidas, algo ajeno, que miramos con cierto desinterés mientras seguimos realizando nuestras tareas diarias. Hay dos vidas en nuestras vidas: la nuestra, la real, la que hacemos todos los días, y la otra, la de los demás, que puede presentar mayor o menor interés, pero que no tiene por qué perturbarnos más allá de una simple atención. Cuando cruzamos esa delgada línea, empiezan las dificultades, los dilemas morales, la incomprensión. ¿Se puede estar al lado de los demás? ¿No es un peso insoportable para una simple persona? Miss Lonelyhearts es una buena novela para resolver estos interrogantes. Lo hace callada, subrepticiamente, y al lector sólo le queda enfrentarse a ellos tras cerrar el libro, satisfecho de haber leído una novela que sin sentimentalismos ha llegado directo a su corazón.

Miss Lonelyhearts. Nathanael West. Debolsillo.

Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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