Pioneros

Griffith Birth

Es una verdadera lástima que en pleno siglo XXI, el cine parezca un arte cada vez más reducido a experimentar e innovar efectos especiales, a realizar secuelas, precuelas y remakes de éxitos comerciales, y a la aparición constante y casi obligada de jóvenes actores que viven una verdadera explosión de fama efímera, desapareciendo con la misma facilidad con la que llegaron a las pantallas.

Pero no debemos olvidar que hace poco más de 100 años que este arte se instaló en nuestras vidas y que ya, diez o quince años después, estaban cimentados los cánones cinematográficos que se han seguido manteniendo durante décadas convirtiendo las pantallas en ese imán que atraía a millones de personas desde sus inicios.

La labor que directores de la talla de David W. Griffith, Von Stroheim o Einsestein desarrollaron en aquella primera época es lo que hizo que el cine se convirtiese en el Séptimo Arte.

En estos pioneros encontramos toda la esencia de la cinematografía y sin embargo, algunos más que otros, han caído en el más absoluto olvido y, lo que es peor, ya en vida fueron marginados, considerados anticuados o megalómanos y acusados de no adaptarse a la industria en ciernes incluso antes de la llegada del sonoro.

Las películas de estos genios poseen una riqueza visual y narrativa de la que han bebido los posteriores cámaras y directores que ahora tanto admiramos y reverenciamos como los grandes maestros, pero se olvida con facilidad que antes estuvieron otros artistas que innovaron, visualizaron y crearon un lenguaje desde los años 15 al 25 del pasado siglo creando el germen y la esencia de la que posteriormente se ha nutrido la industria.

Directores de culto como Orson Welles, fotógrafos innovadores como Greg Toland son admirados como creadores de imágenes y encuadres que revolucionaron el cine de los 40 y, sin embargo, muchos de ellos pueden reconocerse fácilmente en Einsestein veinte años antes. La narración, los movimientos de masas, la espectacularidad de las imágenes entrelazadas con secuencias intimistas y de una concisión y sensibilidad extrema, la encontramos ya en Griffith desde el comienzo de la industria.

Sin desmerecer la labor maravillosa de los directores, actores, productores y técnicos que tomaron las riendas del cine sonoro y contribuyeron al desarrollo de este arte, no deberíamos olvidar que antes de la década de los 30 se hacían películas y debería ser obligatorio la revisión de estas producciones cuyo mayor mérito para los actuales amantes del cine es que sin sonido pueden transmitir en una sola secuencia más emociones que muchas de las películas que actualmente se producen.

El llamado “cine mudo”, está repleto de obras impactantes y maravillosas, películas como Intolerancia, El Nacimiento de una Nación y posteriormente, Avaricia, Napoleón, o El Acorazado Potemkin, deberían formar parte de cualquier filmoteca a la misma altura que el cine sonoro y por desgracia son difíciles de encontrar y mucho menos de su revisión en pantallas grandes, cuando son la esencia del arte que tanto amamos los cinéfilos.

No deberíamos nunca olvidar que el cine existe desde casi el principio del siglo XX y que esas obras tanto americanas como europeas y todos aquellos hombres que las hicieron posibles, son la base para que el público actual pueda ponerse delante de una pantalla.

Para todos aquellos genios, aquellos pioneros que se atrevieron con una cámara a contarnos historias maravillosas, mi más rendido homenaje y admiración.

 

Acerca de María José

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