La película Senderos de gloria. Stanley Kubrick. 1957.

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Senderos de gloria (Path of Glory, 1957) es de esas películas cuya primera visión no deja indiferente a nadie. Aparte de ser uno de los pocos filmes que se han rodado con solvencia sobre la Primera Guerra Mundial, utiliza como elemento fundamental de su interés el potencial abuso de poder de la jerarquía militar y la intrascendencia de la vida de los soldados frente a la supuesta superioridad intelectual de los mandos, en particular de los generales, cuyas decisiones son inapelables a pesar de ser tomadas normalmente lejos del frente de batalla.

Este alegato contra el estamento militar se amolda acertadamente en el contexto de la Gran Guerra por cuanto ésta fue pródiga en errores estratégicos de bulto y especialmente dura respecto a sus consecuencias en número de vidas sacrificadas. Al contrario de otras producciones más o menos edulcoradas como Adiós a las armas o El Sargento York, Senderos de gloria no se para a la hora de mostrar la crudeza propia de aquel conflicto, no tanto siendo crítica desde una perspectiva pacifista como denunciando el aparato burocrático sobre el que se organizó esta guerra y las sucesivas que acaecieron a lo largo del siglo (de hecho, Kubrick volvió a utilizar este tema en Teléfono rojo, aunque con un enfoque muy diferente).

Basado en una olvidada novela del norteamericano Humphrey Cobb publicada 22 años antes, el proyecto fue concebido por Kirk Douglas, aparte de la evidente intencionalidad señalada, como una historia repleta de posibilidades cinematográficas que, conforme fue creciendo el guion, devino en un vehículo de lucimiento para sus dotes interpretativas.

Si bien Senderos de gloria -en Hispanoamérica, La patrulla infernal– es una incuestionable obra maestra cinematográfica, a mi entender la mano de Douglas cargó demasiado las tintas en el maniqueísmo de la historia hasta alcanzar ciertas dosis de inverosimilitud que el excelente trabajo de Stanley Kubrick pudo disimular. De hecho, en la narración de Cobb el personaje que interpreta Kirk Douglas (el coronel Dax) sólo interviene en la primera parte de la novela, siendo otro personaje, el capitán Etienne (que no existe en el guion), quien defiende a los acusados en el consejo de guerra. A su vez, el comportamiento rematadamente perverso del general Mireau es mucho menos enfático en la novela y, dentro de una mayor complejidad, más cercano al cinismo del general Broulard, por cierto, magistralmente interpretado por Adolphe Menjou. Por último, en la novela se muestra una corrupción generalizada en el ejército, que en el film queda limitada a los mandos militares.

Hay que indicar que Kubrick, a pesar de aparecer acreditado, tuvo muy poca influencia en el guion, lo que tal vez le dio mayor libertad para desarrollar en rotundas imágenes la áspera truculencia de una historia en muchas ocasiones brillante pero cuyo substrato no deja de ser una crónica de héroes y villanos.

Sobre este guion, Kubrick hace un planteamiento original y renovador que se adapta perfectamente al objeto de la narración. Para ello divide la película en seis grandes escenarios: el palacio donde los generales toman las decisiones, las trincheras, el combate, el consejo de guerra, la celda donde esperan los condenados y los fusilamientos, a lo que Kubrick añadió de su propia cosecha el final en la cantina, de una poesía desconcertante en una película de estas características.

Para cada escenario reserva un tratamiento diferente. Cabe resaltar la audacia con que Kubrick acometió semejante tarea y el desparpajo que muestra adecuándose a cada situación. Así, el salón del palacio donde departen los generales está tratado con una lente angular que junto a movimientos de cámara que, en el mismo plano-secuencia, pueden pasar del plano medio al plano general de la estancia, acercan y alejan a los protagonistas del espectador de acuerdo con la trascendencia del diálogo que mantienen y, al mismo tiempo, del alejamiento o acercamiento de actitudes entre ellos.

Secuencia: La decisión

En las trincheras, Kubrick comienza a usar de forma sistemática el travelling de avance y retroceso acompasado con los movimientos de los personajes. Una vez visto el film, podemos pensar que se trataba de algo natural, pero en aquel tiempo esa forma de utilización del travelling era muy audaz, y la angostura y la claustrofobia de los pasillos de las trincheras tomaron así un protagonismo deliberado. Si no recuerdo mal, es la primera vez que Kubrick protagoniza una escena con la cámara de forma expresa, circunstancia que mantuvo durante toda su filmografía a veces de manera abusiva.

Secuencia: Las trincheras (cortesía de Álvaro Bernal Quevedo)

En el combate vuelve a utilizar el travelling, esta vez de dos formas: en primer lugar avanza la cámara por la lobreguez de la trinchera mostrando a cada lado la actitud concentrada de los soldados (ni un solo rostro en actitud valerosa) y, cuando éstos salen a la superficie, manejando la cámara de forma lateral (lo que nos recuerda al tratamiento dado en El gran desfile) y con una planificación ciertamente eficaz: pasamos de un amplio plano donde se ve multitud de soldados saliendo de las trincheras y conforme avanza la secuencia se va cerrando el plano, los cuerpos de unos cuantos soldados van llenando la pantalla hasta que la cámara se centra en Kirk Douglas sin dejar de entrever lo que ocurre alrededor. Cuando vuelve a abrirse completamente el plano, ya vemos que aquella multitud de soldados se ha convertido en unos cuantos que avanzan a duras penas entre los cráteres con el obsesivo ruido de fondo del silbato del coronel Dax.

Secuencia: El ataque

Los interiores, tanto los refugios de la trinchera, como la sala donde se desarrolla el consejo de guerra y la celda donde esperan los acusados, sorprenden por el virtuosismo en la composición del claroscuro en las escenas y el empleo de los primeros planos para resaltar el conflicto interior de los personajes, deudores del expresionismo alemán que ya había utilizado en otros filmes anteriores el operador de cámara, el alemán George Krause, y que refuerza el poderoso blanco y negro que Kubrick escogió como medio para transmitir la angustia que subyace en la historia narrada.

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Finalmente, en la ejecución, que dura exactamente 5 minutos, vuelve a plasmar el vacío y la idea de la muerte mediante obsesivos travellings frontales bajo una solemne y desnuda percusión (Secuencia completa: la ejecución), dejando para los últimos segundos un encuadre de una pavorosa belleza geométrica.

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Supongo que una película alcanza la categoría de obra maestra cuando nos es imposible concebirla de una manera distinta a como lo hizo el director, porque no hay manera de mejorarla ni siquiera con la imaginación. Senderos de gloria tiene esa cualidad de inexorable factura, de rara perfección en su modo de expresar lo que parece inexpresable.

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Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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