Bajo el volcán, de Malcolm Lowry: el descenso a los infiernos.

Recuerdo haber oído el comentario de que para leer esta novela había que prepararse previamente con una copa de whisky, o de tequila, o de mezcal, o mejor las tres cosas juntas. La explicación a esa irónica frase es que Bajo el volcán es la novela de un alcohólico que fue escrita por otro alcohólico, el británico Malcolm Lowry.

La novela de un alcohólico.

Y es que es cierto que Bajo el volcán es una novela densa, tanto como el alcohol que debió ingerir Malcolm Lowry mientras la escribía, tanto como el que bebe sin parar su protagonista, el cónsul Geoffrey Firmin.

Bajo el volcán es una novela en parte autobiográfica. Hay que tener en cuenta que la primera versión de esta novela, que tardó diez años en alcanzar su versión definitiva, la escribió Malcolm Lowry mientras vivía en México, tan alcoholizado y fuera de control que su esposa rompió con él, lo que establece un paralelismo claro con el personaje principal.

Bajo el volcán toma su nombre de los dos volcanes de Cuernavaca, en México, donde transcurre la novela: el Popocatepetl y el Iztaccihuatl.

La acción se desarrolla a lo largo de doce horas del Día de Muertos de 1938, y nos muestra al excónsul Geoffrey Firmin como un hombre irreparablemente alcoholizado, sin norte ni ilusión alguna, destruido por el sentimiento de culpa y de fracaso que lo guía hacia una autodestrucción tal vez no del todo premeditada.

A lo largo de esas doce horas asistiremos a los intentos de recomposición por parte de Geoffrey Firmin cuando su exmujer, Yvonne, regresa con intención de enmendar su matrimonio roto, pero el cónsul se aleja deliberadamente de ella dejando que su hermanastro Hugh, un aventurero encantador comprometido en actividades políticas de izquierda, seduzca de nuevo a Yvonne. Cuando estos tres personajes se encuentran, la colisión es inevitable. Malcolm Lowry los agita en una coctelera cuyo brebaje es ponzoñoso, y solo Geoffrey estará dispuesto a beber su contenido.

La Divina Comedia como fuente de inspiración.

La mirada compasiva de Yvonne y de Hugh no es suficiente para evitar la continua recaída de Geoffrey. Las doce horas que transcurren en ese fatídico Día de Muertos son como un descenso a los infiernos, como el que el propio Dante realiza en La Divina Comedia.

De hecho, el proyecto original de Malcolm Lowry consistía en hacer una trilogía inspirada en La Divina Comedia en la que Bajo el volcán debía corresponderse con el infierno. Las otras dos partes jamás vieron la luz. Al parecer, aunque tenía ya parte del trabajo realizado, incluyendo la que hubiera sido la tercera parte de la trilogía, lo perdió todo en un desafortunado incendio.

Estructura y simbología de Bajo el volcán.

Bajo el volcán consta de doce capítulos, el primero de los cuales nos introduce la historia comenzando un año después de que se hayan producido los hechos narrados en el resto de capítulos. Los restantes once capítulos suceden en el transcurso de doce horas y siguen a Geoffrey Firmin desde la mañana del Día de Muertos.

La simbología juega un papel muy importante en esta novela. El número doce aparece tanto en el número de capítulos, como en las horas en las que se sucede la acción, como el número de meses que distan entre el primer capítulo y los restantes. El propio Malcolm Lowry explicó en algunas cartas que el número 12 tenía una importancia cabalística, pues representaba las aspiraciones espirituales del hombre.

Malcolm Lowry hace muchísimas referencias de otros escritores clásicos, como Christopher Marlowe y su Doctor Fausto, Charles Baudelaire y su Flores del mal, Goethe y su Fausto, o las tragedias de William Shakespeare y, como ya dijimos antes, Dante y su Divina Comedia son referenciados de una forma u otra en distintos pasajes de Bajo el volcán.

Algunos estudiosos de la obra han visto una simbología mucho más rica. Por citar algunos de esos símbolos, hay críticos que han visto en el jardín del cónsul una alusión al Jardín del Edén; el barranco simboliza el descenso a los infiernos (y termina siendo la tumba del cónsul). Y desde el punto de vista numerológico, además del doce, el número siete aparece en multitud de ocasiones referenciando al séptimo sello del Apocalipsis, tras la apertura del cual se produce el silencio. Vemos ese siete marcado a fuego en el lomo de un caballo, o señalando las horas de comienzo y fin de la narración. El día que Yvonne regresa a reencontrarse con Geoffrey son las 7 de la mañana. El final de la novela se produce a las 7 de la tarde.

Estilo de Bajo el volcán.

El estilo de Malcolm Lowry es desgarrado. Conforme avanza la historia de Bajo el volcán, el tono de la tragedia que se avecina se hace más obvio y presente. La visión nublada de un personaje permanentemente borracho se difuminan en forma de desasosiego, rencor y desencanto. Toda esa amargura  va minando poco a poco a todos los personajes, mientras el cónsul bebe sin parar y se dirige con paso inseguro, dando tumbos, hacia el cataclismo que acabará con él.

La contraposición de caracteres entre Geoffrey y su hermano Hugh, realzan el conflicto. Hugh representa la parte positiva, amable, seductora, es decir, todo aquello que Geoffrey no puede ser o tal vez se empeña en no querer ser. Si bien una visión rápida de Hugh nos lo presenta como un personaje valiente, con ideales nobles, militante comprometido, y un amante de éxito, Geoffrey no ve en esas cualidades más que máscaras bajo las que se esconde un personaje cuyo idealismo es insensato y cuyo compromiso responde, más que nada, a un absurdo ideal romántico.

Pese a todo, Hugh no siente ningún resentimiento contra su hermano, e intenta denodadamente sacarlo de ese laberinto sin salida en el que se ha metido por culpa del alcoholismo.

Conclusión.

Bajo el volcán es una novela desgarradora, con un halo de fatalismo que impregna cada una de sus páginas. Incluso las referencias históricas y políticas aluden a acontecimientos en los que la muerte y el fracaso impregnan la historia. Así, la Guerra Civil Española, la Batalla del Ebro, el fracaso de los brigadistas internacionales en el frente republicano o la ejecución de Maximiliano nublan por completo un panorama ya de por sí triste. Ni siquiera el recuerdo de la boda de Geoffrey e Yvonne en Granada logra desempañar un poco esa tristeza, al contrario, ahonda en la melancolía, pues referencia un acontecimiento cuya felicidad se ha desvanecido para siempre.

Bajo el volcán es una novela extraordinaria, aunque no sea de fácil lectura. Tal vez ese comentario que aludí al comienzo de este artículo tenga su razón de ser y no sea desacertado. Para comprender a Malcom Lowry y a su cónsul es posible que un buen tequila nos ayude un poco. Resulta difícil, de otra forma, comprender esa terrible voluntad del cónsul por destruirse sin piedad. Resulta difícil, de otra forma, comprender por qué Malcolm Lowry dedicó más de diez años de su vida a completar esta historia antes de morir alcoholizado.

Bajo el volcán. Malcolm Lowry. Editorial Tusquets.

Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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