Barcelona modernista, de Cristina y Eduardo Mendoza: La intrahistoria de una ciudad

Barcelona modernista, de Cristina y Eduardo Mendoza. Reseña de Cicutadry

Barcelona modernista fue un libro escrito por Cristina y Eduardo Mendoza, publicado en 1989. Formó parte de una sugestiva colección que editó Planeta bajo el título Ciudades en la Historia de la que personalmente quisiera destacar Córdoba de los Omeyas, de Antonio Muñoz Molina, una inolvidable obra poco conocida del escritor jiennense. Esta Barcelona modernista no le anda a la zaga en cuanto a su calidad literaria, interés histórico y suntuosa editorial, puesto que el libro estaba originariamente editado con un excelente papel y todo tipo de ilustraciones a color de la mejor calidad.

Una ciudad y una época

No cabe duda que la editorial Planeta aprovechó el tirón de La ciudad de los prodigios y el interés general de los lectores por Barcelona para encargar este libro a Eduardo Mendoza. La vasta documentación que el escritor catalán había atesorado para su más conocida novela podía ser expuesta de otro modo, nada ficcional, pero no por ello menos atractivo.

Como decíamos, al interés del texto se les añadía la atractivas ilustraciones, muy bien escogidas, y con unas notas a pie de fotografía que, de por sí, son ya un lujo literario. Si a esto unimos que esas fotografías ilustran una abundante muestra de obras de arte, hacen de ello todo un regocijo para el lector interesado en este tipo de libros. No obstante, resulta curioso que muchas de estas bellas imágenes no corresponden en sí a una obra artística que se quiera destacar, sino a aspectos de la vida cotidiana en la Barcelona de aquella época que fueron ilustrados por grandes artistas, como es el caso de Apel.les Mestres o de Santiago Rusiñol.

Por ello, quien se acerque a esta obra debe considerar que no se trata de un sesudo estudio sobre el Modernismo, y aun menos sobre las formas artísticas tan conocidas. Más bien es el acercamiento a una época determinada de una ciudad que, por motivos turísticos tal vez, más que históricos, ha quedado en la retina de los viajeros y curiosos como la más interesante de Barcelona

La intrahistoria de Barcelona

Para que nadie se lleve a engaño, los hermanos Mendoza explican su idea del libro en un singular prólogo:

Conviene aclarar que este libro no es un estudio sobre el Modernismo ni sobre el período histórico al que corresponde; tampoco es un intento de reconstrucción verosímil de la vida cotidiana en la Barcelona de esa época. El propósito de este libro, en realidad, es plasmar en imágenes literarias y gráficas la noción que hoy tenemos de aquella Barcelona, en parte aún viva y presente, en parte irremisiblemente perdida. En otras palabras: hemos querido recrear la Barcelona pretérita que la mayoría de los barceloneses guardamos en la imaginación, un poco a la manera de las pantomimas que entonces gozaron de tanto predicamento.

Es discutible que el texto de este libro pueda compararse con aquellas pantomimas infantiles a las que se refieren los Mendoza, puesto que la información está muy bien documentada y nada hace pensar que se trate de un cañamazo o de ideas un poco soltadas a vuelapluma sin mayor propósito que el de distraer. También es cierto que no se trata de un texto académico, pero sí de una visión general muy bien estructurada y muy amena sobre la Barcelona de aquella época, lejana de los clichés sobre el Modernismo a los que estamos acostumbrados los que nos acercamos y disfrutamos de Barcelona.

El secreto de Barcelona modernista está, por tanto, en la mirada de sus autores. Aunque más tarde lo desmentiré, creo que esa mirada inocente, a veces ingenua, siempre sorprendente de Eduardo Mendoza está detrás de la concepción de este libro. Él investigó mucho para escribir La ciudad de los prodigios en aquellos aspectos más íntimos de la ciudad, con el fin de dotar de verosimilitud a la novela. Esa intrahistoria que es parte del éxito de La ciudad de los prodigios es la que dota de un extraordinario encanto esta Barcelona modernista.

Todo lo que quiso saber de Barcelona y no se atrevió a preguntar

Al igual que en una reseña anterior sobre el libro Nueva York de Eduardo Mendoza no aconsejábamos que fuera utilizado por el viajero para conocer la ciudad americana –el propio autor confesaba que “no era de fiar”- sí que recomendamos vivamente que quien quiera conocer la Barcelona modernista lea esta obra con anterioridad.

El viajero puede acercarse a los grandes edificios modernistas o a los cuadros colgados en el Museo de Arte Moderno de Barcelona y no entender casi nada de lo que representan esas obras. Para ello, Cristina Mendoza se encargó de la parte artística del libro, un sugestivo y bien ajustado recorrido del porqué del modernismo catalán, de su razón última. Muy sabiamente no se detiene en ningún autor en especial –por ejemplo, en el sempiterno Antoni Gaudí- sino que deambula por los presupuestos estéticos y éticos del movimiento que nos hace comprender sus motivos.

A esto se añade la impagable parte del texto que le correspondió a Eduardo Mendoza: los aspectos sociales, políticos y culturales de aquella época, tan importantes o más que el propio movimiento, y sin cuya existencia éste hubiera sido imposible. Los hermanos Mendoza comprendieron que era necesario sacar a la luz la vida cotidiana de aquella Barcelona –sin ahondar, para no asfixiar el texto- para que las imágenes, tanto artísticas como documentales, tuvieran un sentido completo. Es loable que en un mismo libro el texto y las imágenes estén tan intrínsecamente unidas y justificadas, de modo que no se sabe bien qué ilustra a qué.

El esplendor detrás del caos

Un poco a la manera de cómo fue construyéndose aquella Barcelona modernista, Cristina Mendoza reconoció: “El método que seguimos en la confección de ese libro podríamos definirlo como un caos absoluto. Por tanto, nos lo pasamos muy bien escribiéndolo.” Y es bien cierto que se nota ese disfrute en el texto. El caos tal vez provenga de la ambiciosa selección de aspectos de la vida barcelonesa que decidieron tomar, que dota al libro de una curiosa variedad que va mucho más allá de lo que podríamos entender que representa la Barcelona modernista que tenemos en nuestra memoria.

Desde la infancia en aquella época hasta los vestidos utilizados por damas y caballeros, pasando por la elección de oficio, los espectáculos o la delincuencia, cualquier aspecto les vale a Cristina y Eduardo Mendoza para situarnos en ese momento histórico de Barcelona. Es de agradecer que esa variopinta documentación no aplaste el sentido divulgativo de la obra, y aunque es evidente que el libro está escrito a dos manos, la particular ironía y la detención en los aspectos un tanto sórdidos provienen sin duda de la mano de Eduardo Mendoza.

Así, con el estilo sencillo, desenfadado y casi oral del escritor catalán, se descifra los orígenes de la Barcelona actual, no tan alejada de aquella época como en principio podríamos pensar. La política, el elitismo de la burguesía, la búsqueda de la originalidad, el interés por hacer de Barcelona una ciudad que no se parezca al resto de España, y en ningún caso a Madrid, son aspectos que siguen estando vivos. Cristina y Eduardo Mendoza son capaces de transmitir esa imagen peculiar de la capital catalana que en muchos sentidos son propias y exclusivas de esa ciudad y que, por tanto, el resto de los españoles que nos acercamos a esta singular obra agradecemos con un genuino interés y una sonrisa en los labios.

Barcelona modernista. Cristina y Eduardo Mendoza. Planeta

Acerca de José Luis Alvarado

Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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