Cacheo. Dennis Cooper: Snuff y sexo

Cacheo. Dennis Cooper. Reseña de CicutaDry

Los homosexuales adolescentes del escritor norteamericano Dennis Cooper son seres aturdidos, drogados, asustados, viciosos, bellos, pervertidos, puros buscadores de sensaciones en un mundo vacío de sentimientos. De alguna manera, Dennis Cooper lleva escribiendo la misma novela desde 1989, cuando publicó Contacto, una obra polémica por la que fue amenazado de muerte. En 1991 dio a la luz Cacheo, una vuelta de tuerca sobre su mundo infernal de drogas, sexo y muerte. Años después, en Chaperos indagó en el mundo de los chats y las redes sociales de contactos en Internet. En 2016 Google decidió cerrar su blog personal, donde estaba publicando su última novela, Gif.

Dice Dennis Cooper que leyó a Baudelaire y al Marqués de Sade a los 15 años. No lo dudo. Del poeta francés aprendió la fascinación por el malditismo y del Divino Marqués extrajo un gusto poco común en la actualidad por la escatología y las muertes violentas durante el acto sexual. Sin embargo, en su obra no hay ni el refinamiento del primero ni la racionalización del mal propia del segundo.

El mundo de Dennis Cooper es un mundo confuso, caótico, deliberadamente sucio y obsceno. Sus personajes son siempre adolescentes o jóvenes que viven económicamente de sus padres, se drogan sin parar, pasan la noche en antros infectos con punkies y demás fauna humana para los que el único objetivo es follar, con quien sea y como sea, pasar el colocón junto a otros cuerpos de los que nada recuerdas al día siguiente, manteniendo esa pulsión sexual continua en busca de más y más emociones fuertes que, en su caso, por lo general conducen a la muerte y lo extremo:

«Henry tenía un olor fuerte, peor o mejor según la zona donde le lamía Julian. Había follado tantas veces, que era experto en clasificar los olores corporales. El del ojete, profundo. El de la entrepierna, sobrevalorado. El de la boca, profundo. El del pelo, infravalorado. El de manos y pies, agradable. El de los sobacos, demasiado intenso. Julian se puso a trabajarle el culo a Henry. Yo tenía la cara encajada entre sus muslos, las pupilas dilatadas, la boca abierta, llena con sus arrugadas pelotas.«

Los relatos homosexuales de Cooper tienen muy presente los efectos devastadores del sida en los años 90. La mayoría de sus personajes mueren de esta enfermedad pero eso no parece ser impedimento para que dejen de practicar sexo de riesgo. Es más, de alguna manera, lo buscan.

Es rara la escena sexual en cualquiera de sus libros que no sea sórdida. Cacheo comienza con un breve capítulo en el que se describen cinco fotografías de un adolescente horriblemente mutilado, con un boquete en el culo del tamaño de un puño brutal. Esa es su tarjeta de presentación para el lector: Si tienes estómago para seguir leyendo, hazlo. Estamos ante una auténtica snuff novel.

En las críticas a su obra he leído que Dennis Cooper carece absolutamente de valor literario. Estoy en desacuerdo. Él desea trasladar al lector una especie de atmósfera viscosa e infecta y desde luego que lo consigue. Eso no es sencillo de lograr. Leyendo Cacheo, en particular una carta que el propio Dennis escribe a un antiguo amante, se te revuelven literalmente las tripas. Hay una frialdad en la exposición de hechos espantosos que sobrecoge al lector más experto en este tipo de relatos. Puedo decir que he leído con atención al Marqués de Sade, y hay páginas de Cooper que lo superan con creces.

Cacheo. Dennis Cooper. Reseña de CicutaDry
El escritor norteamericano Dennis Cooper (Pasadena, 1953)

Los personajes de Cooper recuerdan a los angustiosos retratos de Francis Bacon, y mientras están desnudos me los he imaginado con esa carnalidad rosácea casi repugnante de los cuerpos pintados por Lucien Freud. El escritor norteamericano le añade más sordidez aún, puesto que esos cuerpos se revuelcan entre vómitos, orines y excrementos, bajo los efectos de la heroína o el LSD, en lugares tan extraños como un molino abandonado de Holanda donde en la planta baja hay una destilería de cerveza que apesta a lúpulo y alcohol pasado.

Tenemos la impresión de que estos jóvenes van en busca de algo que ni ellos mismos saben lo que es. Tal vez sea la belleza dentro del caos o simplemente el caos mismo, el abismo por el que desean despeñarse sin terminar de atreverse.

El personaje de Dennis, que entendemos que es autobiográfico, nos da una idea de esa pulsión destructiva tan común en los adolescentes de sus obras:

«Le agarré por el culo, lo atraje hacia mí, le chupé la polla, le lamí los cojones, etcétera, mientras en el borroso borde superior de mi visión su cabeza se balanceaba y babeaba como una nube surrealista.

Vamos a ver… Ocurrió semanas después. Empecé a soñar despierto mientras follábamos, cosa que Samson no pareció notar. En realidad, le acariciaba, pero mentalmente agarraba objetos de la mesilla de noche con los que le aplastaba el cráneo, y luego mutilaba su cuerpo, en especial su culo, mientras él, con voz trastornada por el dolor, trataba de disuadirme de que le matara.

Me preocupaba que tales ideas pudieran asomarme a la cara, pero es realmente difícil que el rostro exprese algo más fuerte que «me siento bien» o «estoy triste», o «cachondo», o «asustado».

Una noche, Samson estaba tan colocado que andaba como si la moqueta fueran arenas movedizas, o algo así. No podía ni hablar, no lo creo. Le llevé hasta la cama, donde se dejó caer. Me arrodillé encima de su pecho y miré fijamente su cara hasta que se volvió borrosa. Entonces me puse a darle puñetazos en ella. Volví a empezar. Parece que pierdo el hilo, pues no consigo recordarlo exactamente. Se rompían cosas. A veces me daba cuenta de que uno de los ojos de Samson me observaba con atención, lo que supongo que no era más que un reflejo muscular.

Al llegar aquí, debería explicar las reacciones que mostraba mi rostro, lo sé, pero dudo que tuviera muchas. Me notaba entumecido, con la mente en blanco, de modo que mi cara probablemente expresaba lo mismo. Cuando el incidente esté lejos, muy lejos, trataré de disociar a ese chico y a mí mismo de la violencia y sentir algo. Todavía no he llegado a ese punto.» 

La obsesión de Dennis procede de esas fotografías del muchacho asesinado de las que hablé más arriba, vistas cuando tenía 13 años en el retrete de una tienda de periódicos. Pronto sabremos que las macabras imágenes eran falsas puesto que Dennis coincide un día con ese joven que aparece violado, descubre que todo era una simulación a base de maquillaje y se termina acostando con él entre los efluvios del hachís. Poco tiempo después se entera de que ese joven sí ha sido finalmente descuartizado por un chapero que practica sadomasoquismo.

A partir de ahí, Dennis comenzará una búsqueda compulsiva por convertir esa muerte violenta en realidad, por hacer una escena sexual snuff, sádica y repulsiva, aunque de una belleza extrema para él.

Para ello viaja a Holanda, alquila un viejo molino, conoce a dos alemanes brutales que comparten con él su gusto por la sangre y las crueles sutilezas de las navajas suizas, y empieza a llevar víctimas a su terreno. En la carta referida anteriormente describe con una minuciosidad escalofriante los actos sexuales cometidos con tres jóvenes que prefiero dejar a la imaginación de los lectores que tengan interés por leer este tipo de escenas escabrosas.

El nada convencional cantante Marilyn Manson rehusó ser entrevistado por Cooper alegando que era “un tío demasiado raro”. Los gays más fundamentalistas de San Francisco repartieron pasquines pidiendo la muerte del escritor. Sin embargo Dennis Cooper considera su obra tímida y bastante respetuosa con el lector. Por mi parte, me quedo con la siguiente reflexión, escrita por el crítico José Antonio Gurpegui a propósito de Tentativa, la tercera novela que publicó Dennis Cooper: «Tal vez el autor entienda, deduzco, que tan solo lanzándonos sus novelas a la cara como si fuera un orinal de excrementos podrá hacernos reaccionar ante el lado más oscuro y sórdido de la vida«.

Cacheo. Dennis Cooper. Anagrama.

Otras reseñas sobre novelas eróticas en Cicutadry:

Puntúa el artículo

Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

Check Also

Tus pasos en la escalera. Antonio Muñoz Molina: El amor en los tiempos del miedo

Poco se ha hablado de los principios de las novelas de Antonio Muñoz Molina. Recuerdo …

Deja un comentario