Emmanuelle. Emmanuelle Arsan: Erotismo para mujeres

Emmanuelle, novela de Emmanuel Arsan. Reseña de Cicutadry

Emmanuelle fue, junto a Historia de O, la novela que revolucionó el género erótico en el siglo XX. Publicada en 1959 de forma anónima, más tarde fue reeditada con el sinónimo de Emmanuelle Arsan, que ocultaba el verdadero nombre de la escritora tailandesa Marayat Rollet-Andriane, de soltera Marayat Bibidh. Fue un éxito absoluto de ventas y, como es conocido, dio lugar a una serie de películas eróticas francesas con el personaje de Emmanuelle como protagonista.

Una novela erótica oriental

El hecho de que la novela adquiriera renombre universal gracias a una película de factura francesa hizo pensar que se trataba de un erotismo propiamente europeo, cuestión que apuntilló la dirección relamida del poco eficiente Just Jaeckin.

Sin embargo, cuando se lee la novela con una cierta atención se comprueba que toda esa imagen preciosista de la película se desmonta desde los primeros capítulos, en los que hay un erotismo muy directo.

Que la autora fuera tailandesa no es cuestión baladí a la hora de analizar esta obra. Sabemos que el erotismo oriental es mucho más exquisito que el occidental, y también –si se me permite el término- más natural. Las escenas eróticas de Emmanuelle se suceden sin solución de continuidad en la primera parte de la novela, y si bien, como decimos, es un erotismo natural, no deja de existir una gran sensibilidad en la forma de expresión escrita elegida por la autora.

Emmanuelle tailandesa

Creo que es imposible no relacionar al personaje de Emmanuelle con la actriz holandesa Sylvia Kristel. Por eso recomiendo a quien vaya a leer este libro que trate de olvidar esta imagen y vea en su imaginación el rostro y el cuerpo de la escritora tailandesa, mucho más ajustado a lo que acontece en la novela.

Emmanuelle. Emmanuel Arsan. Reseña de Cicutadry. Retrato de la escritora
La escritora tailandesa Marayat Bibidh, que escribió con el seudónimo de Emmanuelle Arsan

Emmanuelle es una joven de 19 años, recién casada, que emprende un viaje desde Francia a Thailandia para reunirse con su marido, un hombre algo mayor que ella. Es cierto que el personaje es francés, y que el género femenino es universal, por lo que perfectamente la protagonista podría ser una joven francesa.

Pero algo nos dice que ese refinamiento, esa forma de entender el sexo con la juventud del personaje no es propia de una occidental de los años 50, en los que, como recordarán, aún no se había producido la revolución sexual de la década siguiente.

Sin embargo, en ciertos países de Oriente, las mujeres y los hombres se inician en el sexo a muy temprana edad, y además de una forma muy madura. No hay más que recordar, lamentablemente, la prostitución infantil que es moneda corriente de cambio en las calles de muchos países del sudeste asiático

Un ambiente muy caldeado

Por eso no es de extrañar que la autora llevara a su protagonista a un país oriental, donde el sexo se ve con una visión bastante relajada. Y eso es lo que se encuentra Emmanuelle a su llegada: todo un tropel de mujeres occidentales, casadas por lo general con diplomáticos que, a falta de no tener otra cosa que hacer, se dedican a calentarse sin miramientos con todo tipo de prácticas sexuales.

Insisto en el sentido oriental del sexo, por ejemplo, a la vista de uno de los primeros personajes femeninos que aparecen en la novela cuando transcurre en Bangkok: una jovencita de 13 años que, nada más llegar a casa de Emmanuelle para conocerla, se desnuda y se masturba mientras habla con ésta. No deja de ser significativo que la iniciadora de la aventura sexual de Emmanuelle sea una chiquilla.

En cuanto a los demás personajes femeninos, son meras piezas utilizadas por la escritora para esa iniciación sexual de Emmanuelle en aquellas tendencias sexuales que hasta ese momento no conocía –no olvidemos que tiene 19 años-, en particular, el lesbianismo y el exhibicionismo.

La gran novela de la sexualidad femenina

Si algo está claro de esta novela es su punto de vista femenino a la hora de abordar el sexo. Es sintomático que la película, como decimos francesa, aborde el sexo desde una perspectiva claramente masculina, mostrando a Emmanuelle –o, si se quiere, a Sylvia Kristel- como un objeto sexual para los apetitos lúbricos de los hombres occidentales.

Nada de eso hay en la novela, y aquí hay que puntualizar que si bien la película es bastante fiel al libro, no lo es en el tratamiento de las escenas sexuales: cada acto sexual que tiene Emmanuelle es una nueva etapa en su liberación como mujer. En ese escenario caliente que es Bangkok, las mujeres son enteramente libres y hacen con su cuerpo y con su vida lo que les da la gana.

De ahí que la entrada de un personaje masculino, Mario, a mitad de la novela, haga caer el interés de ésta, en primer lugar con debates pseudofilosóficos que tienen poca cabida en una novela erótica, y después con una irrupción del modo de ver el sexo masculino que hace que pierda encanto el libro.

La franquicia cinematográfica

El tratamiento occidental de la novela Emmanuelle comenzó, como decimos, con la producción de la película homónima, que tuvo un gran éxito. Que en 1974 tuviera tanto seguimiento esta película por las pacatas escenas que mostraba nos viene a corroborar la poca tradición sexual pública que se vivía en Occidente.

En realidad, aunque ya hemos dicho que las escenas son bastante fieles al libro, en la película deberían haber salido desnudas las mujeres casi todo el tiempo, puesto que así ocurre en la novela. Esa desnudez no es en la obra una manera de calentar al personal sino el símbolo más evidente de la liberación de la mujer.

Sin embargo, el tratamiento del libro no solo fue pacato y mal interpretado por su director, sino que además dio lugar a una sucesión de películas que la convirtieron en una especie de franquicia con el pretexto de que una mujer realizara todas las prácticas sexuales habidas y por haber. Naturalmente, este hecho escondía un propósito muy típico de la imaginación rijosa masculina: una mujer, una sola mujer, es capaz de montárselo de todas las maneras posibles.

Confundir la libertad sexual femenina con la promiscuidad fue la gran traición a esta oportuna novela. El mensaje de la autora era evidente, una forma de mostrar a las mujeres que el sexo es algo tan natural como tantos actos cotidianos de la vida y que la atracción sexual es algo mucho más exquisito y normal que la tradicional seducción que había mostrado la literatura erótica hasta la fecha, generalmente escrita por hombres para hombres. En ese sentido podemos concluir que Emmanuelle es una novela para mujeres escrita por una mujer.

Emmanuelle. Emmanuelle Arsan. Tusquets

Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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