Ensopegando en Nueva York, de Eduardo Mendoza: El escritor más gamberro

Ensopegando en Nueva York, de Eduardo Mendoza. Reseña de Cicutadry

Ensopegando en Nueva York fue el primer cuento escrito por Eduardo Mendoza, publicado en la revista Gimlet en septiembre de 1981. Se trata de uno de los cinco únicos relatos que le conocemos a Mendoza –uno de ellos, infantil- y no ha sido publicado desde entonces en libro alguno. Por sus características, plenamente identificadas con el estilo personal y narrativo del escritor barcelonés, y por la curiosidad que supone para sus lectores más adeptos, lo traemos aquí como una pieza digna de estudio.

La revista Gimlet

La novela negra nunca terminó de arraigar en la literatura española del siglo XX. Antes de la llegada de la democracia a España, solo un puñado de escritores habían intentado crear una narrativa policíaca netamente española que no siguiera las líneas marcadas por la escuela policiaca extranjera; se me ocurren nombres ilustres como Mario Lacruz, Francisco García Pavón, Gonzalo Suárez, Jaume Fuster y Manuel Vázquez Montalbán.

Este último creó en febrero de 1981 –fecha muy significativa en la historia española- la revista Gimlet en Barcelona. La revista solo duró poco más de un año, pero reunió en sus páginas las firmas más destacadas de la novela negra española y aún es un referente de los comienzos de este género en España.

Buen amigo de Eduardo Mendoza, Vázquez Montalbán le pidió que colaborara en un número. En esos momentos, Mendoza aún vivía en Nueva York. Había publicado hacía poco tiempo El misterio de la cripta embrujada y estaba enfrascado en la redacción de El laberinto de las aceitunas. Ambas novelas, si bien pasadas por el tamiz personal del autor, pertenecían plenamente al género policiaco y suponemos que Mendoza accedió de buen grado con un relato que, se mire como se mire, es una gamberrada de pura cepa.

Un catalán en Nueva York

Desde el título del cuento ya se vislumbran las intenciones de Mendoza. Ensopegando en Nueva York contiene una catalanada en su interior, que se repetirán de manera hilarante a lo largo del texto. Para los que no conozcan el catalán, diremos que ensopegar significa tropezar, y en el contexto del relato, podría traducirse como dar tumbos.

Porque eso es lo que hace su protagonista, Nicolau Punyeflas, alías Nick Punyeflas, un catalán que lleva tres semanas en Manhattan “y ya se conoce la ciudad como si fuera el pasillo de su casa”. La presentación del personaje que “se ha hecho detective, no se entiende muy bien si del FBI o privado” es toda una parodia del género policiaco escrito en Estados Unidos.

Lo de estar ensopegando en Nueva York se deduce del resto del relato. Su primera dificultad la encuentra en el idioma, que sospechamos desconoce profundamente, pero no solo es la lengua inglesa la que se le da mal; tampoco es que tenga un dominio certero del castellano, lo que trufa el texto de catalanismos, no siempre venidos al caso. Aparte del efecto cómico que crea, se produce otra consecuencia: la confusión total del relato, recurso en el cual Mendoza es un maestro.

Un pastiche de pastiches

Llamamos pastiche de pastiches a Ensopegando en Nueva York por no utilizar un término menos literario como es el de gamberrada total. Aunque debe quedar claro que la gamberrada no la creemos asociada al escaso eco que podría tener su relato en una revista mensual –en este sentido, Mendoza es un escritor elegante como pocos- sino que llevó a sus últimas consecuencias un recurso literario que venía utilizando hasta ese momento.

Tanto La verdad sobre el caso Savolta como El misterio de la cripta embrujada eran dos evidentes parodias, y Mendoza no había escrito nada más hasta la fecha. Además, La verdad sobre el caso Savolta era un pastiche, en un sentido noble del término, puesto que trascendió esta técnica con una calidad literaria innegable.

Precisamente de esta novela extraería la inaudita estructura de Ensopegando en Nueva York. El cuento, a pesar de ser bastante breve, está dividido en tres partes: “Resumen de lo publicado”, “Capítulo segundo” y “Resumen de lo que falta por publicar (once capítulos)”. Como puede deducirse, el cuento pretende ser una especie de expeditivo resumen de una improbable novela en la que Nick Punyeflas resuelve un caso de un cadáver encontrado muerto en una bañera:

Lo que todavía no sé es si es en la bañera de su casa o en la de otra casa a la que ha ido a investigar un caso que le han encargado. La cosa es que cuando lo descubre dice oh, shit y aquí es cuando irrumpen McAlistair y el negro de la risa y le dicen aquello de What are you doin’ with a fucking cadáver? y él se niega a contestar y le dan de hostias pero le dejan que marche no sé por qué.

Un compendio de novela negra

A pesar de su brevedad, el cuento contiene todos los elementos propios de una novela policiaca. En un ejercicio de síntesis admirable, Eduardo Mendoza mete a calzón quitado policías corruptos, políticos mafiosos, drogadictos moribundos, un saxo que suena triste en la noche, sexo, alcohol, una chica sospechosa dispuesta a todo por salirse con la suya y asesinatos, muchos asesinatos.

Lo que no hay, realmente, es detective; o al menos, no vemos a ese detective actuando como tal. En la primera parte, “Resumen de lo publicado”, es una persona innominada quien nos hace el favor de introducirnos en el personaje de Nick Punyeflas y sus escasas peripecias para habituarse a la vida en Nueva York. En el “Capítulo segundo” ya es un narrador el que nos cuenta un episodio bastante truculento del catalán en el que se encuentra con dos personajes de lo que no sabíamos absolutamente nada hasta ese momento, uno de ellos cadáver. El “Resumen de lo que falta por publicar (once capítulos)” es en realidad una carta que Punyeflas le manda a su madre, a Barcelona, y que contiene más instrucciones domésticas que otra cosa.

Lo inaudito es que en esas tres partes se condensa un relato que, si no fuera porque el texto es un agujero negro donde se nos niega lo más elemental, resultaría una novela negra de las de postín. Y es que Ensopegando en Nueva York es la prueba más evidente de esa curiosa relación de juego que Eduardo Mendoza mantiene con la literatura, y que caracteriza toda su obra, desde sus llamadas novelas serias hasta las más paródicas.

Ensopegando en Nueva York. Eduardo Mendoza. Revista Gimlet nº 7, Septiembre 1981.

Acerca de José Luis Alvarado

Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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