Gente que conocí en los sueños. Luis Mateo Díez: El vecino de la eternidad

En los libros de Luis Mateo Díez, cada página es un regalo. Desde que en 1982 publicara su primera novela, Las estaciones provinciales, hasta este libro de cuentos de 2019, Gente que conocí en los sueños, la trayectoria del escritor leonés no solo ha sido impecable sino ante todo coherente.

El estilo de Luis Mateo Díez

Habrá lectores que consideren su obra enmarcada en el realismo, ese realismo español tan asentado desde el siglo XIX desde Galdós a Camilo José Cela. A su vez, la calidad de cada página de Luis Mateo Díez puede ser confundido con un tipo de estilo también muy español que se caracteriza ante todo por su barroquismo y, por tanto, por cierta vacuidad en los contenidos que ha hecho que la literatura española, pese a su calidad, apenas haya traspasado fronteras; el desmérito en la agilidad de los argumentos no se ve compensada por el preciosismo estilístico, difícilmente traducible fuera de nuestro idioma o, en el mejor de los casos, poco apreciable por los lectores castellano hablantes de América, acostumbrados a otro tipo de criterios literarios desde que impusieran sus principios las obras de Borges y Juan Rulfo.

Sin embargo, la escritura de Luis Mateo Díez está bien alejada de todo lo descrito anteriormente y podríamos decir que es una rara avis dentro de la literatura española: si bien su estilo puede identificarse dentro del realismo, sería el realismo de Chéjov o Bassani. A esto, Luis Mateo añade algo poco utilizado en la literatura española, el humor, el cual lo separa definitivamente de sus colegas españoles.

Pero es que además Luis Mateo Díez bebe de las fuentes de la literatura fantástica, sea Edgar A. Poe o sea E.T.A. Hoffmann, dando como resultado un divertido juego literario en el que los muertos y los vivos coexisten en sus textos sin molestarse y los sueños o los recuerdos están tan presentes en sus historias como la propia vida cotidiana. Para que nos entiendan nuestros lectores hispanoamericanos, el escritor español es una especie de Juan Rulfo pasado por la ironía de Borges.

La construcción de un mundo propio

Gente que conocí en los sueños concentra todas estas cualidades una vez más, y es importante recalcar el hecho de la reiteración en esta forma de abordar sus historias, porque Luis Mateo Díez ha construido un mundo propio, un universo imaginario, en el que incluso los nombres de sus personajes (en esta obra, por ejemplo, Labro, Sauro, Malvina, Columbaria, Coralina…) o de las ciudades donde habitan, son inventados, como si de un mundo paralelo se tratara.

En cuanto a los sorprendentes contenidos de los cuatro relatos que conforman Gente que conocí en los sueños, dejaremos que sea el propio Luis Mateo Díez el que los detalle:

“Los viajes fantasmales trata la fascinación del mundo y la realidad no vista desde este lado sino desde el lado de quien se ha convertido en un fantasma, como un viajante que vende lo que él observa. La segunda historia, Los círculos de la clausura, aborda la experiencia de la muerte como algo que no acaba, que puedes seguir haciendo de las tuyas; hay vida cuando todavía la muerte no ha llegado, aunque él o ella haya muerto. Los muertos escondidos: uno puede estar preso de sus emociones y su espíritu y eso puede ser tan intenso y nocivo como ser presidiario en un penal donde no hay piedad. Y Las amistades del diablo: hay que tener mucho cuidado con las amistades, pueden ser lo mejor, pueden estar por encima del amor, pero a veces las amistades las carga el diablo».

Ciertamente, en las historias de Luis Mateo Díez los muertos nunca se acaban de ir; es más: se acodan en la barra de un bar y tratan de contar a los parroquianos -que acogen con lástima y desapego cuantos discursos suelten estos fantasmas tan vivos- el problema que supone ser inmortal y andar vagando durante milenios por el mismo territorio, desde que vivía en una cueva escondiéndose de los depredadores hasta las guerras napoleónicas, que para estos personajes tan peculiares sucedió anteayer, como quien dice.

Esta convivencia entre vivos y muertos, no obstante, no es dramática, ni siquiera patética, sino que tiene un punto de humor negro bastante acentuado. Por ejemplo, en Los círculos de la clausura, un asombroso relato que se desarrolla en paralelo en una penitenciaria y en un convento de clausura (en términos cortazarianos, algo así como “Todos los encierros, el encierro”) una monja asesina una y otra vez a otra, que vuelve a aparecer por maitines al poco tiempo, mientras que tres presos que consiguen suicidarse para mitigar la terrible soledad de su existencia terminan en el cuartelillo de la Guardia Civil testificando contra las pésimas condiciones de la cárcel.

Las imprevisibles historias de Luis Mateo Díez

En los relatos y las novelas de Luis Mateo Díez todo es posible y, además, imprevisible. A diferencia de Juan Rulfo, no hay ninguna duda de que los muertos anden por ahí como si nada: se les acepta dentro de sus pueblos como una presencia más, a menudo incómoda y un poco pelmaza, porque los fantasmas ya han pasado la experiencia de la muerte y su socarronería respecto a los que aún están vivos no tiene límites. Hay que aceptarlos como son y ellos no van a cambiar porque, al fin y al cabo, ya están muertos.

El tiempo es el vecino de la eternidad” dice Aurelio Recuero a quien quiera escucharlo en una taberna de mala muerte de su pueblo, Broza, entre copas de coñac y bostezos de la clientela. También Sauro le confiesa a su amigo Calvero: “El diablo tiene sus propias exigencias”, y es verdad, porque a veces ocurren cosas inexplicables como que los médicos te den por desahuciado y de un día para otro recuperes la salud mientras que, por ejemplo, la esposa de tu mejor amigo muera de repente.

Luis Mateo Diez revela en sus historias los pequeños milagros de cada día, esas personas que desaparecen y nunca más se sabe de ellas pero que a lo mejor están habitando en otra ciudad de alguna forma inusitada o escondidas debajo de la cama de un familiar, quién sabe, no todo van a ser asesinatos ni misterios sin resolver.

Lo que no es capaz de explicar la realidad, lo explica Luis Mateo Díez con una naturalidad pasmosa. En la fantasía y la imaginación puede estar la respuesta: no en vano, muchas leyendas que desde tiempos inmemoriales se transmitieron por vía oral se referían a lo que en el lenguaje coloquial llamamos “almas en pena”, figuras fantasmagóricas que han recorrido el imaginario popular durante siglos y que han caído en el olvido en estos tiempos de Internet y realidad virtual. Pero todo sigue siendo lo mismo. Parafraseando a Paul Éluard, hay otros mundos, pero están en los libros de Luis Mateo Díez.

Gente que conocí en los sueños. Luis Mateo Díez. Nórdica

Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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