La cadena fácil, de Evan Dara: la deconstrucción de la realidad.

Buena parte de la literatura estadounidense del siglo XX se encuentra repleta de narradores que decidieron arriesgar al elegir formas nada convencionales de contar las historias. Y para ser justos, a esa afirmación habría que añadir que también existían editores capaces de arriesgar con su publicación, pues no se trataba, ni mucho menos, de libros fáciles ni comerciales.

La cadena fácil, de Evan Dara, es uno de esos casos pero traído al siglo actual, lo que resulta especialmente extraño en los tiempos que corren, cuando los criterios comerciales han ganado la batalla a los criterios artísticos en todos los campos.

La escuela de la dificultad

Pero, a su manera, toda esa literatura revolucionó la manera de concebir no solo las historias que se contaban sino, sobre todo, cómo se contaban. Existe toda una generación de escritores norteamericanos que algunos críticos han querido clasificar con el ambiguo término de “posmodernidad”, sin que sepamos muy bien los criterios a los que responde esa clasificación.

Otros críticos, como Eduardo Lago, se refieren a ellos como “la escuela de la dificultad”. En ese selecto grupo podemos encontrar escritores de la talla de Thomas Pynchon, John Barth, Robert Coover, Don DeLillo, William Gaddis o David Foster Wallace, por citar los que quizás sean más relevantes.

A esa escuela, aunque de forma tardía, podría añadirse el enigmático Evan Dara y esta novela de la que hoy hablaremos y que, tal vez irónicamente, se titula La cadena fácil.

Como sucede con la mayoría de las obras complejas, el autor recurre a lo que podríamos denominar la construcción un “artefacto literario” con el que pretende articular el ritmo de la narración.

Podemos afirmar que Evan Dara consigue su propósito, aunque lo hace de una forma ciertamente inusual. Otra cosa es que el mecanismo nos resulte más o menos eficiente, en el sentido de que tamaña complejidad requiere un esfuerzo intelectual por parte del lector que excede lo habitual.

Estructura de La cadena fácil.

Evan Dara divide La cadena fácil en dos partes muy diferenciadas. Ambas partes se encuentran separadas por lo que algunos llamanel hueco”, once páginas con escaso contenido narrativo, a veces frases sueltas, a veces una sola palabra, una letra o incluso una página completamente en blanco.

En la primera parte asistimos a una narración coral. Encontramos a muchas voces que proporcionan, de forma a menudo inconexa, diferentes informaciones sobre el protagonista, Lincoln Selwyn. El lector rara vez sabrá quiénes son los narradores. Solo sabemos que quienes hablan son personas que conocieron a Lincoln, pero Evan Dara rehúye dar más explicaciones.

Lo que encontraremos en esta primera parte se refiere, sobre todo, al ascenso social y económico de Selwyn en Estados Unidos, una visión irónica e incluso cínica del famoso sueño americano en la América de las oportunidades.

En la segunda parte, Evan Dara se centra en el declive del protagonista. Para hacerlo, recurre a técnicas cada vez más complejas. Aunque la estructura coral permanece, Evan Dara mezcla junto a esas múltiples voces otros elementos más propios de la escritura, como correos electrónicos, artículos, páginas enteras escritas de una manera que podríamos denominar “versificada”, monólogos interiores, frases entrecortadas, interrumpidas, y un largo etcétera.

El propósito del autor parece claro: producir en el lector una sensación de caos, desorden y confusión para, paradójicamente, hacer más evidente la decadencia del personaje.

Esta complejísima estructura nos recuerda, sin pretender comparar, al estilo del Ulises de Joyce, en el que esa mezcla de recursos literarios parecen tener como denominador común la búsqueda de una musicalidad aunque, eso sí, requiere de un esfuerzo lector que puede resultar agotador.

Quién es Lincoln Selwyn y qué detalles componen su biografía.

Hablar de La cadena fácil es hablar de su protagonista. La pregunta es ¿quién es ese Lincoln Selwyn del que todos hablan? Todo lo que sabemos de él proviene de fuera. Hagamos un breve resumen.

En el año 2000, este joven emprende un viaje con destino a Chicago para iniciar una nueva etapa académica: este alumno desea cursar estudios de Humanidades, motivado por su propósito de ampliar su conocimiento. Sin embargo, más allá de esta motivación académica, el viaje pone el acento en los cambios significativos que transforman la vida de Lincoln Selwyn.

Tras llegar a su nuevo destino, experimenta una importante popularidad. El joven realiza muchos contactos y alcanza el éxito económico en una ciudad que parece no poner ningún tipo de límite a sus sueños. El lector se adentra en las novedades de la vida del protagonista a través de distintos testimonios que muestran su punto de vista sobre este ascenso social.

Estas distintas voces nos ofrecen una aproximación hacia los detalles que componen la biografía de Lincoln Selwyn. Y, sin embargo, no lo cuentan todo sobre un personaje que, más allá de la información, en algunos momentos parece un desconocido para el lector, que se hace nuevas preguntas sobre el personaje.

Las voces que comparten anécdotas, hechos y detalles de la vida del protagonista se centran en datos que describen una vida de lujo marcada por las fiestas, las posesiones materiales, la aparente felicidad, la abundancia económica y los contactos sociales. Pero no comparten detalles más profundos de su existencia y de su mundo interior.

Una vida de lujo, sueños cumplidos y éxito.

Este viaje describe un proceso vital que marca un punto de inflexión en la historia de este joven que fue criado en Holanda. Descubre un horizonte lleno de oportunidades en este destino por descubrir que se presenta como una nueva promesa.

Allí vive el triunfo en los negocios y se convierte en la persona de moda para todos. Como hemos comentado, el concepto de viaje forma parte de esta obra, que profundiza más allá de la superficie en torno a temas humanos como la oposición entre la verdad y la mentira, así como la diferenciación entre la autenticidad y la apariencia.

Un retrato de las contradicciones sociales.

Aunque la vida de Lincoln Selwyn es el hilo conductor de esta obra, el argumento va más allá de su historia. La cadena fácil nos muestra un retrato social en el que hay espacio para la crítica y la sátira. En concreto, la obra profundiza en torno a cuestiones de la sociedad capitalista.

Lincoln Selwyn experimenta una pérdida de prestigio social.

Como ya hemos mencionado, La cadena fácil posee dos partes: una en la que los lectores acompañamos al joven protagonista en su camino hacia el triunfo y el brillo social. Sin embargo, este estado no es permanente en la vida de Lincoln Selwyn, que experimenta una caída posterior de la que también seremos partícipes a través de la obra. De este modo, el libro, a través de sus distintas partes, ofrece distintas perspectivas de la existencia de este joven a partir de un fuerte contraste entre el éxito y el fracaso.

La visión del personaje y la descripción de sus aspiraciones tienen un nuevo enfoque en esta etapa posterior. En un momento de la historia, Lincoln Selwyn regresa de nuevo a Holanda porque tiene una razón importante: quiere buscar a su madre. Consigue este objetivo y, tras lograr este propósito personal, vuelve de nuevo a Estados Unidos. Allí, podremos observar que ha dejado distintos temas pendientes.

La cadena fácil es una novela extraña y exigente con una visión muy crítica y mordaz de la sociedad actual. Las apariencias, la impostura, la falsa felicidad construida de manera artificial están en el punto de mira de esta obra y el arma con que apunta Evan Dara no es otra que un uso distorsionado del lenguaje.

En conclusión, estamos ante una novela que va más allá de la apariencia y nos hace reflexionar sobre la difusa línea entre la verdad y la mentira, sobre la deconstrucción misma de la realidad. Esa misma realidad en la que acaso estamos viviendo ahora.

La cadena fácil. Evan Dara. Pálido Fuego.

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

Check Also

Albert Camus en la redacción de Combat

La noche de la verdad, de Albert Camus: el escritor comprometido

La noche de la verdad, de Albert Camus, reúne parte de su obra periodística. Al …

Deja una respuesta