La mujer de sombra. Luisgé Martín: La ternura de los monstruos

La mujer de sombra. Luisgé Martín.Reseña de cicutadry

Decía Sartre que el infierno son los otros. Personalmente creo, con Luisgé Martín, que el infierno está en nosotros mismos: estamos solos, aunque lo disimulemos a lo largo de toda nuestra vida y a veces lo disimulemos muy bien, pero lo que falla en ese mecanismo de supervivencia que nos montamos son los otros, porque no los podemos controlar. De ese infierno habla La mujer de sombra, una novela dura, desconcertante, profundamente erótica.

Luisgé Martín es de esos escritores impresionantes que no pueden cuajar en la lista de autores más vendidos porque es esencialmente incómodo, porque dice la verdad en lo que escribe y eso es algo muy difícil de digerir por parte de los actuales lectores complacientes. Con 27 años publicó un libro de relatos cuyo título ya era una declaración de intenciones: Los oscuros. Desde entonces ha ido ahondando en los entresijos del cuerpo y del alma humanos con una prosa exacta, certera, afilada, sin concesiones, con la que dice exactamente lo que quiere decir.

En La mujer de sombra tampoco se anduvo por las ramas y nos presentó a bocajarro una historia oscura y desnuda. Un hombre casado, Guillermo, conoce en un chat a una chica, Marcia. Sin preámbulos, ella le dice que le gustan los hombres dóciles para adiestrarlos, para ser complacida por su entrega y obediencia. Él nunca ha tenido un trato con una mujer así pero se excita con esa declaración. Cuando se ven por primera vez, ella le ordena que se desnude, lo obliga a arrodillarse, lo somete sin condiciones a castigos físicos y a humillaciones.

Se convierten en amantes durante tres años. Se ven regularmente en casa de Marcia, todas las semanas, pero ni ella se llama así ni él le dice su verdadera identidad, que está casado, que acaba de tener un hijo. Solo viven para su relación sadomasoquista. Un día Guillermo es sorprendido por su amigo Gonzalo cuando sale de una sesión con Marcia. Delante de un café, aún con la euforia del sexo intenso, le cuenta todo, absolutamente todo. Pocos días después, Guillermo muere en un accidente de tráfico.

¿Qué ocurre cuando alguien que participa en una relación adultera muere y el otro no lo sabe? Pasan los días, las semanas, los meses. El amante que sobrevive desconoce por qué el otro ya no lo llama. Un día, aparece un hombre en la puerta del piso de Marcia. Marcia ya no se llama así, ya que su verdadero nombre es Julia. Quien aparece es Gonzalo, el amigo de su antiguo amante, pero eso ella no lo sabrá.

Por el azar o porque Gonzalo sabe forzar las situaciones, Julia termina teniendo una relación con Gonzalo. El momento en el que se acuestan por primera vez es fundamental: Julia, es decir, Marcia, es dulce, sensible, pudibunda. Se sonroja al desnudarse. La mujer que ahora besa profundamente a Gonzalo no puede ser la mujer egoísta que se ensañaba a golpes con su amante atado a un radiador. ¿Cómo puede confesarle que la ama porque otro hombre antes le habló de ella?

Luisgé Martín parte de una premisa: todos tenemos secretos. Puntualmente podemos compartir nuestra verdad íntima con alguien, pero tarde o temprano llega el ocultamiento, a veces mínimo, pero siempre inconfesable. Gonzalo sabe que Julia le oculta su pasado por el que lógicamente no quiere preguntarle. Busca las huellas de Marcia, recuerda algunas cosas que le contó Guillermo, por ejemplo que el vecino de enfrente presenciaba las brutales sesiones a las que Marcia sometía a su amigo.

Lo que era una vida sedentaria y tranquila se convierte para Gonzalo en una pura indagación. Parece imposible que esa mujer cariñosa y vulgar que lo espera cada día en su casa sea la mujer caprichosa y cruel que abría aquella ventana. Un día llega a ver esa ventana desde casa del vecino, habla con él, confirma sus sospechas.

De engaño en engaño se adentra en los abismos del secreto. Internet es ese abismo. Se abre una cuenta en un chat aparentemente inocuo. Unas veces se hace pasar por mujer, otras por homosexual, por pareja morbosa, por sumiso, por dominante. Espera que un día aparezca Marcia. Mientras tanto aparecen otros seres tan oscuros como él: PrincesaSucia, una mujer casada y católica, insatisfecha sexualmente de su marido impotente que por principios morales se niega a mantener una relación adúltera con un hombre y por eso se lo hace con su perro; Martina, una mujer madura que sin querer contacta con un vecino al que le hace felaciones sin más compromiso hasta que se enteran otros hombres del bloque a los que termina haciendo felaciones en grupo; Dorian, un chico de 19 años que se dedica a la prostitución después de que tres años antes su padre comenzara a sodomizarlo los dos días de la semana que pasaba con él, cumpliendo la sentencia de divorcio.

Todo parece truculento pero es que la vida tiene truco, esa parte fundamental que oculta el mago y que todos desconocen dejándose llevar por la apariencia, solo por lo que ven. Un padre contacta con Gonzalo por el chat: ofrece a sus dos hijos adolescentes, una chica y un chico, para que desconocidos tengan sexo con ellos mientras los jóvenes quedan sin voluntad por efecto de las drogas. Ese hombre es afable, educado, discreto. Gonzalo puede ver en su mirada la bondad de los vampiros, la ternura de los monstruos.

Él mismo es un monstruo. Encarga a un detective privado que le informe sobre la vida de los pocos amigos y conocidos que tiene. Quiere saber más secretos, quiere embriagarse con el poder que otorga conocer los secretos de alguien. Es el gobierno de los tiranos, de los caudillos: la información es poder, entrar en los sueños reales de alguien es someterlo.

El único secreto que no conoce es el de su mujer, Julia, o Marcia. La sigue, la controla, se obsesiona con esa otra vida que tienen nuestras parejas y que no compartimos: sus horas en el trabajo, algunas salidas con amigas o para ir sola de compras. Ni siquiera eso le vale: en algún momento, sin que su marido se entere, Julia puede abrir el ordenador o entrar en el móvil, poner un nick en un chat, volver a ser Marcia. Gonzalo decide revivir a su amigo Guillermo; al fin y al cabo ella no sabe que murió. Le escribe la primera carta dirigida a Marcia.

Los libros de Luisgé Martín se leen con el estómago, con las entrañas. A la vez, tienen un extraño efecto hipnótico: como su prosa es precisa, penetrante, la lectura tiene la morbosa sensación de un dedo que indaga en una herida propia; uno no quiere seguir haciéndolo, pero lo hace. Decía Woody Allen que el sexo solo es sucio si se hace bien. Luisgé Martín va más allá: el sexo solo se hace bien si es secreto, hermético, un mundo privado y cerrado entre una pareja que si fuera hecho público resultaría chocante, inexplicable para los demás.

La mujer de sombra es una de esas lecturas inquietantes que permiten profundizar en las oscuridades del ser humano, esas parcelas a las que, aunque nos avergüencen, somos incapaces de renunciar.

La mujer de sombra. Luisgé Martín. Anagrama.

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Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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