La visita del arzobispo, de Ádám Bodor: un universo kafkiano hecho realidad

La visita del arzobispo, de Adam Bodor

La visita del arzobispo, de Ádám Bodor, es una de esas historias oscuras de la Europa del este que, indudablemente, hacen recordar la juventud del autor y las despiadadas experiencias en un entorno autoritario. En esta ocasión, Ádám Bodor representa a una región de los Cárpatos dominada por el orden eclesiástico, que ejerce su voluntad en la zona a placer.

Una visita que nunca llega

Ádám Bodor crea en su obra una población imaginaria, llamada Bogdanski Dolina. Específicamente se encuentra en la zona montañosa de los Cárpatos. A través del personaje principal, Gabriel Ventuza, podemos ver una atmósfera irrespirable, centrada en un hospital para enfermos pulmonares, cuyo nombre es Izolda.

Gabriel se desplaza a este lugar con la intención de exhumar a su padre, conocido por tener una vida desenfrenada, además de dedicarse a actividades mal vistas. En su traslado a la población, sufre un asalto y se ve con la necesidad de aceptar ropas clericales, que le permitirán andar a sus anchas en este inhóspito paraje, abandonado de toda esperanza para sus residentes.

Bogdanski Dolina, la población tempestuosa

Bogdanski Dolina se ha convertido para sus residentes en una población donde no hay descanso. Es un vertedero viviente, donde la putrefacción invade a todos sus pobladores, que intentan hacer una vida normal, trabajando en una manufactura de botones y peines, esperando con añoranza contemplar un rayo de luz para su dicha.

Entre las toneladas de basura que rodean a la localidad, sobrevuelan miles de gaviotas y demás pájaros buscando de qué alimentarse. Pero a pesar de tanta desolación que podemos observar en la descripción de cada lugar, nos sorprende cómo el autor nos describe la necesidad de contemplar una noche cerrada que nunca llega. Como si los montones de basura tuvieran luz propia, con la única intención de no dejar descansar a los habitantes de Bogdanski Dolina ni por un instante.

La obsesión por el arzobispo

Tal vez, por el clima tan penoso que debe aguantar la población, se siente un deseo ferviente por la llegada de un arzobispo, en el que muchas personas ponen todos sus sueños. Esperan ser agraciados no solo por su presencia, sino por favores que tienen pensado pedirle.

Nunca llegará este religioso, por lo que se le hará fácil a Gabriel Ventuza tomar su puesto, ganándose, de primera mano, la aceptación del pueblo.

En su papel de religioso podrá oír los secretos de muchos pobladores. Sabremos cómo se desenvuelven los hechos de los personajes secundarios, como la peluquera Mauzi Anies, que no deja de soñar con ese amor que nunca llegará, o Natalia Vidra y su impactante historia marcada por un rayo que la dejó sin ningún vello en el cuerpo.

A veces nos puede parecer que las historias se entrecruzan, sin mostrar un denominador común. El hilo de la narración aparenta transmitir pequeñas historias personales que en un momento de la obra podemos no comprender. Solo al alcanzar el final de la misma veremos cómo todas se encuentran y terminan teniendo un sentido para nosotros, los lectores.

La vida dentro de Izolda

Es imposible no contemplar en Izolda una parte autobiográfica de  Ádám Bodor en su juventud. Este hospital es más que un sanatorio. Se convierte en una especie de cárcel para enfermos que acabarán sus días bajo el maltrato de sus supuestos cuidadores, que se divierten, en ocasiones, lanzándoles piedras.

En un ambiente irrespirable, todo parece perder cualquier atisbo de humanidad. Es normal que necesitemos mucha fortaleza interior para ver lo inhumano de la situación del enfermo en este paraje.

Un libro que merece la pena, sobre todo por mostrarnos un paisaje no tan conocido en el oeste europeo. Ádám Bodor nos permite, a través de su obra, meternos en sus duras vivencias de la juventud, aunque mostrándonos un giro de su realidad.

La visita del arzobispo. Ádám Bodor. Acantilado.

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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