Lord Jim. Joseph Conrad: Una conciencia atormentada

15.LordJimNo es fácil ser un cobarde ante los ojos de los demás; solamente un necio con puro miedo y pocos sentimientos se siente siempre a salvo. Tampoco es difícil ser un héroe; un héroe sólo es una persona corriente al que se le pide hacer cosas extraordinarias en circunstancias extraordinarias. Joseph Conrad (1857-1924) imaginó que un hombre podía abrazar los dos extremos, la cobardía y el heroísmo, y los fundió en el protagonista de Lord Jim (1900).

Lo que relata Joseph Conrad es la historia de un fracaso, una expiación y una catarsis. Cuando lo encontramos en las primeras páginas, Jim es un corredor de agencias portuarias que desea a toda costa ocultar un hecho. Se le ve desubicado, fuera de su lugar natural. Desde muchacho se veía salvando gente en un naufragio, picando mástiles en medio de un huracán, imponiéndose a amotinadas tripulaciones en alta mar. Pronto encuentra la oportunidad de demostrar su triunfante seguridad como piloto a bordo de un vapor, el Patna, que lleva a ochocientos peregrinos desde Oriente a la Meca.

Una noche, el Patna se encuentra con los restos abandonados de un barco y empieza a hundirse. Jim sólo logra quedarse parado, mirando todos esos cuerpos tendidos, como sentenciados, seguro de que nada puede salvarlos, ni los escasos botes de salvamento, ni el escaso tiempo para avisarlos. Su imaginación le representa todos los horrores: el torrente humano precipitándose, los gritos lastimeros, todos los incidentes más horribles de un naufragio. La batalla está perdida, y entonces toma la decisión que arrastrará como una maldición toda su vida: con una extraña ilusión de pasividad, como si fuera manejado a su antojo por un poder infernal, salta a un bote junto a tres tripulantes y abandona el barco a su terrible destino. ¿Quién no hubiera hecho una cosa así?, piensa Jim: otros muchos hubieran actuado igual, y no se habrían considerado un perro asqueroso como él.

Pero el barco finalmente no se hunde y las autoridades ordenan una investigación. Jim podría haber huido, buscado otros puertos, otros trabajos, pero él sabe la verdad y toma la resolución de afrontar su particular penitencia. No le importa el resultado del juicio, sólo que nadie sepa en ningún sitio que él es Jim, el portador de una bochornosa vergüenza que lo convierte en un paria ante los hombres.

Comienza su penoso exilio como corredor de agencia en los puertos de Oriente, pero dicen que el mundo no es mucho mayor que un grano de mostaza, y en todos los lugares terminan reconociéndole. En toda la tierra no parece haber un solo sitio donde retirarse, donde estar a solas con su propia soledad. Para Conrad, Jim es un héroe condenado por la culpa a enfrentarse a su propio destino que, de forma inevitable, lo llevará a la destrucción.

¿No será Jim un héroe romántico que lucha contra su propia lucidez? No lo sabremos a ciencia cierta, porque precisamente la fuerza insólita de este personaje se debe a la forma con la que se nos presenta a los lectores: Joseph Conrad utilizó una estructura muy sofisticada para narrar la historia, de manera que serán múltiples los puntos de vista desde los que observaremos la conducta de Jim. El narrador principal será Marlow, un capitán de barco que nos relatará todo lo que sabe acerca de Jim como si estuviera ante un grupo de oyentes, sentados en una taberna. La verdad, por tanto, nunca podrá ser descubierta, sino sólo vislumbrada a través de diálogos y situaciones que nos describirá Marlow.

Será el propio capitán el que le ofrezca una segunda oportunidad a su amigo: un lugar tan remoto, que nadie podrá haber escuchado su nombre. Allí se dirigirá el atribulado personaje y a partir de ese momento conoceremos a otro Jim bien distinto, querido, respetado y aún admirado, con la aureola de una leyenda de fuerzas y de proezas en torno a su nombre.

Dejará atrás sus faltas terrenales, el pésimo concepto en que la gente le tenía, y se hallará en condiciones totalmente nuevas para desplegar toda su facultad imaginativa: será un hombre que jamás existió anteriormente. Perdido en la selva de Malasia, ya no volverá a ser Jim, sino Lord Jim. La conquista del amor, del honor, de la confianza que depositan los hombres; el orgullo que esto engendra; la fuerza que comunica, son los materiales que utilizará Conrad para forjar con ellos una narración heroica. La historia de esta redención merece estar entre lo mejor de la historia de la literatura.

Lord Jim no es sólo el testimonio de la debilidad, la fragilidad y la ambigüedad humanas, sino también del valor que toda persona puede llevar dentro de sí. Lo que revela Joseph Conrad en esta novela es el misterio de la condición humana cuando es llevada al límite de sus posibilidades, y también la demostración de que toda elección tiene sus consecuencias.

Sólo el genio de Conrad podía llegar a ahondar tan profundamente en la psicología de un hombre corriente que se ve arrastrado por las circunstancias y que, a pesar de ello, lucha contra ellas. Lord Jim es toda una lección de maestría para quienes quieran disfrutar de la literatura y sus enseñanzas en estado puro.

Lord Jim. Joseph Conrad. Debolsillo.         

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Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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