Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza: El recurso de la candidez

Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza. Reseña de Cicutadry

Sin noticias de Gurb fue la primera novela que Eduardo Mendoza escribió por entregas, recuperándose con ello la vieja tradición del folletín tan querida por los diarios españoles en el pasado. Fue publicada como libro en 1991. Es su novela más vendida y uno de los mejores ejemplos de la literatura de humor española de finales del siglo XX. Como veremos, también es el tipo de narración más querido y característico del escritor barcelonés.

Extraterrestres en nuestro planeta

No creo que haga falta recordar el argumento de Sin noticias de Gurb: dos extraterrestres aterrizan en la Barcelona preolímpica. Uno de ellos, Gurb, toma la apariencia de la cantante Marta Sánchez –digamos que una apariencia rotundamente femenina- y el otro extraterrestre, cuyo nombre nunca sabremos, se dedica a buscarlo. Esta búsqueda la documentará en un diario que abarca quince días, los mismos días que fue apareciendo la narración en el periódico El País, en 1990.

El modelo narrativo que esta vez escogió Eduardo Mendoza es muy evidente: el cuento de Voltaire Micromegas. En este relato, dos extraterrestres –Micromegas y un enano- llegan a nuestro planeta y descubren la filosofía de Locke y santo Tomás. El asombro ante los pensamientos de estos dos autores resalta el choque entre la realidad y el pensamiento teórico.

En el caso de Sin noticias de Gurb, Mendoza adapta este tipo de narraciones de extrañeza –Cartas persas de Montesquieu o Cartas marruecas de Cadalso- al choque entre la realidad cotidiana de una ciudad y sus habitantes frente a la ingenuidad de un extraterrestre que ignora absolutamente todo acerca de las costumbres locales y trata de adaptarse como buenamente puede.

El recurso humorístico favorito de Eduardo Mendoza

Aunque ya lo había utilizado con anterioridad en El misterio de la cripta embrujada y en El laberinto de las aceitunas, en Sin noticias de Gurb Mendoza lleva el absurdo y la paradoja corrosiva a su mayor apogeo basándose en un recurso narrativo que, bien empleado, produce momentos hilarantes.

Me estoy refiriendo a lo que llamo el recurso de la extrañeza, o la candidez, puesto que su referente más obvio es el Cándido de Voltaire. Este recurso consiste en situar a un personaje en un lugar y contexto absolutamente ajenos a él pero muy reconocibles por parte del lector, de manera que los actos, pensamientos y conclusiones de este personaje son en general disparatados, y cuando no lo son, es porque lo que es disparatada es la realidad.

En cualquier caso, el efecto siempre es cómico. Decía Woody Allen que la comedia es tragedia más tiempo, pero Mendoza elimina ese efecto tiempo, se alía con él y hace que la comedia sea tragedia más ignorancia. Precisamente la actualidad determina el efecto corrosivo, crítico, el momento en el que el cándido personaje pone a descubierto las carencias y las miserias de la realidad que vive y conoce el lector. Esta actualidad, en otras ocasiones, no tiene por qué ser la del lector, sino solo la del personaje, como ocurre en El asombroso viaje Pomponio Flato, que sigue desconociendo las circunstancias que está viviendo, pero no así el lector, buen conocedor de los Evangelios.

Recursos y más recursos

Este recurso de la extrañeza debe ser sabiamente utilizado. Eduardo Mendoza, que de por sí suele usar un modo de expresión llano y sencillo –muchas veces, solo en apariencia-, lleva hasta el extremo la exposición llana de los hechos en Sin noticias de Gurb. El extraterrestre cuenta lo que le ocurre a través de un diario, es decir, expresa exactamente lo que le ocurre, con un presunto lenguaje objetivo que de pura objetividad lleva a la risa. Además, utiliza frases muy cortas, en ocasiones telegráficas: otro recurso que da excelentes resultados para suscitar la carcajada.

Confiesa Eduardo Mendoza que aceptó el encargo de escribir Sin noticias de Gurb por entregas en la creencia de que liquidaría la narración en pocos días y después se podría ir de vacaciones con su familia. Su sorpresa fue que midió mal la extensión de la obra y a los pocos días de comenzar su publicación, lo llamaron de El País para decirle que necesitaban bastante más material del que había enviado.

Provisto de un Amstrad, uno de los primeros ordenadores personales que aparecieron en España, se percató de las bondades del corta-y-pega, y alegremente se dio a tan feliz descubrimiento, resultando a la postre uno de los mejores recursos humorísticos de la novela, como se puede comprobar en estos primeros pasos de nuestro extraterrestre por las calles de Barcelona:

15.02. Me caigo en una zanja abierta por la Compañía Hidroeléctrica de Cataluña.

15.03. Me caigo en una zanja abierta por la Compañía de Aguas de Barcelona.

15.04. Me caigo en una zanja abierta por la Compañía Telefónica Nacional.

15.05. Me caigo en una zanja abierta por la asociación de vecinos de la calle Córcega.

La especificación de la franja horaria y la repetición de la misma frase en cuatro líneas consiguen, incluso visualmente ante los ojos del lector, ese efecto de hilaridad del que venimos hablando.

Parodia y caricatura

Otro ejemplo, en el que Mendoza vuelve a utilizar el corta-y-pega, busca la carcajada por la saturación de las acciones –y la inoportunidad de ellas– como se puede observar en este extraño modo que –a “imitación” de los humanos- tiene de ligar con su vecina:

20.35 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido dos cucharadas de aceite.

20.39 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido una cabeza de ajos.

20.42 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido cuatro tomates pelados, sin pepitas.

20.47 Vuelvo a llamar a la puerta de mi vecina. Me abre ella personalmente. Le pido medio kilo de gambas peladas, cien gramos de rape, doscientos gramos de almejas vivas. Me da dos mil pelas y me dice que me vaya a cenar al restaurante y la deje en paz.

La extraordinaria capacidad de Eduardo Mendoza para la parodia no tiene fin. Y el uso de la parodia no es nada fácil: necesita de la absoluta identificación del lector con el hecho parodiado. Tal como razona el ser humano, lo más reconocible por su parte es precisamente lo que más critica, lo que peor aparece ante sus ojos, ya que en lo bueno, en la bondad, apenas repara. De ahí que toda buena parodia sea una crítica, y en este sentido, Mendoza en Sin noticias de Gurb da rienda suelta, a través de su extraterrestre, a lo que los españoles pensamos pero no decimos, como se puede ver en estos ejemplos:

“Composición del agua: hidrógeno, oxígeno y caca”

“En Barcelona llueve como su Ayuntamiento actúa: pocas veces, pero a lo bestia.”

“Porque los catalanes siempre hablan de lo mismo, es decir, de trabajo…No hay en toda la Tierra gente más aficionada al trabajo que los catalanes. Si supieran hacer algo, se harían los amos del mundo.”

Y de la parodia, bien llevada, Mendoza se adentra en un nuevo territorio, la caricatura, que utilizará ya de una forma persistente en una novela posterior, La visión del Archiduque, si bien en esta novela lo hace dentro de la crítica social:

«No hay una habitación libre en toda la ciudad, porque, según me informan, se está celebrando un Simposio sobre Nuevas Formas de Rellenar los Pimientos del Piquillo».

«No sé por qué algunas personas prefieren habitar en barrios como San Cosme, de triste recuerdo, pudiendo hacerlo en barrios como Pedralbes».

Una ilustre literatura de humor

Eduardo Mendoza se ha convertido, con el tiempo, en el único caso de escritor de literatura de humor en España. Ha habido intentos aislados por parte de otros autores –por lo general, imitándolo- pero, por desgracia, se ha quedado solo. Como tantas veces hemos repetido, a sus innegables dotes humorísticas, Mendoza une una soberana libertad compositiva y un desprecio absoluto por el qué dirán, por el ridículo, tan temido en España. Hace lo que le da la gana, y se nota en sus novelas.

Él mismo se ha echado muchas veces piedras sobre su tejado, aceptando en entrevistas y coloquios que tacharan novelas como Sin noticias de Gurb de menores, incluso calificando él mismo este tipo de obras como “novela de aeropuerto”. Sospecho que en muchas ocasiones Mendoza –como buen humorista- es el primero que se ríe de sí mismo.

Sea en un aeropuerto o en el sillón de una casa, Sin noticias de Gurb es todo un ejemplo de literatura de humor, y además de humor blanco –el más difícil- sin que por ello pierda su carga de crítica social y en ocasiones de crónica corrosiva. El recurso de utilizar un extraterrestre para contar lo que sucede en la vida cotidiana de una ciudad no deja de ser un símbolo, una advertencia, y en esta ocasión muy seria, de que es fundamental ponerse en el lugar de ojos ajenos para ver lo peor y lo mejor de nosotros mismos, y que por ello podamos ser motivo de risa o de pena.

Sin noticias de Gurb. Eduardo Mendoza. Seix Barral

Acerca de José Luis Alvarado

Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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