Cuentos del Mar de los Sargazos. W. H. Hodgson

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El gran Mar de los Sargazos es una extensa aglomeración fluctuante de algas situada en la franja central del Océano Atlántico, que se desplaza cientos de kilómetros a causa de las tormentas y los vientos dominantes, aunque ateniéndose siempre a unas fronteras determinadas. William Hope Hodgson (1877-1918), marino mercante, profesor de gimnasia y más tarde escritor, supo encontrar en esta extraña zona marítima un buen motivo para indagar en las oscuras fuerzas que oculta la Naturaleza, lejos de la indiferencia o la hermosura que se le atribuye. Si para el marino de profesión el mar es un constante enigma, para Hodgson, que lo conocía bien, es un permanente peligro acechante.

Con Cuentos del Mar de los Sargazos (1906), el autor inglés comenzó una excelente carrera como escritor de terror, tanto en las narrativa corta como en la novela, que se vio prematuramente truncada por su muerte en la Gran Guerra, y que tuvo una gran repercusión en escritores posteriores, como H. P. Lovecraft, que lo admiraba. Por tanto, los aficionados a este género no se extrañarán de su aparición en estas páginas, pero entendemos que el resto de los lectores se sorprenderán cuando descubran a un escritor cuya maestría para la tensión narrativa y la creación de atmósferas morbosas y perversas debe ser reclamada a pesar de que su obra se encuentra encasillada en un género que se considera menor.

José María Guelbenzu, que aparte de ser un admirable escritor es un crítico sagaz y de gusto exquisito, ha diferenciado con gran acierto entre dos géneros que por lo general se confunden: el del miedo y el del terror. Guelbenzu sostiene que los cuentos de miedo apelan a nuestra experiencia a través de la imaginación, es decir, se sostienen sobre bases reales que, por algún motivo imaginario, perturban la mente del lector.

Sin embargo, el terror es el pavor de un mal inminente que nos sobrecoge y que ataca directamente a nuestros miedos interiores procedentes de lo que de primitiva tiene la mente humana. El terror, a pesar de que pueda pensarse lo contrario, no supone una imaginación desbordada ni el planteamiento de situaciones horrorosas pero inverosímiles. Hodgson fue una buena muestra de escritor que conoce bien el tema sobre el que se basan sus relatos -el mar- y que describe con gran realismo cada suceso que expone. Pero al igual que el mar puede entenderse de una forma romántica e idílica, Hodgson lo considera, por el contrario, como un ser en sí mismo habitado por una vida abisal que en cualquier momento puede surgir y vencer al ser humano con toda la fuerza del mal.

No exageramos cuando indicamos que estos excelentes relatos de Hodgson pueden ser leídos como piezas antológicas de la narrativa corta. El propio Guelbenzu ha confesado que uno de los cuentos de esta obra, Desde el mar sin mareas, es el cuento de terror más impresionante que ha leído nunca.

W. H. Hodgson tuvo la suficiente habilidad para enmarcar el sobrecogimiento que buscaba en el lector dentro de un espacio de la naturaleza especialmente extraño: un mar con una población inmensa de sargazos que flota a la deriva. En sí ya hay un motivo de peligro para los barcos que se adentren en ese territorio: a la viscosidad un tanto repugnante de este tipo de algas se suma la falta de transparencia del agua, como si el mar en ese lugar no fuera el mar que todos conocemos sino una trampa para quien se adentre en él donde pueden esconderse organismos ignorados que el ojo humano no ha podido descubrir o, lo que es más espantoso, si los descubre después no puede contar lo que ha visto.

El relato que hemos indicado anteriormente, Desde el mar sin mareas, ofrece todos los ingredientes de lo que serán el resto de cuentos del libro. La historia tiene un comienzo convencional y un final estremecedor. Unos marineros encuentran una barrica flotando entre las aguas, dentro de la que descubren un estuche de forma cilíndrica, bien embreado, que contiene una carta, una carta fechada unos 29 años antes y arrojada al mar desde un barco que se dio por desaparecido.

La carta contiene el relato pormenorizado de los sucesos que le han ocurrido a uno de los tripulantes del barco y cuya intención es recibir ayuda. Así descubriremos el pavor de lo que supone entrar en el terrible Mar de los Sargazos.

Tras una fuerte tormenta, el barco, perdidos los mástiles, se va adentrando poco a poco en un banco de algas. Al principio, el vigía parece avistar en el horizonte el azul liberador del mar, pero con el tiempo esta esperanza se va perdiendo. En un momento dado, el barco queda encallado entre las algas. Lo que viene posteriormente es narrado por el desesperado superviviente como una prueba del Infierno: una criatura de la que solo se le puede ver los grandes ojos, habita bajo las algas, acechando el momento de elegir su víctima para ahogarla entre sus poderosos tentáculos. El resto de escenas inquietantes son narradas con un realismo extremo.

Pero Hodgson, sabedor de que el terror sin más no llega a todos los lectores, añade un ingrediente devastador: la propia condición humana. El narrador de los hechos cuenta que se casó con la hija del capitán pocos días antes de que éste muriera, y que a los pocos meses nació una niña en aquella cautividad, perdida en lo más ignoto del océano. Más que el terror producido por los seres que habitan bajo las algas, lo terrible es la angustia reflejada por ese hombre que tiene que mantener a su familia en mitad de la nada, sin posibilidad de ser rescatado, enterrado sobre la superficie de un mar muerto. Cuenta las provisiones y calcula que podrán permanecer 17 años a bordo antes de morir de hambre: 17 años.

Lo estremecedor de este relato es que más tarde se encuentra un nuevo mensaje procedente del barco varado, el quinto desde que el padre de familia comenzara la tarea imposible de intentar que alguien conociera su realidad. La niña ha crecido; la escasez de alimentos es preocupante; nuevos seres han abordado el barco con intención de matar a sus ocupantes. Pero lo que resulta más entrañable es ese padre que entre el horrible panorama que lo rodea, se preocupa porque su hija pueda conocer algún día algo más que la desoladora vista de un mar tenebroso en el que nada se mueve.

Al igual que este magistral relato, el resto de los contenidos en el libro reflejan la preocupación de su autor por aunar el terror con lo humano, las pasiones con lo desconocido. Pocas veces un género tan denostado ha alcanzado un nivel de excelencia literaria como en esta obra.

La edición española de la obra reseñada se encuentra incluida en un libro de cuentos completos de terror en el mar, de W. H. Hodgson que pasamos a señalar:

Los mares grises sueñan con mi muerte. W. H. Hodgson. Valdemar.

 

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Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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