El diablo en el cuerpo. Raymond Radiguet

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Es cierto que el amor no tiene edad, pero cada edad tiene su amor. La vida de Raymond Radiguet (1903-1923) bullía tan deprisa como sólo les ocurre a las personas que van a morir jóvenes y viven a marchas forzadas, igual que le ocurre al protagonista de El diablo en el cuerpo (1923), la novela que el escritor francés escribió con 17 años, tres antes de morir. Radiguet nos mostró en esta breve novela su idea del amor, pero ¿qué idea puede tener del amor un joven de 17 años? Sólo la de un sentimiento que se desgasta con facilidad, con la inmadurez propia de los años.
 
En la novela, el protagonista tiene 15 años cuando conoce a Marthe, la hija de unos amigos de sus padres, una chica cuya bondad quedará demostrada a lo largo de la obra y que se va a casar con un soldado que está en el frente. Corren los años de la Primera Guerra Mundial. Hay que imaginar lo que la guerra supuso para muchos chicos: cuatro años de grandes vacaciones. Para este adolescente, además, aventajado alumno y niño mimado por sus padres, va a suponer el descubrimiento del amor.
 
Sin embargo, no esperen los lectores una historia de amor al uso. Es un amor adolescente, entre adolescentes que juegan a ser adultos, con todo lo que ello conlleva. Además, el protagonista, marcado por una personalidad engreída e irresponsable, añadirá a su falta de cualidades una crueldad sorprendente. Desde que conoce a Marthe no cejará en su empeño de imponer sus caprichos. Por ejemplo, el día que acompaña a ésta para comprar los muebles de su futuro dormitorio de matrimonio, elegirá aquellos que le resultan más feos y, por supuesto, los más alejados de los gustos de la muchacha. El poder se manifiesta tan sólo cuando se utiliza injustamente. Desde el principio, el joven quiere marcar su territorio de una forma que indigna al lector, que contempla cómo la joven se pliega mansamente a los desmanes de su voluble pretendiente.
 
Un mes después de su matrimonio, Marthe invita al joven a su casa. En pocos días, la pasión los arrastrará el uno hacia el otro. El instinto los guía, y el instinto es una guía que conduce a la perdición. Marthe cree descubrir que nunca ha amado a su marido: a la luz de la lumbre, arroja las cartas sin abrir que el soldado le envía desde el frente. La guerra alcanza poca importancia cuando vence la pasión individual. Seguido por su crueldad instintiva, el joven empieza a sentir celos del marido engañado. En cualquier otro momento, desear la muerte del marido hubiera sido una quimera infantil; pero ahora ese deseo resulta tan criminal como si realmente hubiera sucedido. A la guerra le deben los dos jóvenes su naciente felicidad.
 
Muchas veces creemos ser los primeros en sentir ciertas turbaciones, ignorando que el amor es como la poesía y que todos los amantes, hasta los más mediocres, se creen innovadores. El joven le reprocha a Marthe que lo abandonará cuando el marido regrese de la guerra. ¿Puede tener acaso futuro un amor que ha nacido de una circunstancia tan adversa? El joven, en algún momento de lucidez, se pregunta si acaso no es para ella un pasatiempo, un capricho del que podrá librarse de la noche a la mañana, pero nosotros, que lo leemos, comprendemos que ella no lo dejará y que es precisamente Marthe la que es un capricho para él. Pero el amor es egoísta, igual que la felicidad, y él no quiere comprender las consecuencias de sus actos: el affaire es un secreto a voces entre los vecinos y los conocidos de los jóvenes, entre sus propios padres que ocultan ignominiosamente al marido el comportamiento de la joven, pero no por ello dejan de verse a la luz del día y disfrutar de su pasión. El aroma de lo provisional excita sus sentidos. Mientras tanto, el joven va modelando a Marthe a su imagen, y ella lo soporta todo. ¿Por qué lo hace? Ella se muestra feliz y el joven se siente molesto porque no comparte esa felicidad. Es posible incluso que él no esté enamorado de Marthe, sino que está enamorado del amor, de la excitación de lo prohibido, de la clandestinidad de sus relaciones: El diablo en el cuerpo es en realidad una historia muy triste, la de los amores tóxicos.
 
Cuando creen que su unión depende exclusivamente de la paz, del regreso definitivo de las tropas, una nueva circunstancia inesperada se cruza en su apremiante pasión. A partir de ahí, el relato se convertirá en una terrible trama de engaño y destrucción.
 
El diablo en el cuerpo es la historia de una degradación, de las consecuencias catastróficas de un amor ingenuo, inconsciente e inmaduro, que no necesariamente ha de ocurrir en la etapa de la adolescencia, aunque también se trata de una celebración de la conducta adolescente: la rebeldía, la curiosidad, el despertar sexual, la madurez impuesta a la fuerza. El talento de Radiguet se desprende del conjunto de una excelente novela que aborda sin piedad los recodos más escabrosos del despertar adolescente, de los comportamientos inmaduros. El diablo en el cuerpo habla magistralmente de ese sentimiento que llamamos amor, sin que tenga nada que ver con lo que realmente supone amar: todo un aviso para los que confunden el equilibrio con la pasión.
 
El diablo en el cuerpo. Raymond Radiguet. Pre-Textos.
 

Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado

Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos.

Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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