Las 500 mejores novelas del siglo XX. Década 1911-1920

Para los lectores interesados en la buena literatura y que requieran de una guía de lectura fiable y contrastada, les ofrecemos esta lista de las que, a nuestro juicio, consideramos las 500 mejores novelas del siglo XX. Abarca cada uno de los cien años del siglo y pertenecen a 66 países de los cinco continentes. Muchas de estas novelas escapan de las convencionales recomendaciones al uso, recuperando autores ahora olvidados o pocos conocidos, siguiendo un escrupuloso criterio de selección que explicamos en este artículo.

Para visualizar el listado completo de las 500 mejores novelas del siglo XX, pinchar abajo.

1911

Zuleika Dobson. Max Beerbohm. Gran Bretaña

Con esta su única novela, Beerbohm entró en los anales de la literatura universal, aunque sólo fuera a fuerza de dar una nueva vuelta de tuerca a un tema tan manido e infinito como es el amor. Una vuelta de tuerca que trasroscó para siempre lo que puede dar de sí un enamoramiento sobre el papel. Zuleika, no hace falta decirlo, es de esas mujeres creadas para organizar el caos cósmico, una ninfa para la cual la admiración de los hombres constituye el elemento más importante de la vida. Una novela de amor extravagante hasta extremos ilimitados. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

Bajo la mirada de Occidente. Joseph Conrad. Gran Bretaña

Razumov, un joven normal, con una saludable capacidad de trabajo y unas sanas ambiciones, se encuentra un día en su casa con un viejo conocido suyo, que acaba de matar a un alto funcionario del gobierno. El amigo sólo le pide que lo esconda durante una noche y lo ayude a huir de San Petersburgo. En definitiva, que se convierta en cómplice de la revolución. En tales circunstancias, no valen las medias tintas: o se está con las víctimas o con los verdugos. Bajo la mirada del Occidente es una extraordinaria novela que puede leerse en clave política, psicológica o de aventuras, pero que es, ante todo, una obra de arte. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

El árbol de la ciencia. Pío Baroja. España

Andrés Hurtado es un hombre que trata de comprender el mundo a través de la ciencia médica, de la ciencia pragmática que ayuda a los humanos a sentirse mejor e identificarse con la vida a través de la salud, y que sucumbe ante el embrutecimiento de los hechos cotidianos, los únicos que realmente descubren tristemente el comportamiento del hombre. Una amarga novela sobre la supervivencia, en un entorno muy reconocible por la sociedad española. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

Fermina Márquez. Valery Larbaud. Francia

El peculiar trayecto de la tierna ambición a la más mínima falta de dignidad será la materia de esta novela, y no es un trayecto fácil de contar. Larbaud, con unos acertados recursos expresivos y una prodigiosa economía verbal, nos va adentrando en la compleja personalidad que se desarrolla en la adolescencia. Hay un momento en la novela en el que la estupidez y la genialidad comparten el mismo párrafo, en el que no se sabe si los dos protagonistas adolescentes, enamorados, forman una romántica pareja o una unión de cochambrosas personalidades. Es la gran novela sobre esa enfermedad pasajera que es la adolescencia. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

El ganso salvaje. Mori Ogai. Japón

Es la extraña historia de amor entre un estudiante y una muchacha que jamás se cruzarán una palabra, en un Tokio del siglo XIX pero aún feudal. Esta sutileza sólo es posible en un texto oriental: una mujer y un hombre cruzan sus miradas, tal vez se enamoran a primera vista, pero la mente oriental entiende que se tienen que dar muchas circunstancias para que esas dos personas terminen unidas; o visto de otra manera: el azar juega siempre con su brutal peso sobre los seres humanos y nada puede darse por sobreentendido. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

1912

Los dioses tiene sed. Anatole France. Francia

Anatole France retrató una de las épocas más controvertidas de la historia: la Revolución Francesa. Y dentro de ésta, su momento más sombrío, el período del Terror. Su protagonista principal, un incipiente pintor llamado Évariste Gamelin, va a ser el foco o la guía que el escritor francés utilice para internarnos en los entresijos institucionales de una forma de entender la ideología a favor del ciudadano actuando contra el propio ciudadano. Una de las mejores novelas acerca de la vulgarización y la rutina de la pena de muerte, y por extensión, de la propia muerte. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

El desaparecido (América). Franz Kafka. Checoslovaquia

La «novela americana» de Kafka, fue publicada por entregas, con el título de El fogonero, quedando inconclusa a la muerte del autor. Se trata del relato de las aventuras de Karl Rossmann, un muchacho de dieciséis años que embarca para el Nuevo Continente en busca de fortuna. En palabras de Jorge Luis Borges, «Karl Rossman, héroe de la primera [novela], es un pobre muchacho alemán que se abre camino en un inextricable continente; al fin lo admiten en el Gran Teatro de Oklahoma; ese Teatro infinito no es menos populoso que el mundo y prefigura el Paraíso».

La muerte en Venecia. Thomas Mann. Alemania

Entre el abismo y la belleza se debate en esta novela Gustav Aschenbach, un escritor disciplinado, solo y aislado hasta lo singular, dotado de un fuerte sentido de la responsabilidad, luchador infatigable contra sus limitaciones. Pero Aschenbach ha iniciado un descenso lento en su carrera, un temor insuperable a no acabar su obra. Así recala en Venecia, una ciudad que desde el principio aparece amenazante, insidiosa, corrupta. En el hotel conocerá a un muchacho de unos catorce años que lo cautiva inmediatamente con su belleza hasta la abyección. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

1913

El gran Meaulnes. Alain-Fournier. Francia 

Una de las grandes novelas emotivas que se han escrito y un clásico de la literatura francesa que ha trascendido el ámbito juvenil (así se la catalogó en su momento) para mostrar al lector de cualquier edad un universo mágico en el que los personajes, absolutamente normales y realizando actos cotidianos, provocan unas emociones que nos trasladan sin duda a nuestra infancia y juventud y a algo más estremecedor: la importancia de la amistad.

Petersburgo. Andrei Biely. Rusia    

Vladimir Nabokov afirmó que Petersburgo era una de las tres mejores novelas del siglo XX. En ella se narra acontecimientos transcurridos durante el último día de septiembre y varios días grises de octubre de 1905, entre mítines, huelgas, manifestaciones y proclamas obreras. Sin embargo, esta no es una novela histórica, sino el canto colosal a una gran ciudad y a sus, en ocasiones, muy estrafalarios personajes. Una de las mejores novelas de humor que se hayan escrito.

Azar. Joseph Conrad. Gran Bretaña

Azar es una novela anómala dentro de la producción de Joseph Conrad: es la primera en la que la protagonista es una mujer, y aunque en buena parte se desarrolla en un barco, éste no tiene la significación física de otros relatos del autor, aunque es fundamental para el desarrollo de la trama en cuanto a espacio aislado y claustrofóbico donde las pasiones son más difíciles de someter y controlar. Acaso sea Azar la novela más compleja estructuralmente de Conrad. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

Hijos y amantes. D.H. Lawrence. Gran Bretaña

Hijos y amantes retrata la historia de una familia en la cuenca minera de Nottingham, y en especial de una mujer, Gertrude Morel, esposa abnegada e inteligente, enérgica y vital. Casada con un hombre al que desprecia, simple y trabajador, que en muchas ocasiones la maltrata, Gertrude concibe cuatro hijos sobre los que vuelca todo su amor, en un ambiente de permanente lucha con la pobreza, la fealdad y la mezquindad. Lo extraordinario de esta novela es el perfecto estudio psicológico de los personajes, con sus anhelos y sus contradicciones extremadamente definidos. Estamos sin duda ante uno de los mejores análisis del complejo de Edipo que nos ha deparado la literatura. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

En busca del tiempo perdido. Marcel Proust. Francia

Quien se adentre en sus páginas vivirá una experiencia como lector que difícilmente se repetirá con otro libro, porque En busca del tiempo perdido es una novela única, irrepetible, sin duda una de las mejores de la literatura universal. Es cierto que sus 7 libros y sus 3.500 páginas son un obstáculo complicado de superar, pero el lector que consiga leer las primeras cincuenta se encontrará con un mundo complejo, lleno de matices, de profunda observación, elegantes descripciones y audaz penetración psicológica, que no podrá dejar de admirar. El gran secreto de Proust fue la manera que tiene de evocar el pasado, distinta a cualquier otra perspectiva que haya dado la literatura. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

1914

Los domingos de Jean Dézert. Jean de la Ville de Mirmont. Francia 

Si se piensa despacio, escribir o leer una novela sobre la monotonía puede resultar de lo más aburrido, aunque sea por simpatía con la trama. Sin embargo, el autor francés supo sacarle a su tediosa realidad una de sus aristas más agudas: la ironía. Con la ironía no hace falta la imaginación, sino que es suficiente el distanciamiento, y ya sabemos que la tragedia más tiempo da como consecuencia la comedia. A eso se aplicó Jean de La Ville: a mirarse a vista de pájaro, con la suficiente desconsideración como para reírse de sí mismo y, por extensión, de todos los Jean Dézert que inundan el planeta. Una novela, en definitiva, sobre cada uno de nosotros mismos. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

El proceso. Franz Kafka. Checoslovaquia

Posiblemente una de las novelas más importantes de la historia y que dio lugar a un adjetivo, «lo kafkiano». Lo kafkiano es la negación de la libertad, el deseo insatisfecho por algo que se nos impone desde una altura a la que no podemos acceder. Posiblemente, esta novela es la más kafkiana de Kafka en la que un hombre corriente se encuentra atrapado en una culpa que busca su castigo, siguiendo una lógica inversa a la idea de justicia. Desde entonces, todas las personas hemos vivido alguna vez una situación kafkiana. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

Kokoro. Natsume Soseki. Japón

¿Qué precio hay que pagar para conseguir lo que más quieres en la vida? En Occidente, la respuesta parece sencilla: nuestro sentido de la individualidad avala el egoísmo de nuestras acciones. Pero para la mentalidad oriental, este dilema no es tan fácil de dilucidar. “Kokoro” es una palabra japonesa de difícil traducción, puesto que en su definición abarca palabras tan abstractas y vastas como corazón, mente, interior, espíritu o alma. En cualquier caso, todos esos conceptos se pueden aplicar sin dificultad a la historia que cuenta esta novela. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

1915

El buen soldado. Ford Madox Ford. Gran Bretaña

La novela comienza con una frase memorable: «Ésta es la historia más triste que jamás he oído«. Y ciertamente lo es. Aunque la trama es muy compleja, el argumento puede ser resumido en pocas líneas: dos parejas ricas, una inglesa y otra estadounidense, se reúnen durante los veranos en un balneario de Alemania, unidos por una cómoda y profunda amistad. Durante nueve años y seis semanas serán cuatro personas con los mismos gustos y los mismos deseos, actuando al unísono. El único problema es que durante todo ese tiempo, toda eso es mentira. Una de las novelas más interesantes de lo que podríamos llamar «narrador poco fiable». (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

La metamorfosis. Franz Kafka. Checoslovaquia

El día 8 de marzo de 1914, Franz Kafka (1883-1924) escribía en su diario: «Es indudable que me encuentro metido en un hoyo que me rodea por completo pero en el que con toda seguridad aún no me he hundido por completo», y algunos meses después añadía: «Tener que soportar tales sufrimientos, ¡y causarlos!». Dos años antes, había comenzado la redacción de la que sería su obra más singular, La metamorfosis (1915) y nada nos impide pensar que detrás de este relato estremecedor haya mucho de los tristes y desarraigados sentimientos del propio escritor checo. Dijo Borges que la más indiscutible virtud de Kafka es la invención de situaciones intolerables. La metamorfosis, acaso sea, el más espeluznante de los textos de Kafka. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

Antología de Spoon River. Edgar Lee Masters. EE.UU.

Spoon River es un pueblo situado en el estado de Illinois, un pueblo cualquiera, un pueblo inventado, un pueblo donde sólo habitan muertos en sus tumbas. Su creador, Edgar Lee Master, cobrador de la compañía Edison, luego abogado, siempre escritor, inventó un libro inclasificable para contarnos la vida de un pueblo a través de sus muertos. Considerado como uno de los mejores libros de poesía del siglo XX, es una obra pasmosa que se puede leer como una novela porque contiene una bella e intrincada historia, la historia de ese pueblo y sus imaginarios habitantes contada a través de 244 epitafios escritos por los propios habitantes que yacen bajo las lápidas. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

Servidumbre humana. William S. Maugham. Gran Bretaña

El filosofo Baruch de Spinoza, como hace Somerset Maugham en su novela, entendía por servidumbre la impotencia humana para moderar y reprimir sus afectos, ya que el hombre sometido a los afectos no es independiente, sino que está bajo la jurisdicción de la fortuna, cuyo poder sobre él llega hasta tal punto que a menudo se siente obligado, aun viendo lo que es mejor para él, a hacer lo que es peor. Para Philip Carey, el protagonista de la novela, esta circunstancia lo llevará a la más absoluta abyección. Una estremecedora novela sobre la falta de amor en los demás. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

El Golem. Gustav Meyrink. Austria

La pretensión humana de ser como Dios es una idea tan antigua como el propio hombre. En la tradición judaica cuenta una leyenda que un rabino creó, según métodos de la Cábala, un hombre de arcilla, llamado Golem, para que lo ayudara, como su criado, a tocar las campanas en la sinagoga y a hacer todos los trabajos duros. Esta antigua leyenda fue recogida por el escritor Gustav Meyrink en una novela extraña, enigmática, ambientada en el gueto judío de Praga, con sus estrechas y sinuosas callejas, sus casas semiderruidas y sus equívocos habitantes de dudosa reputación cuyas vidas parecen marcadas por los caprichos de la Cábala y el esoterismo. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

El cielo en llamas. Mário de Sá-Carneiro. Portugal

Poco conocido fuera de su país, Sá-Carneiro destaca por ser un escritor excesivo, exacerbado, insólito, iluminado y genial. No se parece a ningún otro escritor aunque sus temas decadentes y obsesivos remiten al Poe más oscuro. En su muy corta vida, fue autor de un puñado de excelentes poemas, una novela simbolista y un libro de cuentos y novelas cortas, El cielo en llamas, que le valió un puesto destacado en la historia de la literatura portuguesa. Mereció la cercana amistad de Fernando Pessoa. Su tema favorito fue él mismo: sus ilusiones, fracasos, frustraciones, megalomanías y angustias, como representa esta novela. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

1916

El fuego. Henri Barbusse. Francia 

La novela relata las propias vivencias que el propio Barbusse, ya con 40 años de edad, tuvo que sufrir como soldado durante la Gran Guerra. No se trata de una ficción o, dada la fecha, una narración exaltada o propagandística, sino que a través de los ojos de su protagonista, la historia funciona como un exacto mecanismo desde sus primeras páginas, en las que comenzamos a seguir el devenir de una escuadra del ejército francés, desde el principio del conflicto hasta, creemos, mediados de 1915. Esto quiere decir que fue publicada en mitad de la contienda, lo que no es un dato baladí teniendo en cuenta su duro contenido. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Vicente Blasco Ibáñez. España

El valor insólito que atesora esta novela es su verismo y, más aún, su inmediatez. Se palpa que el escritor estaba escribiendo sus páginas mientras estaban sucediendo los hechos, sin que por ello cayera en la meticulosidad de una crónica periodística. Raras veces un escritor ha afrontado con tal éxito un suceso tan excepcional sin mediar la distancia del tiempo. Los primeros momentos de la guerra, vista desde París, están contados con una brillantez abrumadora. La rapidez de los acontecimientos es desconcertante; cada hora genera una novedad, normalmente falsa; tan pronto el peligro de la guerra queda conjurado como circula la voz de que la movilización va a ordenarse dentro de unos minutos. Es la gran novela de la guerra vista desde la población civil. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

Retrato del artista adolescente. James Joyce. Irlanda 

Es el relato de una juventud, la de Stephen Dedalus, en su azarosa búsqueda de un camino por el que encontrar y abrazar algún sentido radicalmente personal de la vida. Alter ego del propio Joyce, cuenta episodios de su vida a través de evocaciones de su pensamiento que le llevan a topar una y otra vez con el catolicismo, el sacrificio, el pecado, el sacrificio, la penitencia y lo socialmente establecido, en un ejercicio de expiación y exorcismo personal inusitados hasta la fecha. Ese joven atribulado y errante, aparecerá de nuevo en la segunda novela de Joyce, Ulises, para encontrarse con Leopold Bloom, un hombre no menos errabundo que el joven Stephen. 

La casa y el mundo. Rabindranath Tagore. India

Esta novela es una especie de Madame Bovary pero enriquecida por los atractivos matices de la cultura india. No es una novela europeizada, sino que, acercándose a un tema bien conocido, el del adulterio, está tratado con una sensibilidad especialmente acertada y muy lejana de la mirada occidental. Aquí desaparecen los rigores narrativos de Flaubert (o de Clarín, en La Regenta) para ofrecer una versión mucho más intimista del drama matrimonial, además desarrollado dentro de un contexto político turbulento como fue uno de los diversos movimientos nacionalistas habidos en la India en el siglo XX. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

1917

La línea de sombra. Joseph Conrad. Gran Bretaña

Cuenta la historia de la primera vez que el propio Conrad tomó el mando de un barco como capitán, en 1888. Es el itinerario de un rito de iniciación, la iniciación de un joven que debe tomar el mando de su propio yo, el paso que inevitablemente nos pone la vida por delante y que hay que dar, a no ser que se decida quedar ridículamente en el umbral, como Peter Pan. Así entendía Joseph Conrad el infatigable paso del tiempo, pero hay un breve momento, una delgada línea, que separa la alegría y el ardor de la juventud de la desengañada perspectiva de la edad adulta. A ese momento en que caminando con el tiempo advertimos que habrá que dejar tras de nosotros la región de nuestra primera juventud está dedicada esta obra. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

Abel Sánchez. Miguel de Unamuno. España

La gran novela sobre la envidia. Abel Sánchez es una escalofriante disección de la envidia, la radiografía del sentimiento hipócrita, solapado y abyecto que contamina tanto a los cainitas como a los abelitas. Unamuno comprendió que la envidia es una forma de parentesco, que no se envidia a quien apenas se conoce ni al que vivió en otro tiempo, sino al hermano, al padre, al vecino, al amigo que son contemporáneos y que con su presencia, con su sola existencia, pueden amargar toda una vida. Una novela bronca y áspera que perturba el ánimo de quien tiene el gusto de leerla. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

1918

Mi Ántonia. Willa Cather. EE.UU.

Nos cuenta la historia de Jim Burden, un niño que a la edad de diez años, tras perder en poco tiempo a su padre y a su madre, deberá emprender un largo viaje desde Virginia hasta Black Hawk, un perdido pueblo de Nebraska, con el fin de ser cuidado por sus abuelos. En el camino tiene la sensación de que deja atrás el mundo, que traspasa sus límites y se encuentra fuera de la jurisdicción de los hombres. Ante sus ojos, no hay más que tierra por todas partes: aquello no es un país, sino la tierra de la que están hechos los países. Willa Cather consiguió extraer de su experiencia la mirada que nos enseña que somos parte del lugar y de las personas que conocimos. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

El regreso del soldado. Rebecca West. Irlanda

El regreso del soldado se basa en un curioso caso de cuadrado amoroso, en el que están implicados Chris Baldry, un soldado que regresa enfermo del frente, su estirada esposa, Kitty, su adorable y enamorada prima Jenny y una tercera mujer, Margaret, que será el gran detonante de la trama. El punto de partida resulta sencillo a primera vista: Chris sufre una neurosis de guerra que le produce una amnesia que le impide recordar cualquier dato acaecido en los últimos quince años. Pero antes de que el soldado regrese a su casa, Rebecca West abona el terreno para que el lector se adentre en una compleja trama psicológica que, en palabras de José María Guelbenzu, haría empalidecer de envidia a Heny James. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

Diario de un demente. Lu Xun. China

Se relata aquí la historia de dos hermanos, uno de los cuales ha pasado un episodio de locura que ha reflejado en un diario. La demencia de este hermano es asombrosa: cree que todo el mundo se ha fijado en él para comérselo. Esa obsesión por ser objeto de las más delirantes fantasías de un antropófago va describiéndose progresivamente, a través de pequeños detalles que el protagonista va peligrosamente advirtiendo en los demás, desde un perro hasta llegar a su propio hermano, de manera que se empeña en convencerse a sí mismo que será finalmente devorado por su familia y sus vecinos, todo ello adobado con truculentas historias de antropofagia que él ha escuchado en alguna ocasión, como si fuera una arraigada costumbre china. Genialidad en estado puro. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

1919

Winesburg, Ohio. Sherwood Anderson. EE.UU.

Sherwood Anderson quiso mostrar la vida de una pequeña población del medio Oeste americano a través de lo que entonces era una técnica novedosa: un conjunto unitario de relatos que opera como una novela, un pedazo de historia de una ciudad representado por una historia de momentos. Subtituló la novela como El libro de los grotescos; en este sentido, lo grotesco ha de entenderse como aquello que es extravagante, curioso. Los personajes grotescos de este libro son personas solitarias cuyas vidas han sido distorsionadas por su incapacidad para expresarse, que ofrecen en su desamparo fragmentos de sus vidas, entrevistas por un momento, en el que buscan el contacto con el mundo. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

El diario de Satanás. Leónidas Andreiev. Rusia

Cansado de la monotonía que le supone regir el Infierno, Satanás decide encarnarse en una persona y representar el papel del suplantado en que él mismo ve como una comedia: la vida. No elige a un individuo normal y corriente; sino que pone su objetivo en el adinerado Henry Wandergood, un empresario norteamericano oriundo de Illinois, de 38 años que hizo su fortuna en la incipiente industria alimentaria. El objetivo de Satanás es divertirse haciendo lo que mejor se le da: mentir y jugar con las pasiones humanas. Para tal fin, se dirige a nada menos que a Roma, con la idea de donar toda su fortuna a la beneficencia. Una obra que nos hace reflexionar sobre la tragicomedia de la vida. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

Valmouth. Ronald Firbank. Gran Bretaña    

Sátira amable de las villas de retiro inglesas, con su sociedad cerrada y ritualista, Valmouth es una novela distinta, estrafalaria, exótica dentro de un ambiente tan frío como la alta sociedad inglesa. En un balneario, donde todos sus habitantes alcanzan edades casi bíblicas, una masajista negra, Yajñavalkya, ejerce su influencia como hechicera, sanadora y celestina. Los personajes de este extraña novela son disparatados: monjas mudas, sacerdotes promiscuos, guapos marineros, pastores fáunicos… Leer esta obra es dejarse llevar por el encanto y la imaginación más libre.

1920

A este lado del paraíso. Francis Scott Fitzgerald. EE.UU.

La primera novela de Scott Fitzgerald fue un acertado retrato de la profunda crisis de valores experimentada por la sociedad norteamericana a lo largo de los años veinte, que culminó con el crack económico de 1929. Ambientada en la Universidad de Princeton durante los años anteriores a la entrada de los Estados Unidos en la Gran Guerra, esta novela alcanzó desde su aparición un éxito fulgurante­. Claro antecedente de El Gran Gastby, presenta ya las obsesiones, los caracteres y las situaciones que habrían de nutrir las narraciones posteriores de Fitzgerald: el hombre en busca de su propia personalidad, el mundo convencional y brillante de los ricos, la inexorable demolición de los valores ilusorios.

La edad de la inocencia. Edith Wharton. EE.UU. 

Nueva York en 1870 es una ciudad plana, vasta e inminente, donde toda la clase alta se conoce, dispuesta a defender sus hábitos sociales. Pocas cosas pueden parecerle más horrendas que una ofensa al buen gusto y a las formas. Con gran maestría, Edith Wharton nos muestra ese ambiente rancio y encerrado en sí mismo, con la presentación de los personajes que más tarde serán el férreo marco donde se desenvolverá la vida de Newland Archer, un joven fruto de las costumbres, callado y displicente, entregado a los placeres delicados, cuya conformidad a la disciplina de una sociedad pequeña ha llegado a convertirse en una segunda naturaleza. El amor, y su antídoto, la cobardía, serán los núcleos centrales de esta magna obra. (Leer más: ¿Por qué es una de las mejores obras del siglo XX?)

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Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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