Las 500 mejores novelas del siglo XX. Década 1931-1940

Para los lectores interesados en la buena literatura y que requieran de una guía de lectura fiable y contrastada, les ofrecemos esta lista de las que, a nuestro juicio, consideramos las 500 mejores novelas del siglo XX. Abarca cada uno de los cien años del siglo y pertenecen a 66 países de los cinco continentes. Muchas de estas novelas escapan de las convencionales recomendaciones al uso, recuperando autores ahora olvidados o pocos conocidos, siguiendo un escrupuloso criterio de selección que explicamos en este artículo.

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1931

Los sonámbulos. Hermann Broch. Austria

Esta trilogía muestra el desmoronamiento de una cultura, de un imperio. La patria está irremediablemente perdida, el futuro yace irrecuperable, sólo el dolor está cada vez más libre, es cada vez más claro, quizás incluso más invisible, nada queda sino el hálito doloroso del pasado. Así entendió Hermann Broch el sobrecogedor paso por la historia del Imperio prusiano, sus pisadas de hierro sobre la cultura occidental. Así emprendió la tarea de narrar el auge y la caída de una forma de entender el mundo, de imponer las ideas a sangre y fuego, a través de las vivencias de tres personajes que habitarán dolorosamente la tierra en la que nacieron, sin más culpa que la de vivir la época que les tocó en la rueda de la historia. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Santuario. William Faulkner. EE.UU.

Faulkner escribió esta novela para obtener un éxito comercial que hasta entonces se le había negado, pero sin duda no es una novela para lograr una buena cifra de ventas. Es más; posiblemente sea la novela menos comercial que escribió porque está tan llena de brutalidades y situaciones espantosas que disuadiría a cualquier lector medio nada más comenzar su lectura. Esta horripilante trama, en manos de otro escritor menos genial, se hubiera convertido en algo insoportable, estomagante. Pero es la forma de contar la historia, con el hábil manejo de la técnica, llena de elipsis, de episodios interrumpidos bruscamente, con el tratamiento del tempo de la novela, de sus continuas idas y venidas, lo que hace de Santuario una obra maestra. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

La llave de cristal. Dashiell Hammett. EE.UU.

Dashiell Hammett encontró en la política la motivación necesaria para que sus historias transcurrieran en el adecuado ambiente de corrupción donde debe moverse ese género que desde entonces se llamó novela negra: no sólo el crimen organizado o las mafias ciudadanas suponían lo más degenerado de la sociedad, sino que personas ilustres, sentadas en sus despachos, elegidas democráticamente por personas libres, podían ser tan corruptas como el mayor de los mafiosos. Sobre esta base se asienta la poética de Hammett: el político sólo desea poder y dinero, y no se detiene ante nada, ni siquiera ante el asesinato impune que le garantiza su propia posición. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Gog. Giovanni Papini. Italia

Giovanni Papini fue uno de esos escritores ingeniosos que depara a sus lectores momentos de extraordinario entretenimiento y que merecen un lugar en la historia de la literatura, aunque sea dentro de esa categoría apartada y extraña que es la de los bichos raros; y pocos de sus libros son más representativos de esa peculiar forma tan suya de abordar la literatura como Gog, una obra inclasificable que no puede entenderse plenamente como una novela ni como un conjunto de relatos, sino como una sucesión de momentos memorables, escritos con una exquisita prosa, especialmente dedicados a lectores inteligentes que no se conforman con una historia convencional. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Las lanzas coloradas. Arturo Uslar Pietri. Venezuela

Las lanzas coloradas puede considerarse como una novela histórica, pues su trama se desarrolla durante los primeros años de la independencia venezolana, concretamente el episodio en el que el general realista José Tomás Boves luchó contra las tropas de Simón Bolívar en la contienda conocida como batalla de La Victoria. La novela refleja a la perfección y de forma extraordinaria el absurdo de la guerra, el coste en vidas que se cobró aquella serie de cruentas batallas, así como la desilusión, la pérdida de ideales y en la horrible sensación de que, tras la batalla, quedaría un país arrasado por la muerte y la destrucción. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Las olas. Virginia Woolf. Gran Bretaña    

La idea de Las olas se originó en una visión a la que Virginia Woolf se refirió como un estado de ánimo correspondiente a uno de sus periodos de exaltación sensorial e intelectual muy cercano a la locura. Responde a una de sus preocupaciones constantes: la descripción de un mundo visto sin un «yo» y también a esa visión novedosa de la vida de una mujer. La novela desarrolla, al compás del batir de las olas en la playa, seis monólogos interiores, a veces discrepantes y aislados, otras veces casi en coloquio concordante, en los que se formulan, desde su infancia hasta sus últimos años, seis vidas múltiples y dispares.

1932

Pequeño hombre, ¿y ahora qué? Hans Fallada. Alemania

Retrato de una época marcada por la crisis, la pobreza y la incertidumbre, la novela fue escrita dos años antes de que Hitler llegara al poder en Alemania. Hans Fallada escribió esta obra basándose en el momento histórico de su Alemania natal, a finales de los años 20 del pasado siglo. Fuente fidedigna de lo que rodeaba a una nación que se buscaba a sí misma tras la vergüenza de haber perdido la Primera Guerra Mundial, en una época de gran crisis económica mundial, muestra el descontento generalizado mediante la visión de sus personajes, que hacen comprender al lector cómo van surgiendo los movimientos políticos que terminarán chocando en una futura Alemania, liderada por el nacionalsocialismo, en conflicto con el comunismo nacional. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Luz de agosto. William Faulkner. EE.UU.

William Faulkner imaginó seres que eran capaces de soportarlo todo, absolutamente todo, como esta chica que emprende un viaje a pie desde Alabama hasta Jefferson en busca del padre de su hijo, embarazada, contando a cada cual con quien se encuentra su historia de mujer abandonada sin que en sus palabras se halle una pizca de compasión, sino con alegría, como si ese improbable encuentro con el hombre que una vez la engañó sea la salvación de su vida, de su familia. Luz de agosto es una historia de negros donde apenas sale un negro, una historia de extremada violencia donde apenas hay algún momento de violencia: todo se desarrolla como si la historia solo se mascara en el aire. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

La vida resguardada. Ellen Glasgow. EE.UU.

Esta novela obedece a una responsable sensibilidad sobre el cambio de los tiempos, materializada en la vida de dos familias del Sur americano que tratan de preservarse de los nuevos vientos que corren en la sociedad hasta el punto de ovillarse en unas vidas que son solo el pálido reflejo de lo que podrían haber sido y no son. Es la vida fingida, ese hábito consolidado de no querer ser uno mismo, que se convierte en tragedia con el paso de los días, un mundo veloz, violento y salvaje, en tiempos de cambios feroces y desgarradores. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Un mundo feliz. Aldous Huxley. Gran Bretaña

Aldous Huxley imaginó un mundo estable, en el que la gente fuera feliz. Un mundo en el que las personas tendrían lo que desearán y nunca desearían lo que no pudieran obtener. Se sentirían a gusto, a salvo, sin enfermedades, sin temor a la muerte, un mundo donde se ignorara la pasión y la vejez; un mundo sin padres ni madres que estorben, sin esposas, ni hijos, ni amores excesivamente fuertes. Un mundo lleno de hombres tan sumamente condicionados que apenas puedan obrar de otro modo que como deben obrar. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Nudo de víboras. François Mauriac. Francia

Novela católica, ilumina una verdad que, durante toda la vida del autor, intentó demostrar  e imbuir en ciertas mentes: que el necio crea su mediocridad, su avaricia, su injusticia y, sobre todo, su mala fe intelectual, todo aquello que constituye el fondo mismo de su naturaleza. Son ellos los que alejan, desvían de la fuente viva a los protagonistas de esta obra singular, Irene de Blénauge y un anciano: el escándalo de la monopolización de Cristo por los que no participan de su espíritu.  

La marcha Radetzsky. Joseph Roth. Ucrania

La novela es la historia de tres generaciones de una familia, los Trotta, que empieza en 1859, durante la batalla de Solferino. En ella, el primero de esta saga salva con su cuerpo de una muerte segura al mismísimo emperador Francisco José. Será a partir de ese momento cuando comencemos a ver el discreto ascenso de la familia Trotta dentro del Imperio austrohúngaro, y también será el momento en que empecemos a comprender que el verdadero protagonista de la historia no son los austríacos de aquella época, sino el emperador Francisco José, el alma de aquellas vidas, el baluarte de una forma de entender la vida, el gobierno y la servidumbre. Es la gran novela sobre la descomposición de un Imperio que creía ser feliz y eterno. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

El cortador de cañas. Junichiro Tanizaki. Japón

Si hay una novela que por su belleza y por su delicadeza se parezca a un haiku japonés, ésa es El cortador de cañas. Tiene una sencillez y una precisión abrumadoras, y es el mejor ejemplo de que para contar una inolvidable historia no hacen falta muchas palabras. Hay mucha delicadeza en toda la narración y también mucha crueldad. El amor puede llegar a ser cruel a fuerza de ser intenso. El egoísmo y el altruismo se mezclan de tal manera que no sabemos dónde empieza uno y acaba el otro. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

1933

La parcela de Dios. Erskine Caldwell. EE.UU. 

Una historia de sexo y violencia que transcurre entre las abandonadas plantaciones de Georgia y las ciudades fabriles devastadas por la Gran Depresión Norteamericana de los años treinta. Además del erotismo y de presentar a la clase rural de Georgia envilecida por la inactividad y la ignorancia, La parcela de Dios se introduce en el proletariado urbano, mostrando la devastación social producida por el capitalismo. Pese a la aridez general de su estilo, Caldwell alcanza altas cotas de un raro lirismo en las páginas dedicadas a esas poblaciones del valle. El autorl fue arrestado tras la publicación de la novela, acusado de «obscenidad», y las autoridades secuestraron todas las copias durante una firma de libros en Nueva York.

El verdugo. Par Lagerkvist. Suecia

La acción se sitúa en la Edad Media. El verdugo es el eje de todo un sistema de represión feudal y monárquico cuya expresión final no es otra que la normalización de la pena de muerte. El modo en que Pär Lagerkvist nos presenta a su personaje central es sumamente singular. El verdugo es alguien que realiza su trabajo fría y sistemáticamente, como quien ejecuta una operación matemática. De hecho, a lo largo de la novela, aparece totalmente despersonalizado, sin nombre ni pasado. No fue una idea caprichosa del autor: A fin de cuentas, este verdugo no es más que una metáfora de los campos de concentración alemanes. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

La condición humana. André Malraux. Francia

Las novelas de Malraux son novelas-trampa: igual que esos preciosos regalos primorosamente envueltos que dentro contienen una bomba, estas narraciones contienen en su interior la explosiva mezcla de pensamiento y aventura necesarios para que el lector salga con la sensación de que las palabras que ha leído contienen un mensaje digno de tenerse en cuenta más allá del mero entretenimiento. En ese sentido, La condición humana es una novela modélica: a su evidente carácter de obra maestra, une una fuerza vigorosa de pensamiento bien estructurado y lo suficientemente bien camuflado para que no solo no aburra al lector, sino que lo espoleé con su fuerza. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

El lecho de Procusto. Camil Petrescu. Rumanía

Basada en el mito de Procusto, Camil Petrescu imaginó que el amor obedecía a este mito: ajustamos a nuestra realidad la realidad de los demás, y si nos viene escasa, exigimos, coaccionamos. La persona amada no es tanto la que vemos sino la que queremos ver, aunque la realidad sea otra muy distinta. Al principio, no nos enamoramos de un ser, sino del amor, idealizamos una personalidad, la preservamos de cualquier defecto, pero nada de eso es real, como tampoco es real lo que creemos que cree la persona amada, que acaso nos ve de una manera distinta a como somos, peores o mejores, pero nunca según la medida que tenemos de nosotros mismos. Una lección sobre las, a menudo, falsas expectativas del amor. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Miss Lonelyhearts. Nathanael West. EE.UU.

La novela habla de la compasión, de la soledad, de la desgracia de unos seres abocados a atravesar una vida mediocre. ¿Y quién no vive una vida mediocre? ¿Quién no entiende que sus pequeños problemas son grandes problemas de la humanidad solamente porque le ocurren a él o a ella, y a nadie más? Por eso, en los años 30 del siglo pasado, como ocurrió después en las tardes radiofónicas o actualmente ocurre en muchas revistas, es necesario que haya una Señorita Corazones Solitarios que atienda esa demanda de piedad de la gente, que dé consejos, que aporte un poco de atención en las vidas invisibles que se ahogan en su propio vaso de agua. Un obra grandiosa, un libro para morirse de risa, porque su enfoque sobre la vida es tan miserable, tan mezquino, que sólo cabe reírse por no acabar reconociendo que esa vida que presenta es, precisamente, la nuestra, la que vivimos todos los días. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

1934

Suave es la noche. Francis Scott Fitzgerald. EE.UU.

Suave es la noche es una novela sobre la felicidad, porque es a ella a la que aspiran los personajes principales. Dick, el protagnista, no la encontrará porque se encuentra dentro de ese ojo del huracán que le impide ver la luz de sol. Su mundo se va destruyendo paulatinamente, mientras que ve a su mujer salir de las tinieblas de su enfermedad. La ve con ojos borrosos, empañados por el alcohol, que lo irá minando en esa búsqueda desesperada a la que se agarra para no caer en el abismo de una existencia que se desvela vacua. Toda la novela es esa lucha desesperada de un personaje brillante por salvarse de algo. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Yo, Claudio. Robert Graves. Gran Bretaña

Portentosa novela que convence desde el principio, porque promete narrar los hechos tal y como fueron y no como pasaron a la historia, deformados por historiadores aduladores. El esplendor de Roma será contado por un personaje que está casi al margen de la Historia con mayúsculas, el emperador Claudio, el tonto, el marginado, el invisible a los ojos poderosos de los reinantes, pero por ello mismo, por su propia marginación, será el único que pueda acceder a los entresijos del poder, a la sucia realidad sobre la que estaba edificado el Imperio Romano. Éste es el gran mérito del libro, y por ello, entre otras cosas, es una obra maestra y una fuente inagotable de inspiración que cambió la literatura histórica hasta nuestros días. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Trópico de cáncer. Henry Miller. EE.UU.

Visto desde la lejanía, al lector actual puede resultarle un empeño pueril, pero para el momento en el que el autor la escribió, esa novela contiene un aliento de vida, de realidad, de verdad, que no tiene parangón entre las novelas que se producían entonces. Presenta la vida tal como era, sin tapujos, descarnadamente, sin el más mínimo brillo en las vidas que presenta. No sólo la suya, sino la de los demás personajes, que se arrastran sin sentido por un París de bajos fondos y francachelas nocturnas. Fundamentalmente, lo que nos presenta Henry Miller es la vida de un escritor en ciernes llamado Henry Miller, harto de la hipocresía norteamericana, malviviendo en los lugares más ingratos de París, con el único propósito de ser escritor, de escribir una novela que le sirva de sustento para escribir una nueva novela. Es decir, un hombre entregado a su vocación, y también reacio a cualquier trabajo o labor rutinaria, corriente, sujeta a unos horarios o a unos jefes. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Llámalo sueño. Henry Roth. EE.UU.

Henry Roth rememoró su infancia en esta novela y después mantuvo un larguísimo silencio de sesenta años hasta escribir su segunda novela, porque tal vez en la primera había volcado toda esa hiel que fue criándose en sus primeros años, los que ahora conocemos gracias a esta obra maestra. Nada recuerda Roth de sus primeros seis años en Europa: la novela comienza mientras el barco entra en los muelles de Nueva York, cogido en los brazos de su madre, esperando a ver a un padre que no ha conocido puesto que se fue a América cuando él apenas tenía unos meses. Hay que leer al menos dos veces Llámalo sueño para comprender por completo la dureza del relato, porque cuando ya conocemos el final, cuando no podemos olvidar hacia qué situación va derivando la historia, no sentimos esa angustia de la relectura, como si no quisiéramos volver a encontrar tanta impiedad dos veces en un relato de ficción. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Los nueve sastres. Dorothy L. Sayers. Gran Bretaña

Una novela detectivesca perfecta, una de las más perfecta que se han escrito. Como en todas sus novelas de este género, Dorothy L. Sayers echa mano de un investigador heterodoxo aunque muy inglés, Lord Peter Windsey, un hombre mundano, divertido y gran conversador, que adora los libros y la música, los vinos y la gastronomía. Encarna al perfecto hombre de Oxford. El único problema es que, en este caso, hay un asesinado que muestra una característica poco común en los asesinados: no fue muerto a golpes, ni envenenado, ni una bala o el rastro de un cuchillo atraviesa su piel. Es más: no hay una causa científica que pueda determinar su muerte. Pero ante tanta negación, hay un hecho positivo e incontestable: este hombre aparece enterrado en una tumba que no es la suya, tres meses después de haber muerto. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Las tiendas de color canela. Bruno Schulz. Polonia

Bruno Schulz se veía como un perro; además de gran escritor, era dibujante, un excelente dibujante que ilustraba sus libros como si toda la fuerza de sus palabras no fueran suficiente para expresar la hondura de sus pensamientos. En esos dibujos a menudo aparece como un perro acurrucado a los pies de una mujer, humilde, servil, como si hubiera sido apaleado. Libro raro, extraordinario, único. Su prosa no se parece a la de nadie de su generación, ni creó escuela. Ni siquiera podemos asegurar que sea una novela, ni un libro de cuentos, sino una serie de estampas unidas por una temática común y por un poderoso personaje, que se alza ante el lector con una majestuosidad admirable. Igual que él mismo se veía como un perro, Schulz veía a los demás como una especie de pseudofauna que transitaba por la vida sumida en una experiencia casi mística, difícil de relacionar con la realidad más estricta. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

El libro de la señorita Buncle. D. E. Stevenson. Gran Bretaña    

Una sutil e inteligente comedia de costumbres, narra los aprietos de una solterona que, al escribir con seudónimo un libro sobre sus vecinos, organiza un fenomenal alboroto en el pueblecito donde vive y donde nadie sospecha que pueda ser ella quien ha puesto al descubierto todos sus secretos. Todos se ven delatados: en sus secretos, en su pasado, en sus manías y melancolías; es más: algunos empiezan a imitar, como si fuera un vaticinio, las reacciones de los personajes del libro. Y todos quieren, por encima de todo, descubrir quién lo ha escrito. Una historia llena de indisimulable mala idea y perspicaz observación de la vida en comunidad.

Gracias, Jeeves. P. G. Wodehouse. Gran Bretaña

Mayordomo perfectamente inglés ayuda a aristócrata ingenioso pero con no demasiadas luces. La relación entre sirviente y aristócrata exprime al máximo, en este caso, la versión más caricaturesca y exagerada de un señorito rico, ocioso e indolente así como la del asistente servicial y extremadamente leal, con ideas brillantes, y dispuesto a sacar a su señor de cualquier atolladero. Y es que el personaje del aristócrata Bertie Wooster, pese a tener la vida totalmente resuelta y poder vivir cómodamente de las rentas sin tener que dedicarse a trabajar para ganarse el sustento, tiene una extraordinaria capacidad para meterse en los líos más extraordinarios y descacharrantes que puedan concebirse y, de un modo u otro, la figura de Jeeves siempre está presente, como su sombra, para ayudarle a resolverlos con extremada elegancia. Todo ello se traduce en lo que hoy denominaríamos una “comedia de situación” en donde el humor está presente con el más puro estilo “british”. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

1935

¿Acaso no matan a los caballos? Horace McCoy. EE.UU.

Horace McCoy, reportero además de escritor, conocía esa realidad que no salía en los noticiarios de los cinematógrafos, ni en las películas edulcoradas de la industria del cine, ni siquiera en las novelas que se escribían en la época. Era un tema tabú, los Estados Unidos estaban sumidos en la mayor crisis de su historia pero eran a la vez el país más rico del mundo y el paraíso de los sueños, los inventores del sueño americano. Horace McCoy escribió en 1935 ¿Acaso no matan a los caballos?, una historia que se desarrolla en 1935, junto a la fábrica de sueños del cine, en Santa Mónica, California, protagonizada por dos soñadores que pretenden trabajar en Hollywood de lo que sea: figurantes, actores, directores. Lo importante es sumarse a ese sueño americano que vende el gobierno desde las alturas, mientras que estos dos jóvenes no tienen un pedazo de pan que llevarse a la boca. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Del tiempo y del río. Thomas Wolfe. EE.UU. 

En esta obra vamos a seguir a un adolescente en el difícil recorrido de la juventud que trata de escapar de su terruño sintiendo a la vez nostalgia del tiempo pasado y de su tierra, tratando de encontrar su identidad mediante la acumulación de experiencias, del estudio, del trabajo al que le obliga su vocación de escritor y de una curiosidad que no queda saciada con nada. Es al propio Thomas Wolfe al que vemos crecer en Harvard, de la que apenas se cuenta nada si no es a través de la interiorización de ese tiempo que parece enclaustrarse en la mente del escritor, adormecerse, enseñar sus junturas a través de una escritura demorada, íntima y sensible, más unida a las impresiones que a los hechos. Una prosa hiperbólica, entusiasta y compleja, con frases repletas de adjetivos donde parece querer calificar toda la experiencia, querer resumir en pocas palabras miles de sensaciones por las que se ve arrastrado al mismo tiempo, como si estuviera viviendo varias vidas simultáneas. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

1936

Auto de fe. Elias Canetti. Bulgaria

Auto de fe no es una novela al uso; su lectura, sin ser complicada en ningún momento, supone un reto para el lector, que tiene que verla como una inmensa parábola del enfrentamiento del hombre con la sociedad que lo rodea, con las trampas que se tienden las personas en la tarea de sobrevivir. Sin embargo, este enfrentamiento no es angustioso, sino cómico, y muchas páginas de esta obra se leen con una sonrisa en los labios, en una hábil maniobra de Canetti, que sabe hacer tragar sus pensamientos más profundos como si fueran puras elucubraciones. Un retrato de la situación del hombre en el tiempo que le toca vivir, y ante todo una novela genial, extraña, única. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Absalón, Absalón. William Faulkner. EE.UU.

Historia de una familia, historia del odio y la venganza familiar, de la sangre en la familia, no sólo de esa que corre por las venas comunes, sino de la otra, de la que puede caer sobre la tierra por el dolor, el sufrimiento o el asesinato. Posee una complejidad excesiva que oscurece el texto hasta hacerlo por momentos incomprensible; sin embargo, esa propia complejidad es la que sostiene el relato, de manera que en este caso la forma es tan importante o más que el fondo, que lo que se cuenta propiamente dicho. Es más: uno sospecha que Faulkner oscureció adrede la historia para hacerla más ominosa, más escabrosa de lo que es, o simplemente, para que una historia de este calibre fuera creíble. Ahí quizás se encuentre el genio del escritor, saber cuál es la manera más eficaz de contar una historia, cuál es la forma que debe tener un episodio concreto, dejar claro que hay muchas formas de contar pero sólo hay una que es la perfecta. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Mefisto. Klaus Mann. Alemania

Mefisto es una novela sobre nazis, y no sólo eso, sino que trata sobre la ascensión de los nazis al poder visto desde el punto de vista de la población. La gran sabiduría de Klaus Mann al enfrentarse al texto fue poner el acento sobre una situación que estaba ocurriendo exactamente en el momento en el que escribía la novela. Esta circunstancia la hace especialmente interesante, muy sugestiva, porque el autor demostró con este libro que los alemanes sabían perfectamente quiénes eran esos tipos que habían ascendido al poder, cuáles eran las consecuencias de sus actos, de qué ética se estaba hablando cuando miraban a otro lado o cuando, directamente, apoyaban sus tropelías. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

1937

La mujer de Gilles. Madeleine Bourdouxhe. Bélgica 

Madeleine Bourdouxhe parece querer centrar toda la desdicha en una persona, en un tiempo muy corto de tiempo: es el tiempo de la infidelidad, la infidelidad en un matrimonio cuando este matrimonio parecía vivir sus días en un estado tranquilo, sin altibajos. No es la ruptura cualquiera de una pareja: ella sigue amando a su marido. Pero su marido ya no la ama: eso lo va a comprender pronto. Vemos desde el principio la reacción de él, cuando se fija por primera vez en la hermana de su mujer, una chica joven, un poco atolondrada y caprichosa que se acerca a su casa de vez en cuando. La escritora explica magistralmente ese chispazo, ese momento de no retorno en el que la pasión alcanza descuidado a Gilles. Una obra estremecedora, dolorosa, punzante. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

La lechuza ciega. Sadeq Hedayat. Irán

Una novela que se debe emparentar con una larga pesadilla, donde lo real y lo onírico se entremezclan de manera que el lector siempre tiene la sensación de asistir a un relato sobrenatural, como fantasmal. No es extraño que esta novela fuera extraordinariamente bien recibida por los surrealistas franceses: las escenas parecen haber sido sacadas de una extraña alucinación. Todo parece encajar, pero sin embargo, a la vez, nada parece tener sentido. La lectura de este libro es un continuo debate entre los distintos planos con los que está construido el mundo real y el mundo onírico. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Vinieron las golondrinas. William Maxwell. EE.UU.

Un sobrecogedor relato que procede directamente de la experiencia de la infancia del autor, un momento traumático que posiblemente marcó su vida: la muerte de su madre cuando tenía 10 años. William Maxwell fue un escritor muy inteligente, que supo cómo ofrecernos esa tragedia doméstica con la dosis adecuada, sin sentimentalismos, sin añadidos que puedan perturbar la lectura. Con muy pocos elementos, con una narración escueta, apoyada en unos cuantos puntos básicos, Maxwell va descubriendo con una gran fuerza creativa un mundo de indefensión, de orfandad, sin dramatismos, sin acentos, basado en unos pocos gestos, los suficientes para que el lector se haga eco del hueco dejado por una persona amada e imprescindible en la vida de cualquier persona. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

De ratones y hombres. John Steinbeck. EE.UU.

Cerca del río Salinas, en California, conocemos a una curiosa pareja formada por Lennie, un hombre corpulento y robusto pero con la mentalidad de un niño, y su amigo y protector George, astuto y compasivo. Juntos buscan trabajo para alcanzar su sueño: poder tener sus propias tierras. Como en otras obras de Steinbeck, se expone el capitalismo desnudo y letal, como ocurrió durante la Gran Depresión estadounidense. Como pensaba Hobbes, el hombre es el lobo del hombre, y en las grandes crisis es donde se muestra en toda su crudeza la maldad del ser humano. Pero ante todo, esta obra es la historia de una amistad. Steinbeck, creyente en la humanidad, siempre extrajo un mensaje positivo y esperanzador de grandes situaciones dolorosas. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Corazones cicatrizados. Max Blecher. Rumanía

Corazones cicatrizados es una de las grandes novelas sobre el sufrimiento que se han escrito. Su autor, Max Blecher, fue un escritor rumano que murió a los 29 años víctima de la enfermedad que se describe en esta novela, la tuberculosis ósea. El gran acierto de esta obra es la elección del punto de vista, la tercera persona, ya que con ello el autor tomó distancia de los hechos, que los presenta de un modo frío y desapasionado. Quizás en ello esté lo más estremecedor de la obra: cómo un enfermo, en pleno padecimiento de su dolencia, es capaz de mostrarnos los hechos como si le ocurrieran a otro. De alguna manera, el escritor estaba universalizando el sufrimiento. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Tener y no tener. Ernst Hemingway. EE.UU.

Narra las aventuras de un contrabandista entre Cuba y la costa de Estados Unidos, el tosco y valiente Henry Morgan, quien sin embargo no se ha dejado embrutecer más de lo indispensable por su profesión, mantiene un estricto código de honor y no está dispuesto a todo por dinero. A través de las vicisitudes de este hombre singular, Hemingway presenta una espléndida imagen de la vida en Key West, protagonizada por adinerados veraneantes con muy pocos escrúpulos, y traza una demoledora imagen de las relaciones entre los hombres, dominadas a menudo por la cobardía, la hipocresía y la insolidaridad.

1938

Comeclavos. Albert Cohen. Francia

En Comeclavos los auténticos protagonistas son los componentes del maravilloso quinteto de los Esforzados, capitaneado por Comeclavos, pertenecientes al gueto judío de Cefalonia, donde participan de la dicha de un clima luminoso, un mar tibio y un cielo benevolente. Elocuentes, desordenados y apasionados, perezosos, falaces, cándidos, universalmente incompetentes, sus avatares se suceden en escenas y diálogos de comicidad irresistible. El truculento Comeclavos, el hombre de los cien oficios, es un falso abogado, un soberbio embustero dotado de una elocuencia torrencial y de un hambre devoradora, consagrado con pasión desenfrenada a las ocupaciones más quiméricas. Un epitafio para los judíos de Europa antes del Holocausto.

La náusea. Jean Paul Sartre. Francia

La naúsea cuenta poco, pero lo que cuenta es el vehículo idóneo para desplegar la ideología de Sartre, tan unida al existencialismo. Y es que, propiamente hablando, Es una novela existencialista, en la que se explora de forma milimétrica el absurdo y la contingencia del ser, pero no por ello es aburrida, sino todo lo contrario: sabe mantener el interés de la trama, ahondando en un viaje interior dentro del protagonista. Quizás era necesaria una mente privilegiada como la de Jean Paul Sartre para aunar, sin que chirriara, el pensamiento filosófico más profundo con la amenidad narrativa. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

La muerte del corazón. Elizabeth Bowen. Irlanda

Ambientada en el Londres de entreguerras, la novela narra la historia de Portia Quayne, una huérfana de dieciséis años, que, tras la muerte de su madre, es acogida por su medio hermano Thomas y por la mujer de este, Anna, que llevan una vida lujosa aunque emocionalmente estéril. Portia, quien hace gala de una extraordinaria capacidad de observación, se siente perdida en este nuevo mundo de vana falsedad y ostentación y, en su necesidad de hallar una referencia afectiva, poco a poco se irá enamorando de Eddie, un joven irreflexivo y alocado que mantiene una extraña relación con Anna. Un conmovedor relato sobre la muerte de la inocencia de la juventud.

La responsabilidad empieza en los sueños. Delmore Schwartz. EE.UU.

La historia empieza en un cine: un chico es espectador de una película cuyos protagonistas son sus padres antes de ser sus padres. Las primeras escenas son escenas de una vida que no tienen nada de raro. El hijo asiste al enamoramiento de la pareja, es testigo de las ilusiones y el agobio que puede suponer un compromiso. Y en un momento él también se empieza a agobiar, cuando ve que algo se descompone entre la pareja, y grita en el cine con la impotencia de quien sabe que no podrá impedir nada. Novela del desencanto, debate la oportunidad para cambiar el pasado, rectificar aquello que se sabe es imposible corregir porque se cree que así el presente será mejor.

Noticia bomba. Evelyn Waugh. Gran Bretaña

Evelyn Waugh fue un maestro de la ironía y de la crítica social inglesa. Pocos escritores como él han sido capaces de reflejar los defectos de esa sociedad con mayor mordacidad y, por supuesto, con un humor exquisito. La mayoría de sus libros llevan ese marchamo del humor, aunque más tarde fue otro tipo de novela el que lo hizo mundialmente famoso. Dentro de las novelas irónicas del autor, destaca ésta, traducción del inglés Scoop. Con su fino sentido del humor, Evelyn Waugh se dedica a diseccionar el mundo del periodismo, pero lo hace de una forma tan sutil que, entre carcajada y carcajada, no nos damos cuenta de la corrosiva mirada del autor. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

1939

La máscara de Dimitrios. Eric Ambler. Gran Bretaña

No toda la pesquisa se guía por la inteligencia, ni siquiera por la casualidad: hay algo de la Providencia, de la frase de Chamfort que preside el relato: hay mucho de azar en los movimientos de los seres humanos –en  este caso, el protagonista-, quizá demasiado azar, como si algo o alguien estuviera guiando sus pasos. Esa sospecha se apoderará pronto en el lector, y será un nuevo ingrediente de intriga de la novela. Al final nadie sabe quién mueve a quién, quién sabe de quién: se cumple la premisa fundamental de una gran novela de espionaje o, en general, de cualquier novela: no sabes lo que va a pasar en la siguiente página. estás deseando saber qué pasará en la siguiente página. En eso consiste quizás el arte de escribir novelas. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Míster Johnson. Joyce Cary. Irlanda

Míster Johnson es un muchacho de diecisiete años, empleado del puesto colonial de Fada, en Nigeria, que vive en un estado permanente de satisfacción. Es un alma simple, pero ingenioso y astuto cuando lo precisa, para el que no existe otra cosa que el presente. Su carácter abierto, festivo y despreocupado no sólo no le impide ocupar un puesto administrativo o ejecutivo en el puesto colonial sino que se aprovecha de él con la ingenuidad de un hombre autosatisfecho que considera que las cosas están a su alcance para que él las tome, sean suyas o no. Es un fantasmón, un bocazas, un pícaro negro que sueña con ser británico. Uno de los grandes méritos de esta novela es que un irlandés sea capaz de meterse en una mente africana, igual que un escritor de ese continente.

El sueño eterno. Raymond Chandler. EE.UU

Sin parecerse en nada a Arthur Conan Doyle,  Raymond Chandler supo encontrar la clave del éxito y de la maestría literaria mediante el recurso de hacer entrañable a un personaje y forjarlo como si fuera una persona de verdad en la mente del lector. Por ello, esta novela de extrañar, la primera novela de Philip Marlowe, sea aceptada hoy como una obra carismática. Pocos personajes, antes de su aparición, se asemejan a Marlowe. Él no solo es el detective que arriesga por poco dinero su vida, que solo entiende la ética del trabajo cuando hay unos dólares por medio, sino que dentro de sí lleva la semilla de la soledad que todos cultivamos, y de alguna manera, encarna ese tipo duro que todos quisiéramos ser alguna vez en la vida. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Pregúntale al polvo. John Fante. EE.UU.

La novela,  ambientada en los años de la depresión americana, presenta a Arturo Bandini, un joven escritor que trata de sobrevivir a duras penas con su trabajo. Vive en pensiones de mala muerte que va pagando con dificultad cada vez que consigue que un editor publique alguno de sus relatos. Cuando consigue colocar uno de sus cuentos, titulado «El perrito rió», Bandini derrocha el dinero ganado sin preocuparse de lo que pueda sucederle mañana. Se considera a sí mismo como un artista incontestable y le parece consecuente vivir al día. Su vida transcurre entre trapicheos y penurias, tratando de colocar en revistas sus relatos que considera superiores. Pese a su evidente fracaso como escritor, Bandini no parece desanimarse; cree sinceramente que está llamado a triunfar y, en ese sentido, es notable la autocomplacencia y la vanidad que este personaje esgrime sin pudor a lo largo de toda la novela. Uno de los primeros ejemplos de lo que se denominó realismo sucio. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Las palmeras salvajes. William Faulkner. EE.UU.

Quien se ha adentrado en el mundo narrativo de William Faulkner (1897-1962) sabe que el tema central de sus historias es la obsesión de los hombres por alcanzar sus deseos, a costa de cualquier cosa, con una tenacidad y una obcecación que solo puede darse en aquellas personas de principios primitivos. Presenta también otra característica que acompaña a otras obras del escritor norteamericano: la búsqueda de nuevas formas de expresión dentro de la novela. En este caso, la novela está formada por dos historias completamente diferentes, que trascurren en momentos distintos en el tiempo aunque en parecidos espacios físicos, y que solo la sabiduría de Faulkner supo aunar de manera que una no se puede sustentar sin la otra, en esa forma de vasos comunicantes que tanto fascina a Mario Vargas Llosa y que es la marca de aquellos escritores que podemos considerar genios. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Adiós a Berlín. Christopher Isherwood. Gran Bretaña

Adiós a Berlín es una novela de supervivientes; supervivientes a la miseria moral y económica que vivía Alemania al principio de los años 30; supervivientes al ascenso de los nazis, que victimiza especialmente a los amigos judíos del protagonista; supervivientes a la mediocridad de la vida de cada uno: Sally, la prostituta que después interpretaría Liza Minnelli en Cabaret, posiblemente, no vale para nada en la vida; o sí vale: para encontrar a un hombre que la saque de la miseria en la que vive, que la haga sentirse como la reina que ella cree que es. Toda la novela no es más que una impresionante creación de una atmósfera asfixiante, una olla a presión de consecuencias ya conocidas históricamente, en la que se mueven unos personajes que son frutos de su tiempo, marionetas de la situación que les tocó vivir, en la que solo pueden sobrevivir como peces fuera del agua. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Sobre los acantilados de mármol. Ernst Junger. Alemania

Es posible que esta novela sea más bien una parábola, y así desde luego es como se acomete su crítica por parte de los lectores que han tenido acceso a ella. En concreto, una parábola sobre la violencia, un libro visionario sobre lo que iba a acontecer en Europa a partir del año de su publicación, 1939, y en Alemania, país de su autor. Es opinión generalizada considerarlo un libro profético y visionario, como si de él se pudiera extraer una interpretación acertada de los hechos que después acaecieron. Quizá por ese carácter simbólico, algunos han querido ver en esta novela un presagio de la 2ª Guerra Mundial, y a uno de los personajes la figura de Hitler. No podemos olvidar que Jünger fue oficial nazi en la 2ª Guerra Mundial, y que ya desde la Gran Guerra sus opiniones -y acciones- a favor de la violencia eran conocidas; de hecho, es el autor de una de las novelas más atroces que se han escrito sobre la 1ª Guerra mundial, Tempestades de Acero, de ostensible defensa del belicismo. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

En-nadar-dos-pájaros. Flann O’Brien. Irlanda

Hay novelas que parecen haber sido escritas exclusivamente para paladares exquisitos. Cuando el buen y arriesgado lector se enfrenta a una novela con un título como En nadar-dos-pájaros sabe que abre una puerta que solo puede depararle sorpresas; en este caso, gratas sorpresas. Su título en inglés «At swim-two-birds«, significa lo mismo que en español: absolutamente nada. Es la imaginación de Flann O’Brien la que opera el milagro de presentar una novela que en apariencia no tiene ni pies ni cabeza con el extraño resultado de una obra maestra, en la que la coherencia interna es parte fundamental de su talento. Una obra múltiple, estrafalaria, absolutamente moderna, sorprendente y arrolladora. No da un momento de respiro y, sin embargo, no cuenta nada, o no al menos como estamos acostumbrados a leer en las novelas normales. Hay un aliento de imaginación, un poder de la fantasía de tal envergadura, que el lector no deja de encontrar una y mil razones para seguir leyendo sin parar este laberinto de tramas y argumentos. Un festín para los sentidos. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

La Leyenda del Santo Bebedor. Joseph Roth. Ucrania

Es la historia de un clochard parisino, un borracho que vive y duerme bajo los puentes de París. Andreas, un jueves de la primavera de 1934, se encuentra, en uno de esos puentes donde habita, con un señor trajeado que sale de las tinieblas, portándole una extraña noticia: está dispuesto a darle doscientos francos, sin más, a cambio de nada. Pero Andreas es un hombre de honor, y aunque necesita el dinero, está dispuesto a restituirlo en cuanto pueda. El caballero no quiere que se lo devuelva a él, pero dada su reciente conversión al cristianismo, le pide que lo entregue a Santa Teresita de Lisieux, en la iglesia de Sainte Marie des Batignolles. Para Andreas, este suceso solo puede considerarlo como un milagro, un milagro que irá dando sus frutos poco a poco, conforme pasen los días. Él no dejará de beber por ello y justamente el alcohol parece darle una lucidez extrema, la lucidez del que ha empezado a tomar su dosis de licor  y aún no se ha emborrachado. Un libro que parece contener dentro toda la ternura, toda la inocencia del mundo. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Las uvas de la ira. John Steinbeck. EE.UU.

El argumento es de sobra conocido por la excelente película de John Ford y no supone ninguna sorpresa para nadie. Pero hay que resaltar que ni el libro ni la película fueron censuradas nunca en la pacata América en la que fueron concebidos, porque la calidad literaria (y cinematográfica) es tal, y cuenta la realidad con la minuciosidad y la crudeza de manera tan rotunda, que sería negar estúpidamente la realidad el tratar de deshacerse de una obra maestra de este calado. Aun siendo el film de John Ford una obra maestra fiel al argumento, no produce ni mucho menos la sensación de desasosiego y de asfixia que se tiene cuando se lee página a página, con todas sus palabras, la desgarradora historia que se cuenta en esta imprescindible obra, posiblemente la mejor novela sobre la Gran Depresión del 29 en Estados Unidos. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

El día de la langosta. Nathanael West. EE.UU.

Patética quizá sea la palabra que mejor define a esta novela. No triste ni dramática, porque el escritor sabe superar con sabiduría los desagradables escollos que oculta la frustración con una desenvoltura envidiable. Es como si West contara la historia a un público invisible en la barra de un bar, entre sorbos de cerveza, con descaro y distancia suficientes para evitar el drama. Seguimos de cerca a un dibujante mediocre que es llamado por unos estudios mediante un telegrama para que ejerza un oficio que ni siquiera sabe cuál es. Aburrido, se dedica en sus ratos libres a imaginar un cuadro grandioso al estilo de Goya que demostraría su talento. Pero en toda la novela no lo vamos a ver tocar un pincel, porque nada más mudarse a un pequeño apartamento conoce a una chica ambiciosa y descarada que quiere triunfar en el mundo del cine aunque hasta el momento solo ha encontrado papeles secundarios que, además, interpreta de forma lamentable. «Hay pocas cosas más tristes que lo realmente monstruoso». Esa inquietante frase de la novela resume mejor que nada la desigual distancia entre la realidad y el sueño, entre el brillante cartoné y la necesidad de comer todos los días. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

1940

La invención de Morel. Adolfo Bioy Casares. Argentina

Cuando uno se acerca a esta novela queda intimidado por las palabras que Jorge Luis Borges escribió en el prólogo del libro: «He discutido con su autor los pormenores de su trama, la he releído; no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta». Al igual que Borges, al lector que termina esta novela solo le cabe pensar que es perfecta: no parece faltarle ni sobrarle una sola palabra; cada frase, cada párrafo, parece haber sido escrito con el único propósito de llegar a un final que podríamos calificar de antológico, sorprendente, extraordinario. Utilizando una comparación matemática, podríamos tildar la novela de perfectamente geométrica, en la que cada punto depende de los demás, cada línea llega a otra línea de la cual depende y a la cual a su vez da sentido. Todo se cierra como un círculo perfecto. No hay otra forma de expresar la calculada trama de esta obra, precisa y milimétrica. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

El maestro y Margarita. Mijail Bulgákov. Ucrania

Es una de las novelas más imaginativas que se pueda leer, y también es de las más desternillantes, como si Bulgákov hubiera entendido que la libertad imaginativa solo podía ser completa si lo acompañaba de un fino sentido del humor, ese elemento indispensable que hace aún más libres a las personas. Para ello solo tuvo que renovar el mito de Fausto en los tiempos modernos, concretamente en 1930, y en un lugar concreto, Moscú. En ese momento, aparece vestido de profesor ante dos poetas que están paseando por la calle. El sarcasmo de la escena no puede ser pasado por alto: la novela, aparte de su despliegue imaginativo y su amenidad aplastante, es una terrible sátira contra los poderes establecidos en una dictadura. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

El desierto de los Tártaros. Dino Buzzati. Italia

Cuando el lector se adentra en El desierto de los tártaros tiene la sensación de que cada párrafo forma parte de una cadena de mensajes que el escritor ha querido transmitir pero de una forma cifrada, como si escamoteara parte del sentido de la narración. Sin embargo, algo que destaca inmediatamente en la poética de Buzzati es su sencillez, su llaneza, la falta de retórica, la exposición clarísima de los hechos, diríamos que expuestos de una forma incontestable, como si hubiera sido imposible que hubieran ocurrido de otra manera. Quizás ahí resida el secreto del italiano: su falsa claridad. Como los prestidigitadores, expone sus cartas, pero siempre hay un truco final que nos maravilla pero que a la vez nos intriga, porque no sabemos cómo lo ha conseguido realizar. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

El poder y la gloria. Graham Greene. Gran Bretaña

El poder y la gloria muestra como pocas novelas la agonía del cristianismo, esa lucha unamuniana entre la entereza y la cobardía, entre la duda y la seguridad. El protagonista, un sacerdote alcohólico, celebra misas en las que repite que el hombre se encuentra ignominiosamente en la tierra, padeciendo el sufrimiento solo por encontrar en el más allá la misericordia de Dios, que le dará el Paraíso. Pero ni él mismo se lo cree, porque en lugar de abrazar esa muerte por la fe, la rehúye, le da miedo, porque ante todo es un hombre, un ser que tiene espíritu pero también carne, carne pecadora que abraza la debilidad allá donde se encuentre. Graham Greene no escatima en mostrarnos el lado más pecador de su sacerdote, y lo hace con una evidente habilidad técnica. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

El cero y el infinito. Arthur Koestler. Hungría

El cero y el infinito es una buena muestra de cómo una ideología va cercenando cualquier oposición encontrada, aunque esa oposición nazca de su propio seno, y de cómo va sobreviviendo, olvidando sus primeros postulados, engañando a los ciudadanos en un laberinto de irracionalidad que deviene en el mero asesinato. Esta obra, aparte de su innegable valor como obra maestra, es un ejemplo de cómo la literatura puede aliarse con la realidad para contar la verdad. Estremece pensar que más de 40 años antes de que cayera el telón de silencio que preservó la dictadura soviética, Koestler tuviera el coraje de contar lo que allí estaba pasando. Un testimonio único de esa vergüenza que recorrió el siglo XX con su pasión totalitaria. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

El corazón es un cazador solitario. Carson McCullers. EE.UU.

Carson McCullers, que prestó al Sur un lirismo intimista y una mirada compasiva, siempre del lado de los débiles. Con El corazón es un cazador solitario, apenas cumplidos 23 años, se presentó al mundo con una madurez narrativa inusual y asombrosa, dejándonos una novela que podría haber sido su obra maestra si no la hubieran sucedido unos pocos libros más donde su talento no dejó de ascender. Porque hay que decir, desde el principio, que la autora, al margen del peculiar mundo que relata, de su estilo fastuoso y su visión comprensiva de los demás, es una escritora fascinante y precisa, que hace fácil lo difícil, como si no le hubiera costado trabajo escribir lo que escribía. No es tanto que su estilo sea sencillo -que no lo es-, sino algo más impreciso: podemos llamarlo amenidad o encanto, hechizo. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

El don apacible. Mijail Shólojov. Rusia

Esta extensa obra, publicada en cuatro tomos, revisa uno de los grandes acontecimientos que marcó el siglo XX: la revolución rusa. Sobre este tema, El Don apacible es la más detallada, compleja y sobre todo, el que descubre qué pasaba más allá del decorado de San Petersburgo y Moscú, en la Rusia más profunda y brutal: allí donde ni Pedro el Grande pudo llevar la más mínima Ilustración) La escribió un escritor que vivió de cerca la guerra civil rusa (1918-1923), premio Nobel en 1965  y comunista (llegó hasta el Comité Central del PCUS) con una prosa sorprendentemente limpia de prejuicios y de propaganda, mucho más si la novela se considera un texto canónico del realismo socialista. De hecho, el protagonista no es un obrero, ni un campesino, sino de un heroico cosaco. El Don, el río, es un dios fuerte, paciente, vida profunda que fluye sin fin, imperturbable, entre el hielo y el deshielo, la siembra y la siega, las bodas, el nacimiento y la muerte, la guerra y la paz. Entonces irrumpe otro dios: la Historia.

El hombre que amaba a los niños. Christina Stead. Australia

El hombre que amaba a los niños es una gran novela que hay que leer para recordar que las mayores aberraciones pueden cometerse de puertas hacia dentro, en el acogedor y asfixiante seno familiar. La historia se desarrolla en un momento también terrorífico: 1936. Pero hay una persona que es capaz de ver lo que los demás se niegan a comprender por la ceguera de sus pensamientos: él es Sam Pollit, hombre éticamente intachable, padre de seis hijos, marido paciente, amante de las libertades y el progreso, defensor de la eugenesia: solo en un mundo tan perfecto como el que él concibe tienen cabida las mentes más preclaras, los espíritus más progresistas, las conciencias tan perfectas como la suya. El resto de la población, el 90%, debería ser gaseado. Esta novela no tiene trampa: nada es tremendo ni repulsivo en sí. Vemos crecer a los hijos en la creencia de que sus padres son las mejores personas del mundo y vemos a los padres en la seguridad de que están dando la mejor educación a sus hijos. Pero todo lo que puede ir mal, terminará mal. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

Hijo nativo. Richard A. Wright. EE.UU.

Una de las primeras novelas con éxito escrita por un afroamericano, en la que se denuncia la segregación racial que en esos momentos se vivía en Estados Unidos. El protagonista, un veinteañero de raza negra, habitante de uno de los barrios más pobres de Chicago, lleva a cabo dos asesinatos a lo largo de la trama. Sin embargo, el autor no enjuicia los crímenes desde un punto de vista moral sino como resultado de la condición social al que se ve el chico relegado. Muy crítico con la Biblia, Richard A. Wright compara a su personaje con el bíblico Job, que debe aguantar y resistir las máximas desgracias por parte de Dios sin que él pueda hacer nada, a pesar de llevar una vida ejemplar. Una novela valiente y fuertemente crítica con la sociedad de su época.

El halcón peregrino. Glenway Wescott. EE.UU.

Hay novelas cortas que contienen más información que varias novelas largas. En sus 113 páginas, El halcón peregrino es un ejemplo de precisión y de amplificación, es decir, de esa extraña capacidad que tienen algunos relatos de decir mucho más de lo que dicen, como si cada frase llevara dentro un amplificador que multiplica sus efectos en el lector y lo asombra a cada momento. La historia en sí es muy sencilla y nada hace prever en ella la bomba de relojería que hay instalada en su interior: dos jóvenes descansan en una casa de la campiña francesa. Un día aparece un matrimonio, adinerados irlandeses que van de camino a Hungría en su Daimler, acompañados por su chófer. Pero una cosa llama la atención en el matrimonio: viajan acompañados por un halcón peregrino, o mejor dicho, ella, lleva como animal de compañía a un halcón, del cual no se desprende, sujeto a su brazo mediante un guantelete. Ese halcón parece estar de más en la escena, y pronto se asombra el lector de la importancia que va tomando el animal en la conversación. (Leer más: ¿Por qué es una de las novelas fundamentales del siglo XX?)

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Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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