El paseo, de Robert Walser: el optimismo como una filosofía de vida.

El-paseo-Robert-WalserLo que narra esta novela corta es poco más que lo que su propio título indica. El Paseo, es una historia que bajo su capa de sencillez esconde un análisis de la vida. Escrita en primera persona, el personaje principal nos desvela desde el comienzo su intención de dar un paseo matutino por su ciudad:

“Declaro que una hermosa mañana, ya no sé exactamente a qué hora, como me vino en gana dar un paseo, me planté el sombrero en la cabeza, abandoné el cuarto de los escritos o de los espíritus, y bajé la escalera para salir a buen paso a la calle”.

Y mientras camina, el narrador, que resulta ser un poeta, nos describe lo que ve con un lenguaje que nos transmite la felicidad de quien le gusta lo que hace y lo que ve. A veces, las opiniones del narrador se tornan un tanto irónicas, añadiendo sutiles toques de humor a una narración que, en su conjunto, se nos presenta con guiños bastante optimistas. De hecho, el narrador nos confiesa que está disfrutando de su paseo y que no tiene ninguna intención de acelerar su paso sino de disfrutar cada instante de su paseo:

“Amo el ahorro y la moderación y soy contrario en el nombre de Dios en lo más hondo de mi ser a toda prisa y atosigamiento”.

Ni siquiera parece agobiarse o disgustarse con su posición económica, bastante mala, sobre todo teniendo en cuenta que su oficio es el de poeta, lo que el mismo nos corrobora con afirmaciones como esta:

Como pobre escritor disfruto de unos muy cuestionados ingresos. Naturalmente, en mí no se puede apreciar ni hallar rastro de cualquier acumulación patrimonial […] Me las voy arreglando, como suele decirse. No practico lujo alguno, eso puede usted verlo con tan solo mirarme”.

 Robert Walser tiene esa capacidad de hacer disfrutar con esta pequeña obra como si fuese el propio lector quien está paseando. En todo momento utiliza una prosa tranquila, sosegada, impregnada por momentos de un sutil romanticismo que sabe compaginar perfectamente con el recurso de la ironía. Este estilo resulta particularmente llamativo sabiendo que la obra se publicó en 1917, es decir, cuando el futuro de  Europa se debatía en la terrible I Guerra Mundial. Por otra parte, hay que presuponer que el paseante está en alguna ciudad suiza, alejada por tanto del conflicto bélico, pero resulta especialmente gratificante ese particular punto de vista, que constituye casi una filosofía de la vida, una forma de sentir y de existir. Es una narración que contagia su visión positiva, optimista, de las cosas. Una filosofía que quizá se resume en esta frase del libro:

“A veces ando errante en la niebla y en mil vacilaciones y confusiones, y a menudo me siento miserablemente abandonado. Pero pienso que es bello luchar. Un hombre no se siente orgulloso de las alegrías y del placer. En el fondo lo único que da orgullo y alegría al espíritu son los esfuerzos superados con bravura y los sufrimientos soportados con paciencia. Pero no gusta derrochar palabras a este respecto. ¿Qué hombre honrado ha mantenido por completo intactos a lo largo de los años sus esperanzas, planes, sueños? ¿Dónde está el alma cuyos anhelos, osados deseos, dulces y elevadas concepciones de la felicidad se cumplieron, sin tener que hacer descuentos en ellas?”.

Hay un momento bastante divertido en el que el paseante trata de justificar su aparente ociosidad ante un inspector de Hacienda, que quiere cobrarle porque siempre lo encuentra paseando. La justificación del poeta viene a decir que para crear su obra necesita pasear y ver el mundo que le rodea, la vida que late en las calles, todo ello como fuente de inspiración. La novela es demasiado corta para desvelar si la realmente esa ociosidad justifica la producción literaria del narrador, pero eso en el fondo, no nos importa. Lo importante es su buena voluntad, nos dice. Y lo que hace disfrutar al lector son esas observaciones absolutamente incisivas que encontramos en esta breve obra. Todo un deleite que, con casi total seguridad, les hará disfrutar.

El paseo. Robert Walser. Siruela.

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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