El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias: la novela del dictador

Portada de El señor presidente, de Miguel Ángel AsturiasEn algunos autores, la literatura se presenta bajo una doble necesidad: por un lado la de entender las causas, y por el otro, la de explicarlas. Es la herramienta que tienen para descifrar la realidad y, posteriormente, para enfrentarse a ella. Se puede afirmar que Miguel Ángel Asturias, escritor guatemalteco y Premio Nobel de Literatura en 1967, pertenece a ese grupo de autores. Y se puede afirmar, también, que su novela El señor presidente constituye un progreso en el campo de las letras, pues con esta obra Miguel Ángel Asturias descubrió un camino nuevo para que otras voces literarias buscaran y encontraran una autonomía literaria y estilística.

Tras un largo periodo de escritura que comenzó en los años 20 y concluyó en 1933, Miguel Ángel Asturias no pudo ver su obra publicada hasta el año 1946 y para ello tuvo que hacerlo a través de una editorial de México, debido a los problemas de censura que existían en Guatemala. El señor presidente se trata de la primera novela hispanoamericana con la temática del dictador, en donde se trata de reflejar la personalidad de un tirano que, en este caso concreto, hace referencia aunque sin nombrarlo al gobierno de Manuel Estrada Cabrera. El autor nos presenta en la novela las historias de diferentes personajes, que se ven relacionados con la figura autoritaria a quien todos se refieren como el señor presidente cuando habland de él y, de hecho, nunca llega a mencionarse su nombre. Sencillamente es una radiografía del ambiente presidencial, y de cómo las decisiones despóticas, arbitrarias y crueles del presidente cambian la vida de todos sus conciudadanos, y cómo algunos de ellos tratan de escapar desesperadamente del régimen dictatorial.

La trama de El señor presidente comienza en un lugar conocido como El Portal del Señor, donde se reúnen los mendigos de la ciudad. El Pelele, uno de esos mendigos, sucumbe a un ataque de ira cuando se burlan de él y mata al coronel Parrales, uno de los favoritos del señor presidente quien, al conocer la noticia, ordena que se lleve a cabo una investigación para vengar la muerte del coronel, pero lo que hace en realidad es culpar arbitrariamente del asesinato al general Canales, a quien considera su enemigo. Pese a que los mendigos detenidos juran y perjuran que el autor del crimen fue El Pelele, el presidente manda torturarlos hasta que no confiesen “la verdad”, es decir, que el crimen fue cometido por el general Canales. Todos acaban firmando esa confesión salvo uno de ellos, un inválido que mantiene con firmeza su versión hasta que muere a manos de sus torturadores.

Al tiempo que se producen los interrogatorios, el presidente encarga a Cara de Ángel, un personaje de moral ambigua y persona de confianza del presidente, que vaya a casa del general Canales para advertirle de que va a ser declarado culpable de asesinato y darle así la oportunidad de escapar. De ese modo, su propia huida será una rúbrica de la admisión de culpabilidad, sin necesidad de una confesión explícita y, además, una excusa perfecta para matarlo impunemente como un prófugo cobarde y traidor al presidente. Sin embargo, Cara de Ángel desconoce esa parte de la estratagema y, cuando va a avisar al general para hacerle ver la conveniencia de que huya, al mismo tiempo planea secuestrar a su hija Camila, pues él está muy enamorado de ella y piensa que si Camila se queda en la ciudad con él, no solo facilitará la huida del general, sino que él mismo le podrá garantizar la protección que en otro caso no tendría. Para raptar a Camila, Cara de Ángel recurre a un policía de la secreta apellidado Vásquez. Vásquez a su vez le cuenta a su amigo Rodas el plan que tiene Cara de Ángel tanto para ayudar al coronel Canales a escapar como para raptar a Camila. La esposa de Rodas, Fedina, escucha esta conversación y, dado que siente un gran afecto por Camila, decide ir a su casa para advertirla. Sin embargo, cuando llega a la casa, el general ya ha escapado y Camila ha sido raptada. Al ver a Fedina en la casa del general, la policía la detiene y la acusa de traición y de haber ayudado al general en su fuga. Su detención desencadena uno de los momentos más intensos y dramáticos de la novela, cuando Fedina es sometida a tortura y sus carceleros y torturadores dejan que su hijo pequeño, un bebé lactante, muera de hambre en presencia de Fedina, a quien no le permiten que lo alimente. Tras ese cruel suceso, ella enloquece y sus carceleros la venden a un prostíbulo.

Por su parte, Cara de Ángel, perdidamente enamorado de Camila, se casa con ella y el señor presidente no solo da su consentimiento, sino que apadrina su boda. Sin embargo, el señor presidente ha comenzado a desconfiar de su antigua mano derecha y, con la creencia paranoica de que lo ha traicionado pactando con el general Canales para quedarse con su hija a cambio de escapar con vida, le tiende una trampa en la que Cara de Ángel acaba detenido y encarcelado. A esta suceden otra serie de desgracias que no voy a desvelar y que convierten la novela en una historia desgarradora y con un final completamente desolador que culmina con el reflejo de una sociedad enferma por el miedo atroz al tirano que la gobierna, y marcada a fuego por el cruel despotismo, la tristeza y la muerte.

Lo que diferencia a esta novela de tantas otras que han tratado la temática de las dictaduras hispanoamericanas es el conocimiento y el realismo con que el autor pudo realizar su trabajo, ya que Miguel Ángel Asturias fue testigo directo de la terrible realidad social y política que imperó bajo la dictadura de Manuel Estrada Cabrera. El señor presidente es por ello una novela nacida del propio dolor que del autor siente por el estado de su país. Lo curioso de esta obra es que, contando con esa tentativa de ser fiel reflejo de la realidad, escapa luego de ella, como si el realismo que encontramos en muchas de sus páginas no fuese suficiente para explicar todo lo que rodea a una sociedad que vive bajo el yugo de un dictador. Por eso en ocasiones el autor deja volar su imaginación libremente hasta que logra un estilo de tono surrealista, onírico y, por decirlo así, mágico. De hecho se considera que esta obra fue una de las primeras en sentar las piedras de aquello que, posteriormente, sería el realismo mágico, la corriente literaria en la que se insertarían voces tan características como las de Juan Rulfo, Alejo Carpentier, Arturo Uslar Pietri, Gabriel García Márquez y otros muchos.

Esta mezcla entre ficción y realismo proporcionan al lector una historia coherente con base sólida en el mundo real que al mismo tiempo conmuta a otro plano bien diferente, el de la imaginación. Se consigue así una luz completamente diferente, y una reflexión más pura, menos obligada a entenderse con las causas y los hechos. Ese logro aparece, por primera vez y tan magistralmente desarrollado, en El señor presidente.

En conclusión, la historia de las letras siempre tiene la oportunidad de generar nuevas dinámicas, estructuras y sorpresas. A veces se marcan esas novedades con el nombre de hitos, o fijando un rótulo con un nuevo estilo bajo esas novelas. Ante esta obra nos encontramos, sin lugar a dudas, con un hito de la literatura. Y sin lugar a dudas resulta todo un placer la lectura de un gran libro como este, y de un gran autor.

El señor presidente. Miguel Ángel Asturias. Alianza Editorial

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad
de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante
(2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma
de John Wayne (2011, premio Castillo-
Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio
Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio
Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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