Los árboles mueren de pie, de Alejandro Casona

Alejandro CasonaEn un lugar oculto de la ciudad opera una extraña compañía cuyos objetivos no son nada claros. Una mecanógrafa, una secretaria y una serie de pintorescos y –al parecer- nada relacionados individuos que se disfrazan una y otra vez pasan ante los ojos de dos “clientes”: una joven, Marta, y un anciano, el Sr. Balboa. Ambos han sido citados sin mucha explicación a la espera de un milagro que les ayude a resolver sus respectivos problemas.

Cuando Marta se siente amenazada por la situación, decide irse, pero desiste ante la presentación del creador y gestor de toda la empresa: el Dr. Ariel, un millonario filántropo que, por medio de encubiertas argucias (muchas veces, ilegales), trata de hacer de este un mundo mejor. Las varias personas que aparecieron no son otros que sus empleados. Es él quien ha irrumpido en la vida de Marta en su peor momento y le ha tendido la mano, propuesta que ella acepta: ser una más de su peculiar proyecto.

Al proseguir con el Sr. Balboa, este le cuenta su situación: hace muchos años, expulsó de su hogar a su nieto, Mauricio (su único descendiente) por andar en malos rumbos, hecho que mortificó la vida de su esposa, la abuela. Para reparar el daño, el Sr. Balboa le escribió cartas falsas en su nombre, donde contaba que no solo volvía al buen camino, sino que además era un feliz profesional y esposo. Sin embargo, un día llega una carta auténtica del nieto, donde informa que va a volver, y, aunque su barco naufraga, el Sr. Balboa no quiere defraudar a la abuela, que por mucho tiempo ha esperado reencontrarse con él. El Dr. Ariel acepta entonces ser el nieto perdido por unos días, y convoca a Marta para ser la esposa.

Ya en la casa de los Balboa, el plan sigue su curso con éxito, aunque con ciertos detalles de riesgo: la abuela ha creído por completo que el Dr. Ariel es su nieto, pero se ha vertido tanto en la información sobre su vida a través de la correspondencia, que el actor emplea toda su astucia y capacidad de improvisación para salir del paso. Ello también alcanza a Isabel, quien, a diferencia de su compañero, no tiene ningún tipo de preparación actoral. Su desafío más grande es, por ejemplo, fingir que está muy enamorada de “su esposo” y desarrollar confianza con él, sobre todo frente a la abuela y la criada. Paralelo a esto, ambos empiezan a sentir afecto uno por el otro.

Cercano el día en que los nietos se vayan para siempre con una buena coartada (fabricada por la secretaria), el verdadero Mauricio, quien ha sobrevivido al naufragio, aparece. Se da cuenta de lo que está pasando y chantajea a su falso yo con revelar toda la verdad. El Dr. Ariel y Marta tratan de persuadirlo, pero nada quiebra su voluntad: necesita dinero para sufragar una deuda que le puede costar la vida. La abuela aparece en escena y, a solas con él, le revela lo inesperado: cuando apareció el día anterior le reconoció y se dio cuenta de todo el engaño, confirmado por el Sr. Balboa, a quien obligó a confesar. Con todo el dolor de su corazón, le reprocha su cinismo de estar dispuesto a hacer desdichada a su abuela a cambio de dinero y, aunque el nieto suplica y apela al afecto y la consanguineidad con desesperación, lo despide. Es ahora ella quien finge que los dos impostores son su verdadera familia, reprimiendo el daño que acaba de sufrir. La abuela es un árbol: muerta por dentro, pero de pie.

Cautivante, divertida y vigorizante, Los árboles mueren de pie, obra de teatro de Alejandro Casona, atrapa de principio a fin, primero con la intrigante incógnita de la empresa que conforman esos individuos que van de un lado a otro recitando códigos y datos inciertos, y luego, con la confabulación del Sr. Balboa y el Dr. Ariel para darle un gran momento de dicha a una anciana que lo necesita. Romance, aventura, comedia de situación, reflexión, drama, misterio, solo le falta ciencia ficción y sería una obra “todista”, pero no la necesita para impactar y conducir a un desenlace alentador y que, a su vez, juega irónicamente con la trama, dando lugar al amor y la confianza como las mejores maestras de la vida.

Los árboles mueren de pie. Alejandro Casona. Losada

Reseña de Marisol Dominguez Vergara, Trujillo, Perú.

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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