¡El autor, el autor! David Lodge: La locura del arte

David LodgeDavid Lodge no tuvo suerte. Afamado escritor de novelas de humor se decidió por abordar un tema serio tomando como personaje principal a uno de sus narradores de cabecera, Henry James. Lo había estudiado con admiración y su ensayo sobre el escritor norteamericano es uno de los más celebrados acercamientos a su obra. En el verano de 2002 comenzó la redacción de ¡El autor, el autor! (Author, Author) y en noviembre de ese mismo año, cuando ya tenía escritas 20.000 palabras, se publicó una novela de Emma Tennant titulada Felony, que trataba básicamente de la relación entre Henry James y Constance Fenimore Woolson.

En septiembre de 2003, Lodge entregó su novela a la editorial y fue entonces cuando se enteró de que Colm Tóibín publicaría en la primavera de 2004 The Master. Retrato del novelista adulto. Cuál sería su sorpresa cuando leyese que esta obra y la suya coincidían no solo en tomar como protagonista a Henry James, sino que sendas tramas giraban exactamente entorno al desgraciado incidente del estreno de Guy Domville.

Afortunadamente, las coincidencias terminan ahí. Tanto Colm Tóibín como David Lodge son buenos conocedores de Henry James y saben de la importancia del punto de vista a la hora de afrontar una novela. Si Tóibín enfoca su propuesta hacia las posibles (y reprimidas) tendencias homoeróticas de James, Lodge aborda dos de sus más importantes experiencias vitales, como fueron la conciencia del fracaso y la lealtad hacia sus amigos. En cuanto a Felony de Emma Tennant, cualquier parecido tanto en calidad como en temática es pura casualidad, puesto que la novelista inglesa hace una especie de alegato ultrafeminista a favor de Constance Fenimore Woolson, víctima, según la autora, del machista desprecio con que los hombres (en este caso, Henry James) trataban a las mujeres, y en concreto a las mujeres enamoradas, que por lo visto las llevaban al suicidio desde un balcón veneciano.

Como decíamos, ¡El autor, el autor! se concentra en uno de los aspectos menos conocidos de Henry James: su amarga experiencia del fracaso. Para ello, David Lodge utiliza un excelente recurso narrativo: la contraposición de caracteres. Inteligentemente, no deja a James rumiando solo su derrota en una novela que podía resultar pesada y sobre todo pesimista, sino que introduce otro personaje real que tuvo mucha importancia en su vida: su amigo George Du Maurier.

George Du Maurier (abuelo de la escritora Daphne Du Maurier) fue un pintor vocacional que pronto sufrió la pérdida de vista en un ojo, lo que lo imposibilitó para dedicarse a la pintura. Hombre modesto y estoico, se decidió por la ilustración, y dadas sus dotes extraordinarias, llegó a ser el dibujante más cotizado de la revista satírica Punch. James y Du Maurier se conocieron cuando le encargaron a éste las ilustraciones para Washington Square, que por cierto no gustaron demasiado al escritor. Sin embargo, desde entonces nació entre ellos una genuina amistad que mantuvieron durante toda su vida.

Lodge utiliza el conocido contraste entre Don Quijote y Sancho con resultados extraordinarios: Henry James se nos presenta como un genio incomprendido, que trata de triunfar en la escena londinense con obras cuya aceptación es más que improbable mientras que George Du Maurier es el discreto artesano que se gana la vida con sus dibujos y que, ante la posibilidad de quedarse completamente ciego, trata de hacer sus pinitos en la literatura, concibiendo historias melodramáticas y sentimentales que primero ofrece a su amigo Henry, pero que éste, viendo el escaso calado de las tramas, rechaza con elegancia, animando a su amigo a que se las dicte a su mujer, ya que apenas ve lo suficiente como para escribirlas de su propio puño.

La novela de Lodge, sin embargo, comienza en los últimos meses de Henry James, cuando enfermo y derrotado por el fracaso de su carrera y la fuerte impresión que recibió por el desarrollo de la Gran Guerra, se encuentra recluido en su cama, sin apenas ganas de vivir. Con ironía, David Lodge nos muestra el momento en que le conceden la Orden de Mérito del Reino Unido, distinción que solo pueden tener 20 personas al mismo tiempo, y que es el más alto honor que puede recibir un súbdito británico. En una escena estremecedora, el escritor, ya apenas consciente de lo que ocurre a su alrededor, recibe la notificación de manos de su amigo el escritor Edmund Gosse: si cabe, esta honorable y tardía concesión subraya aún más el fracaso de su vida.

A partir de ese momento, David Lodge hace un enorme flashback para detenerse en el instante exacto en que ese fracaso tomó cuerpo: el inicio de su carrera teatral. No obstante no se deleita en ese episodio, como sí le ocurre a Colm Tóibín en su novela The Master. Para Lodge, es solo el principio del calvario que va a tener su continuación en la suerte que acompaña a George Du Maurier.

Éste había escrito una primera novela con un discreto éxito y no tenía mucha confianza en sí mismo, al contrario que James, cuya confianza era absoluta pero cuyo empeño no se veía recompensado con el interés de los lectores. Los dos amigos pasean y conversan. Hablan de esto y de aquello, Du Maurier preocupado por su progresiva ceguera y el futuro de su numerosa familia, James esperanzado en la obra que está escribiendo y en un futuro fervor del público.

Una tarde, Du Maurier le ofrece a su amigo la idea para una novela: la historia de una joven huérfana de quince años que tiene que cuidar de su hermano pequeño y que para ganarse el sustento se ofrece desnuda como modelo de artistas. Un día la descubre un viejo judío extranjero y la convierte en una famosa cantante en el continente: el judío es hipnotizador y la joven sólo puede actuar bajo su influencia. Cuando el hombre muere de repente, en mitad de una actuación, la chica vuelve a ser completamente corriente: canta como un cuervo.

Una vez más, James rehúsa amablemente el ofrecimiento y anima a su amigo a que emprenda la redacción de la novela. Poco tiempo después, se publicará bajo el título de Trilby: nunca se conoció un éxito mayor de público en la literatura inglesa, ni siquiera superado por Dickens. La obra pronto llega a vender 250.000 ejemplares y en Estados Unidos comienzan a hacer todo tipo de productos relacionados con la historia. Aun en la actualidad existe y se vende el sombrero Trilby.

De nuevo, David Lodge coloca a James en la irónica situación de ver cómo su mejor amigo -que ni siquiera es escritor profesional- triunfa con una novela mediocre mientras que él está escribiendo algunos de las mejores narraciones que se han publicado jamás sin el menor reconocimiento público. Lodge hace suyo uno de los más sangrantes epigramas de Oscar Wilde: “No basta con triunfar; los demás deben fracasar” y lo aplica sobre su personaje, porque realmente esa fue la verdadera experiencia que sufrió Henry James.

Pero lo que en otra novela hubiera sido la humillante descripción de una carrera degradada, en esta obra, gracias al genio de David Lodge, se convierte en el honroso mantenimiento de la dignidad por parte de Henry James ante las adversas circunstancias y la lealtad hacia sus amigos, a los que nunca falló.

Si bien las novelas biográficas suelen tener mucho de hagiografía hacia sus protagonistas, en este caso David Lodge tiene la virtud de mantenerse en la estricta observancia de la realidad. No hay una sola línea en su relato que esté inventada y cada episodio puede ser perfectamente contrastado con las monumentales biografías que hay escritas tanto sobre Henry James como sobre George Du Maurier. Es más: dado que estas biografías no están traducidas al castellano, ¡El autor, el autor! es una extraordinaria oportunidad para acercarse a las vidas de estos dos artistas.

No obstante, a pesar de no salirse ni un milímetro de la verdad histórica, Lodge, como buen escritor inglés, dota a la narración de un dinamismo propio de los grandes autores británicos. Los personajes se mueven, respiran, tienen vida propia; la acción no decae en ningún momento; el interés va creciendo conforme avanza la obra. Para mayor alegría de los lectores asiduos a Henry James, David Lodge consigue incluso lo que no consiguió Colm Tóibín con su novela: hace hablar a Henry James como suponemos que hablaría en la realidad. El Henry James de Tóibín es una persona acobardada que solo responde con evasivas, tal vez porque el escritor irlandés no supo coger el tono adecuado y directamente lo obvió. Sin embargo, David Lodge nos regala una novela muy dialogada y, además, de forma brillante. Las numerosas conversaciones de James con George Du Maurier marcan claramente la diferencia entre la cultura y la elegancia de uno frente a la sencillez y la naturalidad del otro.

He dicho que la novela se atiene estrictamente a los hechos históricos, pero David Lodge nos tiene reservada una sorpresa que ya advierte en una nota introductoria: todo es real menos un pequeño episodio, y ese episodio no pasa inadvertido: en uno de sus habituales paseos en bicicleta por los alrededores de Torquay, Henry James atropella accidentalmente a una niña de cinco años, Agatha Miller, que años después sería más conocida por su nombre de casada, Agatha Christie. Aunque la pequeña Agatha vivía por entonces en esa zona, el atropello es solo fruto de la fantasía de David Lodge; sin embargo, he leído repetidas veces en artículos la referencia a este incidente dándolo por verídico. Como diría el propio Henry James, esto no es más que la locura del arte.

¡El autor, el autor! David Lodge. Anagrama.

Reseñas sobre Henry James en Cicutadry:

Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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