Poetas de Colombia: Darío Jaramillo

Darío Jaramillo es acaso, en la actualidad, uno de los poetas más leídos y celebrados en lengua castellana. Nacido en Santa Rosa de Osos, Antioquia, Colombia, en 1947, conectó con los lectores desde su temprano libro Poemas de amor, un título que, a fuerza de pura simpleza, contenía una trampa y a la vez una invitación para leer poesía de otra manera diferente a la habitual: el sentimiento como una forma existencial de estar en el mundo, es decir, con su plenitud pero también con sus omisiones, sus ausencias, sus silencios.

El poeta del amor inteligente

Corría el año 1986. Hasta ese momento, los lectores más sentimentales se habían acostumbrado a la poética de Neruda, más intelectual de lo que en principio aparenta. Darío Jaramillo le daría una vuelta de tuerca al tratamiento del amor.

En apariencia, y leídos sus versos con cierta levedad, parecía que Darío Jaramillo bebía de fuentes tan populares como la canción popular, y en concreto, del bolero. Sin embargo, una lectura más atenta ya exhibía una peculiar poética que obligaba al lector a observar los sentimientos más por lo que oculta que por lo que muestran.

Podría perfectamente suprimirte de mi vida,
no contestar tus llamadas, no abrirte la puerta de la casa,
no pensarte, no desearte,
no buscarte en ningún lugar común y no volver a verte,
circular por calles por donde sé que no pasas,
eliminar de mi memoria cada instante que hemos compartido,
cada recuerdo de tu recuerdo,
olvidar tu cara hasta ser capaz de no reconocerte,
responder con evasivas cuando me pregunten por ti
y hacer como si no hubieras existido nunca.
Pero te amo.

Poemas de Amor, 1986

Nótese la cantidad de negaciones que contiene este sublime poema: el amor no es siempre un sentimiento positivo sino que también se instala en lo que no existe y que, gracias a su fuerza, se impone sobre el ser humano. Así lo confesaba en una entrevista:

Tiendo a pensar que con respecto al enamoramiento no cabe hablar de inocencia, de ingenuidad o de desencanto: el amor es una enfermedad, una enfermedad cuyo principal síntoma viene en la definición de Victor Hugo: “El amor es un ardiente olvido de todo”. Nadie se enamora o desenamora a voluntad. Y, como en toda infectología, los virus mutan y no hay manera de vacunarse.

Cada amor es distinto, unos dan solo con la lujuria:

Tu lengua, tu sabia lengua que inventa mi piel,
tu lengua de fuego que me incendia,
tu lengua que crea el instante de demencia, el delirio del cuerpo enamorado,
tu lengua, látigo sagrado, brasa dulce,
invocación de los incendios que me saca de mí, que me transforma,
tu lengua de carne sin pudores,
tu lengua de entrega que me demanda todo, tu muy mía lengua,
tu bella lengua que electriza mis labios, que vuelve tuyo mi cuerpo por ti purificado,
tu lengua que me explora y me descubre,
tu hermosa lengua que también sabe decir que me ama
.

Poemas de Amor, 1986

Otros dan con algo de sentimental, de romanticismo:

Todo tuyo siempre todavía.
Tuyo todo por siempre hasta hoy y luego,
tuyo siempre porque para ser lo necesito,
siempre todo tuyo,
siempre aunque siempre nunca sea,
todo íntegro tuyo siempre y hasta ahora
más el próximo nuevo instante cada vez.
Con todo el tiempo el mundo a nuestro alcance,
todo el tiempo del mundo que es igual a la próxima noche,
todo tuyo siempre todavía.
Seguro de sobrevivir mañana tuyo,
siempre tuyo desde hoy en cada mañana de mañana.
Enamorado de ti, siempre y ahora, sin recuerdos,
en presente siempre amándote,
eternamente tuyo,
todo tuyo siempre todavía.

Poemas de Amor, 1986

Otros, quizá de los peores, son los que mueren por la vía de la sinceridad:

Este corazón seco, incapaz de otro amor, agotado y solo,
este corazón de precisa prepotencia,
este corazón que ya no llega a la mirada,
este corazón cancelado y cambiado por una especie de helada ternura,
planeó mis iras, proyectó cada aspecto de mis entusiasmos.
Queda el rescoldo de viejas complicidades y el placer de la tarde solitaria
mientras la lluvia se repite:
es cómica la futilidad de toda agonía;
estamos solos.
Este corazón sin sed, este ciego corazón no distingue ya entre el paraíso y el desierto.

Poemas de Amor, 1986

Y otros terminan siendo como una enfermedad crónica, como un mal hábito o una costumbre:

Sé que el amor
no existe
y sé también
que te amo.

Poemas de Amor, 1986

A todas las formas de presentarse el amor, Darío Jaramillo ha dado exactas palabras, hasta el punto de volverlo casi irreconocible. De alguna manera, el poeta colombiano ha ido descubriendo con el tiempo y los libros que nuestra imagen del ser amado está deformada por el mismo amor. Como él ha recordado: “Por eso Antonio Porchia escribió: Te quiero como eres, pero no me digas cómo eres.”

La ambigüedad de los sentimientos

Darío Jaramillo siempre deambula en sus versos por la cuerda floja de la ambigüedad de los sentimientos. Tal vez su éxito se deba a que es capaz de mostrar lo que ningún poeta romántico ha hecho antes: que las emociones y los sentimientos están cargados de silencios, de sobreentendidos, de suposiciones, y sobre todo, de una gran individualidad: cada cual ama (u odia, o se alegra) de distinta manera, y Jaramillo no se ha instalado nunca en una posición determinada sino que ha abarcado, con infinita sabiduría, esos caminos nada trillados que son como una radiografía de lo que cada uno sentimos sin añadirle discurso intelectual o barroco alguno.

Obsérvese la sencillez literaria que puede llegar a alcanzar en algunos de sus versos para tratar temas extremadamente complejos:

Primero está la soledad.
En las entrañas y en el centro del alma:
ésta es la esencia, el dato básico, la única certeza;
que solamente tu respiración te acompaña,
que siempre bailarás con tu sombra,
que esa tiniebla eres tú.
Tu corazón, ese froto perplejo, no tiene que agriarse con tu sino solitario;
déjalo esperar sin esperanza
que el amor es un regalo que algún día llega por sí solo.
Pero primero está la soledad,
y tú estás solo,
tú estás solo con tu pecado original -contigo mismo-.
Acaso una noche, a las nueve,
aparece el amor y todo estalla y algo se ilumina dentro de ti,
y te vuelves otro, menos amargo, más dichoso;
pero no olvides, especialmente entonces,
cuando llegue el amor y te calcine,
que primero y siempre está tu soledad
y luego nada
y después, si ha de llegar, está el amor.

Poemas de Amor, 1986

Esta forma llana, y a la vez compleja, de abordar un tema tan manido, lo hace un poeta único. Es más, en ocasiones rehúye de conceder al amor la importancia que se le da en el devenir en el ser humano en un triple salto mortal que tiene la capacidad de dejar al lector sin saber a qué atenerse:

No menciones el amor: bien sabes que sería profanarlo.
Déjalo ser en silencio, para que sientas la música
de los dedos que rozan una piel amada.
Pero cállalo. Dedica tu babosa palabra a la pena;
exhibe sin pudor la dureza de tu corazón y así confirmarás que esa llaga ya no duele;
ah, tu corazón, esa zona manida de ti, sabia, anestesiada, infeliz.
No, no menciones el amor; déjalo crecer en silencio,
aliméntalo con silencio, compártelo sin decirlo
y solamente tartajea tu palabra para secretar tu viscoso veneno,
la amarga poción de tu cautela
.

Poemas de Amor, 1986

El amor imposible

Entiendo que en Darío Jaramillo hay una especie de mirada budista sobre los sentimientos, como buscando el otro lado, el lado del silencio, de la búsqueda del no sufrimiento, como un decidido ánimo de no juzgar, sino simplemente de contemplar las causas y los efectos, el antes y el después, y no quedarse anclado en la omnipresencia del sentimiento:

Un día en la penumbra te enamoras de tu amor imposible.
Una breve charla, si acaso una mirada, una sonrisa leve,
un levísimo guiño inolvidable
y cae el azul entero de cielo sobre tu alma
y desfalleces de la dicha,
llueve la luz en tus adentros.
Sabes que es un amor imposible.
Sabes que no hay manera de cruzar una vida con la otra,
que, acaso, fue una fortuna que un día tocaras a tu amor imposible.
Pero también sabes que es imposible tu amor,
que no lo verás más,
que el amor que le tienes a tu amor imposible
no necesita a tu amor imposible,
que amas a una quimera que un día se encarnó debajo de la piel
más lejana y que más amas
.

Libros de poemas, 2001

Es una felicidad que existan poetas tan inteligentes como Darío Jaramillo sin que tengamos que soportar la exhibición continua de su inteligencia. Por eso cabe destacar en el colombiano esa cercanía con la realidad del ser humano, más allá de idealizaciones o expectativas.

Posees el gozo de su risa
pero debes saber que partirá.
Te inunda su alegría
te ilumina su rotunda carcajada
con una luz muy dulce,
pero no ignores que se irá.
Ella fluye,
ella es un líquido que detesta estancarse
ella es un pájaro que anida y emigra,
ella se irá.
Ella se irá y te dejará una marca de amor
que solamente curarás con su regreso efímero.
Entonces la verás de paso
y será como tropezar con el sol de la mañana
descubrir de nuevo su alegría,
nadar en ella
plácido
hasta un próximo encuentro inesperado
.

Libros de poemas, 2001

Darío Jaramillo nos muestra en cada poema que hay un momento en que el sentimiento diluye al propio yo y cada ser se encuentra de boca con un estado de visión mística, con una identidad cuya sustancia está fuera del tiempo, anterior y posterior al mismo tiempo. Esa esquiva identidad es la que busca continuamente Darío Jaramillo con la palabra, especie de conjuro que hace desaparecer el yo para hacerlo consciente de que, en realidad, las certezas son móviles:

Un silencio vestido de fango,
el tartamudeo abatido del agua que gotea, el graznido del amor fugaz
con una puta, hace dos años en septiembre; el hastío, esa lenta langosta
que me niega el olvido; la sombra de la casa en la memoria, la mañana,
un sueño que se agota, el árbol casi seco, el ruido de una llama.

Libro de las mutaciones, 7

Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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