Desciende, Moisés. William Faulkner

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En los relatos de Faulkner se concentra todo el universo que aparece en sus novelas. No en vano, Faulkner era muy dado a aprovechar buena parte del material de sus relatos como capítulos independientes de sus novelas. Tras la década de los años treinta, década en la que se concentran sus mejores novelas, Faulkner escribió muchos de los relatos que, en algunos casos, con posterioridad, aprovecharía en algunas de sus novelas. En el caso de “Desciende, Moisés”, sus historias apenas son aprovechadas para obras posteriores, salvo el caso de la novela “Intruso en el polvo” y más por los personajes comunes (la familia McCaslin) que por las historias en sí mismas. Con el título, Faulkner alude, de manera alegórica, al drama la raza negra esclavizada y oprimida, drama que fue especialmente arduo y doloroso en el sur de los Estados Unidos. Concretamente el título hace referencia a una cita bíblica: “Desciende Moisés y dile al Faraón que deje marchar a mi pueblo” («¡Go down Moses and tell the Pharaoh to let my people go!»).

Lo cierto es que el conjunto de los siete relatos que componen “Desciende, Moisés” se integran en un todo que hacen del libro una especie de novela episódica, ya que en muchos sentidos termina percibiéndose como capítulos, con saltos temporales, relacionados en gran medida con el mismo conjunto de personajes y, en muchos casos, con una temática que les proporciona una coherencia unitaria. En estos relatos aparecen los temas típicos del universo faulkneriano, como son las difíciles relaciones entre blancos y negros, la lucha encarnizada por la posesión de la tierra, las relaciones hostiles entre los hombres y su entorno natural, el efecto corrosivo del dinero y la complejidad de unos personajes cuya dificultad para relacionarse es a veces abismal. Pero, además de todo esto, en “Desciende, Moisés” se introduce un nuevo elemento que adquiere especial relevancia en casi todo el libro: se trata de la naturaleza. En la mayor parte de los relatos aparece la naturaleza como un factor que humaniza a sus personajes, ya que es en este entorno alejado de la civilización donde se sienten cómodos, lejos de un mundo cuyo progreso, paradójicamente, los enajena y los corrompe. A través de múltiples escenas de caza, los protagonistas se enfrentan al lado más salvaje de las cosas y aceptan su dureza sin rechistar. Incluso cuando todo el objetivo de unos personajes se reduce a dar caza a un viejo y astuto oso que lleva años campando a sus anchas por los bosques sin que nadie haya podido darle caza, ese instinto asesino termina por reducirse cuando se presenta la oportunidad de matarlo. De esta forma vemos un resquicio de humanidad, un atisbo de compasión en el fondo de unos corazones que parecen asolados, encallecidos con el paso del tiempo.

Los relatos que componen esta obra son los siguientes:

Fue (Was): Narrada a través de un “él”, en esta primera ocasión, Cass Edmonds, de 9 años, ambientada en 1859.

El fuego y el hogar (The fire and the hearth): Protagonizada por Lucas Beauchamp y ambientada en 1942, recorre la memoria de este personaje mientras se ocupa de los problemas que le crea su hija y su futuro yerno.

Pantalón de negro (Pantalon in black): que ocurre también en 1942 pero cuyo protagonista no pertenece a la familia objeto de la obra, aunque sí comparte espacio con sus miembros. Además ejerce una especie de contrapunto con la última historia y que da título al libro.

Los viejos del lugar (The old people): Ambientada en 1879, cuando Cass tiene 29 años y Ike, su tío, 12, que se constituye en el “él” narrativo a través de cuyos ojos avanza la historia.

El oso (The bear): ambientada cuatro años después y con los mismos protagonistas. Quizás el relato corto más conocido de su autor.

Otoño en el delta (Delta autum): ambientada en 1940 y centrada en un Ike casi octogenario y creyéndose libre del pecado por haber renunciado a la tierra a favor de su sobrino Edmonds, cae en la maldición de la tierra y las clases.

Desciende, Moisés (Go down, Moses): Ambientada en 1940 y protagonizada por Gavin Stevens.

Desciende, Moisés”, habla en última instancia de la imposibilidad de poseer la tierra, de la dualidad blanco-negro que ha determinado la sociedad estadounidense y que supone una barrera insalvable que divide a esa sociedad. En este conjunto de narraciones el punto de vista de los personajes enriquece de forma notable las historias y trasciende la propia narración. Las distintas formas que adopta Faulkner para abordar la narración son producto del distinto origen de los relatos, pero es en especial reseñable el punto de vista usado por Faulkner a través de los ojos de un preadolescente, como ocurre en “Fue”, “Los viejos del lugar” o “El oso”, donde el autor intenta preservar la inocencia de quien contempla acontecimientos de la vida por primera vez, pero haciéndolo a través de un narrador omnisciente que controla totalmente lo contado.

También es destacable la presencia de uno de los más carismáticos personajes creados por Faulkner, que aparece con posterioridad en la novela “Intruso en el polvo”. Se trata de Lucas Beauchamp. Hay un párrafo de esa novela que alude a este personaje y en el que se condensa todo el conflicto de interracial: “para el sheriff Lucas no era más que otro negro y ambos lo sabían, aunque sólo uno de ellos sabía que para Lucas el sheriff era un blanco palurdo sin ninguna razón para enorgullecerse de sus antepasados ni ninguna esperanza de orgullo para sus descendientes”.

El orgullo de pertenecer a una estirpe y a una tierra une a Isaac McCaslin y a Lucas Beauchamp, al mismo tiempo que esa pertenencia les separa y les convierte en antagonistas irreconciliables. Sobre todo eso trata “Desciende, Moisés”.

Desciende, Moisés. William Faulkner. Editorial Cátedra, 2004

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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