El nadador. Frank Perry

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Basado en un magnífico relato de John Cheever, El nadador fue una película que se estrenó en 1968 aunque en realidad había sido rodada dos años antes.

Ned Merrill (Burt Lancaster) aparecerá vestido con un simple bañador en una elegante propiedad de un valle en Connecticut. Es la casa de unos amigos donde después de darse un chapuzón y gastar algunas bromas con los propietarios y sus invitados, comenzará a pensar, contemplando el valle, que podría llegar hasta su casa cruzando todo el condado de piscina en piscina, convirtiéndose así en una especie de explorador que seguirá un camino imaginario al que llamara “río Lucinda” en honor a su esposa.

Y así bajo un sol radiante y con su jovial y atlético aspecto comenzará su hazaña, cruzando campo a través propiedades de amigos o de simples conocidos pero en los que poco a poco se intuye que no desean mantener relaciones con él, o que hace tiempo que no tienen noticias suyas a pesar de que Merrill los trata como si se hubiesen visto el día anterior. Comenzará a darnos la sensación de que nada en su vida es lo que parece y en uno de sus encuentros se topará con la joven Julie, la chica que cuidaba a sus hijas. El hombre que comienza siendo una especie de explorador fuerte y aguerrido, seguro de sí mismo, tiene la necesidad de vivir en esa infinita juventud que aún siente y se hará acompañar por la chica escuchando el idílico amor que ésta le confiesa sentía por él cuando apenas era una niña y viendo como él desea profundizar en esa evocación, como si el tiempo no hubiese transcurrido e intentando consumar ese sueño de adolescencia besándola, lo que provocará la huída de la chica produciéndose así un punto de inflexión en el personaje cada vez más desorientado y perdido en sus pensamientos.

Conforme va avanzando por el río Lucinda se irá debilitando físicamente, aparece cada vez más fatigado, sus encuentros con diferentes vecinos son cada vez más desagradables, algunos les echa en cara haber abandonado a amigos íntimos en los peores momentos, otros temen que vaya a pedirles dinero, va siendo rechazado conforme va nadando de piscina en piscina. Cuando llega a la propiedad de una ex-amante, comprobamos que ella se siente enormemente herida por su comportamiento y deducimos que han pasado tres años desde que rompieron, aunque Merrill no tenga esa concepción del paso del tiempo y desee volver a retomar la relación.

Todas las personas que visita viven instaladas en el lujo y la superficialidad a las que acompañan de fiestas y alcohol y que él comparte o compartía con ellos pero ese viaje de exploración que comenzó pleno de sol y fuerza se está cubriendo de nubes, al tiempo que comienza su calvario físico, ahora ya no corre sino que avanza cojeando y aterido de frío, vamos viendo cómo intenta escapar de algo que le produce un dolor insuperable, sabemos que ha perdido algo y que él ya no es quién era y debe escuchar como lo tachan de arrogante, egoísta, inmaduro y fanfarrón.

Ya avanzada la tarde se desatará una tormenta cuando se encuentra cerca de su casa, temblando de frío cruzará una cancha de tenis completamente abandonada y llegará a la verja que antecede a la puerta principal y que desprende óxido, solo queda empujarla y llamar una y otra vez a esa puerta…

Si bien no es especialmente destacable la labor de dirección por parte de Frank Perry, que fue despedido antes de terminar el rodaje y sustituido en algunas escenas por Sidney Pollack, la historia que nos cuenta es en sí misma suficientemente portentosa y conmovedora. La omnipresente y excepcional interpretación de Burt Lancaster que con más de cincuenta años representa a la perfección a ese atlético y triunfador americano de clase alta que comienza siendo el personaje, al tiempo que progresivamente va mostrando la debilidad, la vida impostada , los recuerdos idealizados en los que vive y su verdadero descenso a los infiernos, convierten a esta película en una pequeña joya a pesar del rotundo fracaso que supuso en el momento de su estreno y en una obra de culto con un retrato descarnado de un hombre maduro en plena crisis vital y una sátira sobre el sueño americano.
 

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