El sabueso de los Baskerville. Arthur Conan Doyle

El sabueso de los Baskerville. Arthur Conan Doyle

Bertold Brecht afirmó que la lectura de novelas policíacas es una costumbre intelectual. Una sana costumbre que inauguró Edgar Allan Poe y que más tarde Arthur Conan Doyle (1859-1930) elevó a la categoría de arte. Sus historias no son especialmente ingeniosas, ni más interesantes, quizás, que otras que se han escrito después. Pero la gran aportación de Conan Doyle al género, y a la literatura en general, fue la creación de un personaje excepcional, Sherlock Holmes, un tipo al que fácilmente reconoceríamos por la calle. De todos es sabido que Conan Doyle lo mató en 1892 sepultado en las cataratas de Reichenbach, Suiza, y que, sin embargo, inundado por las cartas de protesta enviadas al Strand Magazine, se vio obligado a resucitarlo poco tiempo después. El sabueso de los Baskerville (1902) fue la primera novela que escribió tras la insospechada resurrección.Como no podía ser de otra forma, Conan Doyle lo hizo a lo grande. Para ello escribió una historia en la que se mezcla el misterio, el crimen y algunos elementos propios de la novela gótica. Posiblemente los lectores recuerden el caso: sobre la mansión de los Baskerville, en Devonshire, recae una antigua leyenda. Una espantosa criatura, una enorme bestia negra con forma de sabueso, vive en el páramo que hay frente a la casa desde tiempos inmemoriales. Sus terribles rugidos se escuchan por las noches, estremeciendo de terror a sus habitantes. Uno de ellos, el actual dueño de mansión, ha sido encontrado muerto en el páramo, y aunque no presenta señales de violencia, todo lleva a pensar que ha sido víctima de un ataque cardíaco tras la visión del espantoso sabueso.

El poder de la superstición estará presente a lo largo de la esta trama trepidante, que no agota el interés del lector hasta la última página, pero lo importante es que sobre todo ello sobrevuela la sombra de la genialidad en la concepción de un personaje de ficción, que posiblemente sea el más famoso de la literatura del siglo XX, un personaje cuya importancia llega hasta nuestros días: actualmente existen sociedades y círculos holmesianos en todo el mundo, coleccionistas y mitómanos rodean su afición con el mismo misterio que cualquiera de sus aventuras, su casa, en el 221B de Baker Street es visitada diariamente por cientos de viajeros. Sobre Sherlock Holmes lo conocemos todo, mucho más que lo que sabemos de su creador Arthur Conan Doyle.

Conocemos sus rasgos característicos, su porte esbelto y atlético, el rostro enjuto, la mirada afilada, su nariz aguileña, la barbilla prominente y cuadrada, sus manos huesudas y delicadas. Sabemos de su afición al violín y a la cocaína, su rectitud moral, su porte distante, el gusto por la soledad y la reflexión y su posición desconfiada frente a las mujeres, que lo lleva a preferir el trato de los miembro del Club Diógenes. Una sola mujer ha tenido el privilegio de seducir al detective, Irene Adler, y sólo mucho después de su muerte, en 1970, descubrimos que Irene y él durmieron en la misma cama gracias a esa bellísima película de Billy Wilder, La vida privada de Sherlock Holmes.

En sus aventuras, nos sorprende siempre con su particular método de investigación: además de utilizar los razonamientos deductivos e inductivos, introdujo la extraña práctica de la abducción, cuyo planteamiento consiste en la capacidad de formular una hipótesis general, sin garantía de éxito, de modo que la capacidad analítica le permita razonar hacia atrás. En El sabueso de Baskerville utilizará el método abductivo con especial brillantez.

Se han llenado miles de páginas sobre su personalidad y su capacidad de razonamiento. Su modernidad es innegable. Ante este despliegue de conocimientos sobre su persona, el lector actual sólo puede rendirse ante la creación de un personaje que ha atravesado el tiempo y las culturas hasta el día de hoy. ¿Cuál es el misterio que hay detrás de Sherlock Holmes?

Ante todo unos rasgos definitorios y exclusivos. Un gran personaje requiere tener una mirada propia, que no existía con anterioridad. Don Quijote y Hamlet son ejemplos de esta cualidad que es mucho más difícil de alcanzar en la literatura de lo que en principio pueda creerse. Sólo hay algunos casos de personajes, en la larga historia de las letras, que han sobrepasado la obra y la propia personalidad del escritor. Son personajes con un conflicto interior que se traslada a la realidad que les rodea, personajes con un misterio, que ocultan algo que sospechamos pero que nunca averiguamos con certeza, personajes que son ellos mismos una época y una forma de vida. Se alimentan de la misma naturaleza de los mitos, y esto los termina convirtiendo en mitos que quedan indelebles en las culturas posteriores sin que apenas los deterioren el tiempo.

Por todo ello hay que leer las historias de Sherlock Holmes: porque son parte de la gran literatura, la que se ha escrito con letras de oro a lo largo de la historia. Mientras tanto, el misterio de su pervivencia en el tiempo quedará sin resolver: sólo un ser tan perspicaz y asombroso como Sherlock Holmes podría desvelarlo.

El sabueso de los Baskerville. Arthur Conan Doyle. Alianza Editorial.

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Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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