Fanny Hill. John Cleland

Fanny Hill, de John Cleland, novela erotica, reseña de CicutadryFanny Hill puede considerarse la primera gran novela erótica de la historia. Ciertamente tuvo gloriosos antecedentes como La lozana andaluza del español Francisco Delicado, El Decamerón de Bocaccio o Los cuentos de Canterbury de Chaucer, pero lo que diferencia a Fanny Hill de estas obras es la decidida vocación libertina del texto, su ánimo de trasgredir las normas morales y, sobre todo, el uso de escenas explícitas de sexo, sin las cuales la novela no alcanzaría el valor histórico y literario que actualmente tiene.

Escrita por el inglés John Cleland posiblemente en 1730, publicó su primera entrega en 1748, dando a la luz un año después la segunda parte. Su alto contenido inmoral y pornográfico nos lo hace ver el hecho de que fuera prohibida casi inmediatamente por parte de la iglesia, prohibición que se mantuvo en el Reino Unido hasta 1970, es decir, hasta hace poco menos de 50 años. Sin embargo, como tantos otros libros eróticos, circuló exitosamente de forma clandestina durante dos siglos en ediciones de infame calidad que se vendían en las trastiendas de ciertas librerías.

El motivo de esta persecución se debe, sin duda, al punto de vista por el que optó Cleland a la hora de narrar las eróticas aventuras de su heroína: la novela está contada en forma de dos cartas que escribe la propia Frances (Fanny) Hill a otra mujer -anónima- en las que relata su vida como prostituta en Londres. Al contrario de lo que pudiera esperarse de una inocente huérfana que llega a la capital británica muerta de hambre para caer en las garras de una madama, la vida de Fanny Hill no es nada penosa, sino que a través de la venta de su cuerpo y del despliegue de ciertos ardides femeninos, consigue alcanzar una buena y regalada vida. A las mentes morales de aquella época (y –añado yo- de ésta) no pareció gustarles que una prostituta se lo pasara bien con su trabajo.

Es evidente que las condiciones laborales de las prostitutas londinenses en esas fechas no eran ni mucho menos idílicas, y que bien alejado de la realidad, John Cleland tomó esta profesión como excusa para desplegar toda su imaginación pornográfica, dirigida claramente hacia un público masculino. Incluir miserias económicas o dificultades sociales en el ejercicio de la profesión hubiera sido poner obstáculos innecesarios para una adecuada fluidez lúbrica del relato. La cuestión es que el truco funciona, porque sin apartarse en ningún momento de su objetivo de humedecer las mentes de los lectores, el escritor se esforzó por construir una novela de perfecta estructura, exigencia narrativa e indudable interés artístico.

Por otro lado, podríamos decir que su contenido es sorprendentemente moderno por cuanto Fanny Hill, como mujer, disfruta del sexo (estamos hablando de mitad del siglo XVIII), si bien aquí hay que apuntar una curiosa característica de la novela que hace posible tal disfrute femenino: los hombres que aparecen en su vida son verdaderos caballeros de un atractivo sexual poco común. Algo de esto debió ayudar al éxito de la novela, como me apresuro a explicar.

Por lo general, en las novelas eróticas escritas por mujeres, cuando se habla de hombres, se tiende a valorar aspectos masculinos no necesariamente sexuales, como rasgos de carácter, actitudes y aptitudes románticas, y normalmente belleza física, pero no concretada en los órganos genitales. Sin embargo, en Fanny Hill hay una obsesiva tendencia a describir con admiración el miembro viril de forma minuciosa, particularmente su grosor y longitud, siempre dotado de forma muy generosa, amén de poseedor de una resistencia sexual propia de un semental.

Si bien la vida de John Cleland es poco conocida, se cree que en un momento determinado fue acusado de sodomía, lo que hace pensar que era homosexual. Sea verdad o no, el lector advertido puede leer también la novela en clave homoerótica si se ciñe exclusivamente a las escenas sexuales: están narradas de tal forma –o se detienen en tales detalles- que perfectamente puede sustituirse el elemento femenino por uno masculino. El hecho de que la virginidad de Fanny Hill sea una cuestión largamente tratada a lo largo de la novela (un tema por cierto muy masculino por aquella época) nos hace pensar que el éxito clandestino del libro se debiera a algo más que a sus valores literarios.

Otra curiosidad es que la novela despliega todo tipo de prácticas sexuales, más allá del sexo convencional, como masturbaciones hetero y homosexuales, lesbianismo, orgías, voyerismo, sexo anal, sadomasoquismo (antes de Sade y de Sacher-Masoch), incluso un intento de violación, pero no hay una sola escena de sexo oral. Esto quizás se deba a que esta práctica, hoy tan común, era entonces propia de las prostitutas francesas (de ahí el apelativo de francés) y no de las inglesas. Dudamos de este prurito de verosimilitud por parte de un escritor tan heterodoxo como John Cleland, pero la cuestión está ahí y no deja de ser sorprendente.

Decíamos más arriba que la novela fue prohibida en todos los países del mundo hasta la segunda mitad de siglo XX (Estados Unidos fue la primera en publicarla en 1963) y ello no se debe solo a sus muy explícitas escenas sexuales, magníficamente descritas por lo demás, sino al talento del escritor inglés por dotar de veracidad su relato. Lejos del típico libelo pornográfico, ya hemos comentado que Fanny Hill es una gran novela como obra artística, es decir, creíble, y lo que llama la atención es que la protagonista, a pesar de su supuesta penosa profesión, disfrute de ella y no se arrepienta nunca de nada de lo que hace, por muy extremo que sea.

John Cleland tuvo la habilidad de entremezclar una tímida historia romántica (por cierto, relacionada con la virginidad de Fanny) que en un momento dado resurge con fuerza y da sentido a las ventajas que la chica ha ido adquiriendo en su profesión. Que Fanny disfrutara en la cama –es decir, una mujer, y para más inri prostituta por libre elección- ya era mucho para las mentes bienpensantes, pero que además se enamorara, ganara dinero y su trayectoria puteril tuviera un final feliz ya era demasiado. En 1975, el editor Ramón Akal intentó publicar la novela en España, lo que le costó 50.000 pesetas de multa y dos años de inhabilitación, aparte de una buena reprimenda por parte de la censura ya que consideraba que la obra estaba destinada “al estímulo de instintos lascivos, con la finalidad nihilista de pervertir a los jóvenes y a los niños”.

Tras siglos de persecución, quemas públicas de ejemplares y alegatos de todo tipo (incluso televisivos) en contra de su moralidad, hoy Fanny Hill se publica como un clásico de la literatura universal en las mejores editoriales del mundo. Su autor, John Cleland, murió en 1789 en Westminster, solo y arruinado.

Fanny Hill. Memorias de una mujer galante. John Cleland. Ediciones Akal.

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Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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