Gamiani. Alfred de Musset

Gamiani. Alfred de Musset. Reseña de CicutadryNada parece más opuesto al movimiento romántico que la pornografía. Un escritor francés definió así el Romanticismo: «Es el infinito y lo estrellado, lo cálido, lo roto, lo desencantado y, no obstante, es a la vez lo lleno y lo redondo, lo diametral, lo piramidal, lo oriental, lo descarnado, lo estrechado, lo abrazado, lo arrollador.» Ese escritor francés era Alfred de Musset, que sin darse cuenta, con esa exacerbación de la realidad, estaba definiendo también la pornografía en lo que tiene de exageración de lo erótico, de teatralización del sexo. En 1833, Alfred de Musset escribiría Gamiani, paradigma de la novela romántica pornográfica.

Sin duda, Gamiani es una novela con una apasionante intrahistoria. Mientras Alfred de Musset la estaba escribiendo vivía un tormentoso romance con George Sand, cuya vida ya de por sí es una novela. Musset había leído la primera obra de George Sand, Indiana, y se sintió tan arrebatado con aquella historia que quiso conocer a su autora.

Se encontró con una mujer de 29 años, separada y con dos hijos, recién salida de una complicada aventura sexual con quien sería el primero de una larga lista de amantes. Alfred de Musset tenía entonces 23 años y había iniciado una prometedora carrera literaria, aunque era más conocido por su fama de libertino: mujeres, alcohol, juego y opio eran sus mayores aficiones. En aquel momento, George Sand era la desconocida, la advenediza, y Alfred de Musset el enfant terrible de las letras francesas.

Como buenos románticos, nada más conocerse se escaparon a Venecia, al Hotel Danieli, donde vivieron episodios tempestuosos que terminaron con un Alfred de Musset al borde de la muerte por sus excesos y una George Sand, posiblemente harta de los desmanes de su amante, que acabaría fugándose con el médico que salvó la vida a Alfred.

George Sand y Alfred de Musset aún vivirían dos años más de un romance que está perfectamente documentado en la correspondencia que mantuvieron y que podemos calificar sin empacho de ejemplo de lo que no es amor, a pesar de que los protagonistas fueran dos figuras prominentes del movimiento romántico.

Gamiani. Alfred de Musset. Reseña de CicutaDry
Alfred de Musset y George Sand mantuvieron un romance entre 1833 y 1835

Pues bien; al comienzo de esta relación, Alfred de Musset escribió Gamiani, novela a la que subtituló Dos noches de quimera. Los lectores de aquel momento creyeron que la obra había sido escrita a cuatro manos, correspondiendo la primera noche al joven Musset y la segunda a George Sand. Además, el tema de fondo de la novela, el lesbianismo, parecía confirmar esta sospecha.

En la novela solo hay tres personajes: la condesa Gamiani, una libertina salvaje que odia a los hombres; la joven e inocente Fanny, perfecto objeto para pervertir, y un tal Alcides, hombre que interviene en las escenas sexuales de la primera noche y permanece como voyeur de las dos mujeres en la segunda.

En una lectura rápida -y errónea- de la obra, podríamos pensar que el tema principal es el sexo lésbico (no el amor lésbico, que es otra cosa) ya que las dos mujeres disfrutan durante esas noches de varios momentos de placer entre ellas, y al fin y al cabo, el McGuffin de la novela es la pretendida perversión de Fanny por parte de la condesa Gamiani.

Sin embargo, como buena novela romántica (queremos decir, propia del Romanticismo), la historia principal se bifurca en varias pequeñas historias, contadas por los protagonistas, en las que explican cómo han llegado a tales refinamientos de perversión. Si lo que acontece durante esas dos noches podríamos encuadrarlo como novela erótica, lo que se cuenta durante esas dos noches es pura pornografía, es decir, el resultado de aplicar los postulados del Romanticismo al sexo.

Naturalmente, quien se lleva la palma en cuanto a historia truculenta es la condesa Gamiani, que hace de portavoz involuntaria de los postulados del Romanticismo. Recordemos que los artistas románticos se pegaban un pistoletazo en la sien por menos que nada, y si bien Alfred de Musset no se suicidó, es cierto que murió joven a causa de su vida exagerada. De ahí que la relación entre el Romanticismo y la muerte esté muy presente en este tipo de obras, y en el caso de esta novela, lo exagerado, lo extremo, lo agónico, incluso lo macabro, sea parte fundamental de la personal educación sexual de la condesa Gamiani.

Para darle un toque aún más romántico, esta educación sexual se inicia y profundiza en un convento, donde la condesa Gamiani ingresa con la ingenuidad propia de quien cree va a disfrutar una vida de contemplación pero se encuentra de bruces, y desde el principio, con una organización orgiástica y depravada gobernada con voluntad férrea y lúbrica por la madre superiora, todo un ejemplo de viciosa a escala superlativa. Reproducimos un pasaje de la novela para que el lector se haga una idea cabal de las excentricidades sexuales incluidas por Alfred de Musset en la obra:

Nuestra perversión no tenía límites.

No acabaría nunca si hubiera de referirte todos los recursos que ideábamos.

Todos los objetos servían para darnos placer, y gran número de drogas y un gran número de procedimientos mecánicos se utilizaban con éxito para despertar los sentidos cuando comenzaban a dormirse.

Te diré uno solo de estos varios artificios, empleado cuando alguna monja quería dar nuevo vigor a sus gastadas fuerzas.

Se empezaba por dar a la amiga agotada como una nueva vida, metiéndola en un baño de sangre tibia. Luego se le administraba un cocimiento hábilmente preparado de cantáridas y se la llevaba a un lecho, donde se le friccionaba todo el cuerpo. Terminado el masaje, se la sumergía, con prácticas hipnóticas, en un profundo sueño y, cuando estaba traspuesta, se le estimulaba la circulación azotándola con fuerza. Después nos servíamos de alfileres para torturar sus carnes.

El largo suplicio la despertaba; pero, al recobrar el sentido, solía ser acometida por convulsiones frenéticas. El ataque solía durar hasta que se calmaban sus nervios, valiéndonos de un diestro perro que lamía con arte el sexo de la alocada.

En ocasiones este remedio era insuficiente, y entonces la pobre enferma pedía a gritos que le trajésemos el asno.

Como se puede apreciar, a falta de hombres (por voluntad propia de las monjas), éstas acuden a animales de probado tamaño erectil para saciar esa (supuesta) parte erótica que las lesbianas no pueden procurarse por ellas mismas, es decir, la penetración carnal -aunque de consoladores estas monjas también andaban sobradas.

Quien haya leído hasta aquí pensará que esta novela es un disparate, pero es que, por lo general, las novelas del Romanticismo eran un disparate, y aún más, las novelas románticas (escritas en cualquier época, incluso en la actualidad) son también un disparate: la exacerbación del amor, el sexo, la pasión o cualquier otro sentimiento, en literatura, aboca a la inverosimilitud, el peor enemigo de una buena novela.

La diferencia entre Gamiani y lo que vulgarmente llamamos novelas románticas es que aquélla fue escrita en un contexto histórico, social y cultural en el que se creía y se vivía de esa manera, y por tanto, en esa época esta clase de sentimientos no solo eran creíbles sino factibles: había gente que vivía y moría arrebatada por pasiones extremas que ahora nos pueden parecer disparates. Sin embargo, no hay que olvidar que el Romanticismo fue un movimiento que clamaba por una rabiosa individualidad frente a la sociedad oscura y opresiva de los siglos anteriores, y que por tanto debemos a él lo que ahora disfrutamos (no todos) con completa naturalidad.

En otro orden de cosas, la calidad literaria de Alfred de Musset eleva a Gamiani por encima de casi todas las novelas presuntamente eróticas por todos conocidas. Incluso con sus excesos, Gamiani es la novela soñada por cualquier buen erotómano. Según Luis García Berlanga (que sabía como nadie de qué iba el percal), en su adolescencia, éste era el libro de cabecera de todos los jóvenes de su generación. La lubricidad en el lector de novelas eróticas, como ocurre en cualquier género, pasa por la calidad literaria de lo que está leyendo y Gamiani en este aspecto solo puede catalogarse como una obra maestra.

Gamiani. Alfred de Musset. Tusquets.

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Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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