Bajo el sol de Satanás. Georges Bernanos: El límite de las fuerzas

066.Bajo_sol_satanasPuede resultar chocante para nuestra mentalidad actual que haya autores cuya lucha existencial, librada a través de la escritura, se haya decantado por una vertiente religiosa. Sin embargo, el Bien y el Mal, temas muy frecuentados por la literatura, también pueden ser encarados mediante las figuras de Dios y el Diablo, la luz y las tinieblas, los lados opuestos e irreconciliables. Georges Bernanos (1888-1948) fue un escritor católico que ahora apenas se lee, pero que en su momento encabezó lo que podríamos llamar los albores del existencialismo, si bien en su faceta espiritual. Bajo el sol de Satanás (1926) fue la novela en la que vertió sus ideas de forma más redonda y clara.

El hecho de que se trate de una novela de ambiente religioso no debe suponer un rechazo por parte del lector no creyente, sino bien al contrario, es sugestiva la manera que el autor tiene de abordar la crisis existencial mediante el vehículo de la ficción, de forma que nos encontramos ante una obra maestra precisamente por su difícil filiación católica, que a cualquier otro escritor se le hubiera ido de las manos, convirtiendo la novela en mero panfleto.

La obra tiene tres partes diferenciadas aunque muy coherentes entre sí. Comienza de una forma extraña, en principio muy alejada de las tesis que más tarde se defenderán, pero que resulta necesaria para entenderla posteriormente. Será la historia de una muchacha de 16 años, Mouchette, que queda embarazada de un noble provinciano arruinado, famoso por sus correrías con las mujeres. Hay que advertir desde el principio que la tesis de Bernanos -donde figura muy presente el pesimismo existencial del autor tras la Gran Guerra- viene a decir que el Diablo campa a sus anchas entre el ser humano y que solo personas de una gran fuerza moral serán capaces de enfrentarse a esa omnipresencia del Mal en todos los avatares de la realidad.

Ello se comprueba en la reacción de tres personajes frente al embarazo de Mouchette: su padre, nuevo rico cervecero que está dispuesto a enfrentarse a quien haya dejado embarazada a su hija, buscando más la ventaja económica que la reparación moral; el noble mujeriego, que trata de quitarse de encima a la muchacha de manera bien artera; y un médico republicano, dirigente del pueblo y amante secreto de la muchacha, que responde con pusilanimidad ante los hechos consumados. El resultado de estas elusivas actitudes será la soledad de Mouchette, adolescente enfrentada a una vida que nadie está dispuesto a compartir y que llevará a la muchacha a una derrota mental, también establecida por los demás.

En la segunda parte de la novela, desaparece esta historia para adentrarnos en otra bien diferente: la de un cura de pueblo, viejo, materialista y resignado, que debe hacerse cargo de un joven sacerdote recién salido del seminario, Donissan, que será el verdadero protagonista de la novela. En este caso nos encontraremos ante la oposición entre veteranía y bisoñez, entre quien ya ha entendido en qué consiste la vida y quien aún la tiene entera por delante para descubrirla. La antítesis se hace aún más relevante cuando comprobamos que el joven cura trata de entregarse a los demás, no solo con el alma, sino también con la fuerza de sus músculos, ayudando allá donde se le requiere y desplegando una actividad física agotadora en la que encuentra su particular redención del pecado.

Será este concepto, el del pecado, el que aparecerá continuamente en la novela, lógicamente como encarnación del Mal. El viejo sacerdote, entregado ya a los placeres materiales que le puedan deparar su corta vida, se enfrenta al Mal a través de la enseñanza católica, de los libros y de la experiencia del confesionario. No es casual que en casi todas las escenas en las que aparece, el viejo esté sentado o tumbado, en lo que viene a demostrar una actitud pasiva en su modo de entender la religión y el apoyo a los demás.

Donissan quiere llegar más allá: se ve con fuerzas para estar al lado de sus feligreses, lleva dentro la llama viva de la compasión y la solidaridad, pero nada de esto sería importante si un hecho no llega a aparecer en su vida: en un momento determinado, comprueba que puede desdoblarse de sí mismo, que puede verse como otra persona y, es más, puede ver a los demás fuera de su cuerpo, como si su alma pudiera estar presente delante de sus ojos.

Como queda patente, se trata de un hecho milagroso que rápidamente pone en conocimiento de su canónigo tutor. La ortodoxia se enfrentará a la heterodoxia, la realidad al milagro, y será en estos momentos cuando la novela ofrezca una serie de diálogos jugosos y vivos entre dos generaciones y dos maneras de pensar que dará mucho que pensar al lector.

El problema residirá en que Donissan acepta ese hecho milagroso como algo consustancial con su forma de ser. De hecho, casi lo ha buscado, porque antes de que se le presentara el milagro él había buscado la redención a través del dolor y la penitencia, del latigazo en la espalda, de la vida espartana, de la negación de su propio yo para encontrarse con alguien más allá de sí mismo. De alguna manera, esa facilidad que tiene para desdoblarse es la forma especular que el cura tiene de verse fuera de su cuerpo pecador, puro e intacto. Será entonces cuando de nuevo aparezca Mouchette, la joven pecadora, ya perdida en sus desvaríos mentales, en la que Donissan va a encontrar una pureza tal que sus consejos hacia la chica la llevará a un final demoledor.

Es cuando vemos este final cuando empezamos a comprender que detrás de los milagros de Donissan puede estar agazapado Satanás, como bien le advierte desde un principio el canónigo al joven cura. El resto de la novela, o su última tercera parte, será la lucha de Donissan por encontrar un sentido a su peculiaridad, ya investido sacerdote de un pequeño pueblo donde comparte su vida con otro cura, ex-químico y realista, que no puede terminar de creer los milagros de su compañero.

Finalmente, en el orgullo residirá el quid de la cuestión: es evidente que Donissan puede hacer milagros, pero ¿debe hacerlos? ¿Quién le impulsa a trastocar la realidad, la mera naturaleza de las cosas? Bernanos va más allá y nos invita a pensar que en esta manera de querer extraer el Mal de la realidad quizá esté el mismo Satanás, el gran infractor.

Hay un momento en la novela que no debe perderse el buen lector: el momento en que Donissan va a hacer un milagro. Lejos de la hagiografía al uso, vemos al hombre, mortal y pequeño ante tamaño empeño, enfrentarse con lo que es sobrehumano, el esfuerzo que supone transgredir todas las leyes lógicas, el tormento que es para el santo ser santo.

Por supuesto, este ejemplo, el de la santidad, se puede extrapolar a cualquiera que intente llegar más lejos de lo que aparentemente le permite su condición humana. La novela, por tanto, es una reflexión sobre el limitado alcance del ser humano, de su posibilidad de acabar con el Mal y, aún más, de la posible necesidad de ese Mal para que la verdad resplandezca con mayor evidencia.

Bajo el sol de Satanás. Georges Bernanos. Cátedra.

066.satanas_bernanosComo complemento a las tesis existencialistas que se apuntan en esta reseña, queremos proponer la lectura del artículo de Ricardo Gullón, Bernanos y el problema del mal. Entendemos que, más allá de los datos biográficos o literarios, para extraer de determinados escritores toda su riqueza hay que entender su pensamiento o, en todo caso, aquello que desea aportar a la cultura. Queremos con ello rendir un homenaje al francés Georges Bernanos que, pesar de su actual olvido, colaboró en el crecimiento de la corriente humanista que surgió tras el desastre de la Gran Guerra y que vertebró buena parte de la ideología que el siglo XX ha podido aportar a la civilización.

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Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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