H. P. Lovecraft: El horror de la genialidad

H P Lovecraft

Cuenta la historia que las arboledas de Providence, Rhode Island (Estados Unidos) lo vieron nacer rodeado de una enrarecida aura que no se decidía por aferrarse a la luz del siglo por venir o rendirse al encanto las épocas oscuras. Howard Phillips Lovecraft, que llegaba al mundo la mañana del 20 de agosto de 1890, estuvo destinado desde el inicio de sus días a ser la excepción a la regla.

Los primeros años

Criado por una pareja de solterones que unieron sus vidas casi a poco de cumplir 40 años de edad, el joven Lovecraft se inició rápidamente en el gusto por lo extraño y lo fantástico en la biblioteca familiar donde como buen prodigio de las letras, se enseñó a leer con ayuda de los mitos de Homero.

Parece que los paisajes y la atmósfera de su Providence natal influyeron decisivamente a la hora de desarrollar su fantasía y su prodigiosa imaginación literaria. Esa atmósfera cautivadora se acentuaba aún más por las costumbres de su familia, descendiente de antiguos linajes europeos, lo que propició que el pequeño Howard se entregara sin más a los encantos de la ciencia y la literatura.

Pronto, el influjo de las grandes mentes le inculcó la idea de que el universo y la vida no se terminaban en los confines marcados por las fronteras vistas en los mapas, sino que se podía ir mucho más allá.

El oscuro país de las maravillas de Lovecraft

Con el paso del tiempo, Lovecraft tomó la escritura como herramienta para desfogar su voraz curiosidad y los episodios marcados por los trastornos neurológicos de su padre, que afectado por una sífilis no tratada, perdería más tarde la vida durante su estancia en el ala psiquiátrica de un hospital local.

Aunque hay quienes dicen que la muerte del padre apenas dejó huella en la tierna mente del niño, muchos creen que fue la semilla de su obsesión por escapar de sí mismo a tiempos y sitios inenarrables que fueron ricamente alimentados por su fascinación por la astronomía.

Tras debutar a los 9 años como colaborador en varias revistas científicas de circulación local, el muchacho ya se desempeñaba como columnista de astronomía en el Providence Tribune.

El año era 1906, tenía 16 años y la vida prometía, aun cuando su delicada salud no le permitió recibir estudios formales hasta los 8 años y cuando apenas le fue posible completar el segundo año de secundaria.

Para 1908 y cargando son su ateísmo resultado de puro rigor científico se vio seducido por la cultura pulp del momento, que le permitió dar rienda suelta a su gusto por los relatos escabrosos y la ciencia ficción.

De horrores y delicias

Fue así como hasta alrededor de 1924, ya ganaba algo de dinero escribiendo para la ahora célebre Weird Tales y sobre todo, mucho del aplomo literario que le permitiría diversificar su estilo, pulir sus dotes y emanciparse del fantasma de su sobreprotectora madre, que había muerto en 1921 no sin antes predisponer al joven al aislamiento por medio de la melancolía, el racismo y unas pobres habilidades para socializar.

A fines de 1924, el muchacho contraería nupcias con una mujer varios años mayor que él. Por desgracia, el declive de la fortuna familiar que le había servido de plataforma todos esos años y su incapacidad para encontrar un trabajo remunerable, convirtieron la vida de la pareja en un tormento que al cabo sólo duraría dos años.

El joven escritor comenzó por fin a liberar un genio tan ligado al miedo y la incertidumbre como su ser mismo a la realidad marcada por la escasez económica y la falta del reconocimiento profesional que anhelaba.

En este momento se presentaba ante el mundo H.P Lovecraft, que celebrado por grandes como Robert Bloch y Robert E. Howard, se convertiría en el maestro del relato que daba un giro al horror sobrenatural exxtrayendo los miedos del interior para convertirlos en amenazas omnipotentes y arcanas a las que nadie escapa.

Hablar de Lovecraft equivale a hablar sobre relatos fantásticos y de terror. Es la oscura atmósfera de esta etapa (de 1926 a 1934) la que daría pie a su máximo auge creativo con La llamada de Cthulhu (1926), El color que cayó del cielo (1927) El horror de Dunwich (1928) y En las montañas de la locura (1931) por mencionar algunas de sus obras.

Para 1936, H.P. Lovecraft batallaba con una debilitada salud que lo llevaría a la tumba al año siguiente. Aun con el reconocimiento de sus colegas, el autor moriría en la total miseria económica de un cáncer intestinal. Nadie imaginó que la leyenda, apenas iniciaba.

 

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Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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