Horacio Quiroga: Una vida de locura y muerte

Horacio QuirogaAcusado por muchos de excesivo, y relegado por los jóvenes literatos de la generación que al cabo bebería de su inclinación por el dolor (la más macabra de todas las realidades), Horacio Quiroga, uruguayo afincado en Argentina, representa a una las pocas plumas latinoamericanas que han delineado el horror de una manera única y cruelmente palpable. Es eso lo que hace que su nombre resplandezca entre los grandes escritores latinoamericanos.

Extraño en su tierra

Muchos biógrafos y expertos en literatura coinciden en que el fatalismo en la prosa de Quiroga no es fruto del morbo y mucho menos de la casualidad. Su vida estuvo marcada por la tragedia desde el momento de su nacimiento en la provincia de Salto, Uruguay, a fines de 1878. Fueron los 23 años que siguieron, en que bajo una estricta crianza campesina, desarrolló su afinidad con el lado intempestivo de la naturaleza y afinó su destreza para sobrevivir en tierras salvajes.

La muerte repentina y trágica de su padre en un accidente de caza no evitó que el joven siguiera alimentando sus sueños de viajero explorador, pues al poco tiempo su madre volvería a contraer nupcias con un acaudalado hombre que lo proveería de nuevos bríos y ambiciones para conquistar.

Desafortunadamente, su juventud idílica comenzaría a menguar tras presenciar el suicidio de su padrastro y ser testigo de cómo un romántico viaje a París se convertía rápidamente en pesadilla, pues regresó a su tierra tras haber dilapidado allí su herencia, empobrecido y hambriento.

Estos hechos lo empujaron a asumir una dolorosa adultez que se consolidaría más tarde con su autoexilio en Argentina.

Nueva vida, nuevos dolores para Horacio Quiroga

Gracias a su educación básica en Montevideo, el muchacho desarrolló interés por la literatura, que junto con un profundo enamoramiento a primera vista, se volvería la más grandiosa pasión de su vida.

Ya en ese tiempo resaltaba el lustre de sus primeros escritos (el primero fue un álbum lírico que contenía más de veinte poesías en numerosos estilos) que le darían cierta experiencia en las publicaciones profesionales y la oportunidad de trabajar de cerca en un laboratorio creativo con otros jóvenes literatos modernistas entre los que se contaba Federico Ferrando, uno de sus mejores amigos de la infancia y la juventud.

Las casi increíbles vivencias que había experimentado permitieron que a los 23 años (1901) pudiera ver publicada en Buenos Aires, su primera publicación profesional: Los arrecifes de coral, un libro que contenía cuentos y prosa lírica.

Pero la fortuna le aguardaba nuevos dolores. A principios de ese año, fallecerían dos de sus hermanos en una epidemia y a los pocos meses, mataría por accidente a Federico Ferrando mientras se disponía a preparar un arma. Este lamentable hecho lo llevo a abandonar Uruguay definitivamente para asentarse En Argentina, donde publicó todo el resto de sus obra literaria, y desarrolló su afición por la caza, la horticultura y la exploración hasta que falleció en Febrero de 1937.

El curso de las tragedias

Los años más fructíferos de Quiroga fueron los que siguieron a las tragedias en Uruguay. En este periodo se consumó como un cuentista de renombre que escribía con éxito en publicaciones selectas como Caras y Caretas, donde se elogiaba su habilidad para recrear la intriga desarrollada por Poe pero un ámbito rural que oscilaba entre lo mágico y lo realista.

Fue también en este tiempo cuando tras publicar célebres cuentos como El almohadón de plumas y novelas como Los perseguidos (ambos de 1905), contrajo matrimonio y vio nacer a sus dos hijos, a quienes inculcó el gusto por la naturaleza llevándolos a vivir a la profundo de la selva en la provincia de Misiones.

Su historia parecía ir viento en popa hasta que su joven esposa se suicidó terminando con uno de los más grandes periodos de plenitud creativa y personal del autor.

Poco antes de su muerte y luego de publicar Cuentos de locura de amor y de muerte (1917), sus numerosas fábulas de la selva, su novela Pasado amor (1929) y su antología Más allá (1935) que lo consagrarían como escritor. Quiroga enfermó si saber que se enfrentaba a un cáncer de próstata fulminante. Pronto fue abandonado por su segunda esposa y luego por sus hijos justo en la selva donde los vio nacer.

Quiroga decidió negarle al cáncer el gusto de arrancarle lo que le quedaba de vida. Fue así como con ayuda de una pequeña copa de cianuro, Horacio Quiroga partió sin regreso al panteón de los monstruos sagrados de la literatura latinoamericana.

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Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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