La ciudad y la ciudad. China Mieville: los mundos enfrentados.

Es la segunda vez que leo a este autor y he de confesar que, si ya me sorprendió con Embassytown, China Mieville lo ha vuelto a conseguir en esta magnífica novela de La ciudad y la ciudad. Hay ciertos autores de género que, en cierta medida, trascienden esa clasificación y se convierten simplemente en autores, en creadores, en artistas, independientemente de que lo que escriban sea novela negra, de fantasía, o de ciencia ficción. En el caso de Mieville, no solo domina el terreno de la ciencia ficción, sino que, a mi entender, innova como pocos lo han hecho creando tramas sumamente originales en las que elementos abstractos como el lenguaje o la comunicación forman una parte fundamental del argumento, casi como un personaje.

La ciudad y la ciudad es una extraña simbiosis entre novela negra y ciencia-ficción, todo ello aderezado con notables elementos kafkianos. De hecho, en una reseña sobre este libro publicada en St. Petersburgh Times, aparece el siguiente comentario, a mi entender bastante significativo:

«Si al hijo de Philip K. Dick y de Raymond Chandler lo criara Kafka, el libro que escribiría se parecería a La ciudad y la ciudad.»

La ciudad y la ciudad comienza con el descubrimiento del cadáver de una chica. El cuerpo lo encuentran en la ciudad de Beszel aunque, y aquí llega la primera sorpresa, parece que en realidad procede de Ul Qoma, otra ciudad paralela que convive con Beszel ocupando el mismo espacio físico. Es la definición de este escenario lo que hace que el libro sea fascinante, pues los verdaderos protagonistas de la novela son las ciudades más que los personajes. Y es que ambas ciudades comparten algunos espacios, lo que equivale a decir que están en el mismo sitio las dos al mismo tiempo, aunque conviven en dimensiones diferentes. Y al decir que comparten espacios no me refiero solo a que dichos espacios sean contiguos sino en muchos casos son coincidentes o están entrelazados, lo que en el libro se define con este acertado neologismo: topordinariamente coincidentes.

Los habitantes de una ciudad a veces “se cruzan” con los habitantes de la otra, pero en esos casos tienen expresamente prohibido establecer cualquier tipo de contacto, y la ley los obliga a ignorarse, lo que entre ellos denominan “desver” y “desoír”. Para diferenciarse aún más, cada ciudad tiene sus propias leyes, su propio idioma, y las costumbres, maneras de vestir, o incluso la arquitectura de los edificios son radicalmente diferentes. La prohibición de establecer contacto entre los habitantes de las dos ciudades genera un conflicto de partida pues, la chica asesinada que ha aparecido en Beszel, en realidad ha sido asesinada en Ul Qoma, lo que significa que alguien la ha llevado intencionadamente de una ciudad a la otra. Exponerse a semejante acción es correr el riesgo de caer en manos de La Brecha, una especie de policía fronteriza que interviene cuando detecta que las fronteras entre ambas ciudades están siendo violadas y, por tanto, todas sus leyes transgredidas. Caer en manos de la Brecha implica ser detenido y desaparecer.

La investigación sobre el asesinato de la chica la llevará a cabo el inspector beszeliano Borlú, ayudado por su compañera Corwi. Pero para que la investigación prospere, Corwi deberá contar con la colaboración de la policía de Ul Qoma, lo que abre un camino bastante sorprendente en esta trama interesantísima. Al margen de la investigación policial, la novela tiene múltiples lecturas bastante complejas: desde la evidente crítica social que se hace, hasta la recreación del universo kafkiano, plagado de burócratas, hombres grises y una intolerancia brutal. Metafóricamente, el lector podrá encontrar en esta novela de ciudades una representación más o menos evidente de ciudades reales con fronteras reales o imaginarias, como es el caso de Berlín, Jerusalén o Belfast. Todo un universo kafkiano y sumamente original e imaginativo en el que nada es lo que parece.

La ciudad y la ciudad. China Mieville. La Factoría de Ideas

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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