La educación de Laura. Conde de Mirabeau

La educación de Laura. Conde de Mirabeau. Reseña de CicutadryComo ocurre en el famoso cuadro de Delacroix La libertad guiando al pueblo, con esa ciudadana con los pechos descubiertos como símbolo de emancipación, la literatura escrita durante la Revolución Francesa adolece de un incómodo exceso de alegoría y razonamiento filosófico, si bien, por otro lado, gozó de una libertad de expresión nunca vista hasta entonces. La literatura erótica no escapó de este fenómeno. Quizás el escritor libertino más conocido de ese período sea el Marqués de Sade, pero hubo otro más comedido (o menos psicópata, si lo pensamos bien) cuyos libros fueron muy populares. Nos referimos al Conde de Mirabeau. La educación de Laura es su novela más emblemática, un verdadero ejemplo de literatura erótica en tiempos de la Ilustración.

Honoré Gabriel Riqueti, conde Mirabeau, fue un noble francés que vivió la Revolución Francesa como solo pueden hacerlo los hombres dotados de imaginación y descaro en tiempos revueltos. Llamado «el orador del pueblo», vivió persecuciones, encarcelamientos, honores, cargos políticos, duelos al amanecer y una vida libertina digna del mismísimo Casanova. Fue uno de los redactores de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano y cuando murió fue enterrado en el Panteón de París junto a Voltaire y Montesquieu, lugar del que se desalojó cuando se descubrió que en realidad trabajaba a favor del rey Luis XVI. En uno de sus confinamientos coincidió en la misma celda con el Marqués de Sade, del que afortunadamente no se le pegó ninguna de sus eróticas inclinaciones.

La educación de Laura parte de una situación que, a ojos de los lectores actuales, resultará repugnante: un padre adoptivo, recién enviudado, inicia -con su propio cuerpo- en la vida sexual a su hija de 12 años. Nos apresuramos a poner en contexto tal hecho: lo que hace ese padre es educar a su hija en todos los aspectos de la vida (y la sexualidad es uno de ellos) a la luz de la Razón para que en el futuro sea una mujer libre, fuerte, decidida, feliz e independiente de los hombres. Por arte de birlibirloque, lo que a primera vista parece una novela pedófila se convierte, en manos del Conde de Mirabeau y sus ideas ilustradas, en un alegato feminista.

Este tipo de cosas ocurrían en aquel tiempo: en la misma obra lo mismo se describían explícitas escenas pornográficas que se explayaban en largos discursos filosóficos a favor del divorcio, la emancipación de las mujeres, el derecho al aborto o la anticoncepción como método de liberación de la mujer frente a las imposiciones de los hombres.

La educación de Laura. Conde de Mirabeau. Reseña de Cicutadry
Honoré-Gabriel Riqueti, Conde de Mirabeau

En La educación de Laura, el lector actual asiste a un curioso debate entre ideas avanzadas que aún hoy se siguen reivindicando y la práctica de esas ideas representadas de matute mediante pornografía pura que deja boquiabierto a quienes transitan con mayor o menor habitualidad por páginas web de «contenido adulto»: que recuerde, en La educación de Laura se describen escenas de lesbianismo, ménages à trois, voyeurismo, gang-bang, multiorgasmia, bisexualidad, intercambio de parejas, castidad forzada, incesto entre hermanos, dobles penetraciones, uso de consoladores, masturbaciones en grupo y un sinfín más de eróticas poco o nada convencionales.

Cuesta trabajo pensar que un librito de 1786 contenga tal cantidad de prácticas sexuales. Para mayor abundamiento, la novela está narrada por la propia Laura, que desde un convento y como monja, escribe una especie de memorias de su vida a otra monja que ha salido de su reclusión y con la que se entiende que ha disfrutado, en su encierro monacal, de una ardiente relación lésbica.

Cómo termina en un convento una mujer libertina y emancipada que de niña se acostaba con su padre y su aya todas las noches, es uno de los misterios de la trama que el lector tendrá el placer de resolver. Entre tanto asistiremos al profundo amor (carnal y sentimental) de la pequeña Laura por su padre -recordemos, adoptivo- que podría haberle servido a Carl Jung de cabal ejemplo para ilustrar el denominado Complejo de Electra.

A pesar de lo que pueda parecer, ese padre bastante salido es un filósofo en toda regla, un hedonista puro que en el placer antepone la mesura a la pasión. Para ilustrar tal idea, el Conde Mirabeau incluye un relato dentro del relato, en el que se cuenta la historia de dos hermanos incestuosos y en particular de uno de ellos, la joven Rose, que sería un ejemplo de lo que este padre entiende por sufrir furor uterino.

En principio, Laura se enamora del otro hermano, Vernol, e inicia junto a su padre un entretenido intercambio sexual entre los hermanos y la pareja paternofilial que culmina con una cama redonda en la que destacan las habilidades lúbricas de Rose.

La experiencia y el conocimiento profundo de la vida lleva al razonable padre a desaconsejar la relación de Laura con Rose, que en la cama le da sopas con honda, cuando son casi de la misma edad. ¿El motivo? Rose es una mujer que se deja arrastrar por las pasiones, por los sentimientos, y por tanto, deja a un lado la razón, centro y dictado de cualquier conducta humana, según el prudente padre. Y todo esto dicho entre escenas pornográficas de altísimo contenido sexual.

La cuestión es que la vida de Rose ejemplifica lo contrario de los ideales ilustrados: se acuesta con cualquiera siguiendo sus apetitos caprichosos, sin poner medios anticonceptivos, y lo que es peor, sin poner medios higiénicos. En una sola sesión es capaz de tener relaciones sexuales con 6 hombres a la vez (una gang-bang, que se diría ahora) y eso acaba teniendo consecuencias nefastas en la joven: termina por contraer todo tipo de enfermedades de transmisión sexual, que en aquella época suponían la muerte.

En definitiva, lo que desea ese padre tan cariñoso con su hija Laura es apartarla de los apetitos indiscriminados y llevarla por los caminos de la razón. Lo curioso es que esta enseñanza se basa en una concepción que hoy podríamos llamar (para entendernos) feminista, o aún más: en la creencia de la supremacía de la naturaleza femenina sobre la masculina, si bien -aclaro- desde la óptica de un hombre del siglo XVIII.

Sobre esta base está construida la novela. La educación de Laura es la instrucción que un padre da a su hija por el hecho de ser mujer en un mundo de hombres, un mundo en el que los instintos (bajos y masculinos, naturalmente) son a su vez la única guía que gobierna la vida social, religiosa y política de los ciudadanos. ¿Y para eso tiene que acostarse el padre con la hija? Pues bien; en la lógica del Conde de Mirabeau debe ser así, puesto que la teoría se demuestra con la práctica, y si bien el coito y el sexo oral son de uso habitual entre ellos, no por ello deja de instruirla con otros procedimientos, como por ejemplo, colocarle un cinturón de castidad para habituarse a atemperar sus pasiones, recomendarle las ventajas de usar un consolador para urgencias veniales, enseñarle a ponerse una esponja anticonceptiva que debe utilizar siempre que se deja penetrar por un hombre, o en caso de no tenerla a mano, practicar el sexo anal, de cuyas técnicas para atenuar el dolor también da cumplidas instrucciones.

He leído que Nietzsche era un gran admirador de La educación de Laura. Es posible; pero conocida la furibunda misoginia del pensador alemán, o bien no se enteró del fondo reivindicativo de la novela, o la utilizaba para otros fines distintos de los puramente literarios y se saltaba los pasajes filosóficos. En los tiempos actuales, creo que La educación de Laura merece la doble lectura que pretendió el libertino e ilustrado conde de Mirabeau.

La educación de Laura. Conde de Mirabeau. Barril Barral editores.

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Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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