La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela: Retrato de una sociedad violenta

La familia de Pascual Duarte. Camilo José Cela. Reseña de Cicutadry

La familia de Pascual Duarte está considerada como la obra que inaugura la moderna narrativa española del siglo XX. Fue la primera novela de su autor, Camilo José Cela, por entonces un joven de 26 años que había publicado anteriormente tan solo un libro de poesía, Pisando la dudosa luz del día.

El tremendismo y la guerra civil española

Para entender de forma cabal esta novela hay que encuadrarla en su contexto histórico. La familia de Pascual Duarte es la primera gran novela española escrita tras la Guerra Civil Española.

Aunque la obra se desarrolla en la década de los años 20, el ambiente de la posguerra está fielmente retratado por lo que de violencia y sentimientos malsanos hay en ella.

No es de extrañar, por tanto, que los críticos literarios, tan dados poner etiquetas, determinaran que la novela iniciaba un supuesto subgénero narrativo exclusivamente español al que denominaron tremendismo.

Sin embargo, el tremendismo se mascaba en la vida española de la posguerra, no como género literario, sino como forma de ser y de estar de la sociedad. Los años de la autarquía franquista fueron miserables desde el punto de vista económico, corruptos en la convivencia social y tan violentos como despiadados en cuanto a la represión política y policial. Es prácticamente imposible encontrar en más de una década, tras el final de la Guerra Civil, un solo acontecimiento en la vida española que pueda destacarse por su brillo o su interés.

Retrato de una sociedad violenta

En este contexto de grisura y podredumbre social, La familia de Pascual Duarte apareció como un espejo en el que se podían ver reflejados los españoles. Camilo José Cela siempre tuvo un sexto sentido para captar lo que de miserable acontecía en el país, lo que de tremendo habitaba en el alma española, devastada por la ira, la venganza y la envidia.

Es cierto que durante la década de los 40 aparecieron varias novelas cuya trama recordaba a la de La familia de Pascual Duarte; por ejemplo, Los hijos de Máximo Judas, de Luis Landínez, o La fiel infantería, de Rafael García Serrano, pero su calidad literaria quedaba muy lejos de la obra de Camilo José Cela.

Más que una técnica narrativa, el tremendismo fue una pura y vulgar imitación de un modelo literario, el de esta novela de Cela, que por su éxito llevó a pensar a otros escritores que en la acumulación de iras, violencia y muerte en una trama podía encontrarse un filón.

Muchas de estas novelas solo reflejaron puntualmente a una sociedad excitable y cainita que, atemorizada por el miedo impuesto por la dictadura franquista, la muerte era el pan nuestro de cada día.

Las fuentes cervantinas

La primera gran idea que tuvo Camilo José Cela fue tomar la tradición narrativa española como punto de partida para el estilo utilizado en La familia de Pascual Duarte. Para ello forzó el discurso de su protagonista sin ningún reparo, seguro de que ese discurso sería el más adecuado para los oídos de sus lectores.

Hay que decir que la novela es, en su mayor parte, la confesión de un pobre desgraciado, Pascual Duarte, hecha desde la cárcel poco antes de ser ejecutado por ese instrumento tan español como es el garrote vil.

Ni por la instrucción recibida, ni por su educación, hacen pensar que Pascual Duarte pudiera tener las dotes literarias que muestra en la novela. Sin embargo, mirándolo con atención, tampoco es propia de un pobre pícaro la lengua que se muestra en El Lazarillo de Tormes o en algunos personajes protagonistas de relatos de Cervantes.

Este hecho no se le pasó desapercibido a Camilo José Cela, buen conocedor de la narrativa española del Siglo de Oro así como de la novela picaresca. Prueben si no a imaginar en boca de un pobre desgraciado sin cultura alguna de estas frases extraídas de la confesión de Pascual Duarte:

Es probable que si la paz a mí me hubiera llegado algunos años antes, a estas alturas fuera, cuando menos, cartujo, porque tal luz vi en ella y tal bienestar, que dudo mucho que entonces no hubiera sido fascinado como ahora lo soy. Pero no quiso Dios que esto ocurriera y hoy me encuentro encerrado y con una condena sobre la cabeza que no sé qué sería mejor, si que cayera de una buena vez o que siguiera alargando esta agonía, a la que sin embargo me aferro con más cariño, si aún cupiese, que el que para aferrarme emplearía de ser suave mi vivir. 

Como puede verse, ni la riqueza sintáctica, ni las expresiones son propias de una persona inculta y, ni mucho menos, de un hombre de la primera mitad del siglo XX.

La fuerza de la ficción

No obstante, la elección de este estilo arcaico, fácilmente reconocible por los lectores españoles, dotaba de una fuerte dosis de ficción al relato, idea fundamental de Camilo José Cela a la hora de escribir La familia de Pascual Duarte.

Digamos, para quien no la haya leído, que la novela es una acumulación de hechos desgraciados y violentos, una especie de tragedia griega pasada por la cultura española en la que el destino del protagonista, hombre de pocas luces y de impulsivas acciones, lo lleva indefectiblemente al odio, al rencor y al asesinato.

Para ello, Camilo José Cela necesitaba que la obra tuviera esa fuerte dosis de ficción a la que nos referimos. Analizada párrafo por párrafo, la novela no tiene la más mínima gota de verosimilitud pero, sin embargo, funciona a nivel literario, funciona muy bien. La familia de Pascual Duarte ha sido traducida a más de 40 idiomas y es una obra muy considerada a nivel mundial.

Un hipnótico relato

El truco literario –si se me permite llamarlo así- se encuentra en el estilo hipnótico con el que está escrita la obra. Desde la primera frase –“Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo”el texto va acumulando hechos sórdidos y truculentos que se despliegan ante el lector como fuegos de artificio.

No hay respiro en un solo capítulo: el tratamiento de los personajes es despiadado; el ambiente rural es miserable; el ambiente moral es corrupto. Desde las primeras frases el lector comprende que hay un destino oculto y fatal en las peripecias del protagonista, y si bien es casi imposible identificarse con él, sí que contiene muchos tics españoles fácilmente reconocibles, como el abuso del refranero y la tendencia a mirar –y a juzgar- más hacia los demás que a sí mismo.

No es casualidad que cuando la obra lleva solo unas pocas páginas, Pascual Duarte recuerde su relación con su perra, fiel y alegre, una tierna relación que termina de esta manera cuando él se sienta, después de cazar, en una piedra hallada en el camino:

La perra volvió a echarse frente a mí y volvió a mirarme; ahora me doy cuenta de que tenía la mirada de los confesores, escrutadora y fría, como dicen que es la de los linces… un temblor recorrió todo mi cuerpo; parecía como una corriente que forzaba por salirme por los brazos, el pitillo se me había apagado; la escopeta, de un solo caño, se dejaba acariciar, lentamente, entre mis piernas. La perra seguía mirándome fija, como si no me hubiera visto nunca, como si fuese a culparme de algo de un momento a otro, y su mirada me calentaba la sangre de las venas de tal manera que se veía llegar el momento en que tuviese que entregarme; hacía calor, un calor espantoso, y mis ojos se entornaban dominados por el mirar, como un clavo, del animal. Cogí la escopeta y disparé; volví a cargar y volví a disparar. La perra tenía una sangre oscura y pegajosa que se extendía poco a poco por la tierra.

La novela en su contexto

Cualquier obra de arte hay que analizarla en su contexto histórico. En este sentido, La familia de Pascual Duarte es un claro ejemplo de novela cuya lectura se enriquece de forma suprema encuadrándola en la época de posguerra española.

Hay un hecho ineludible: desde el propio título, la obra se refiere a la familia del protagonista, y no al propio protagonista. La relación entre los miembros familiares es pésima, las desgracias, los abortos, las muertes y los asesinatos se suceden entre ellos sin solución de continuidad. Las muertes, cuando son accidentales, son ridículas; los sentimientos entre ellos son espantosos, un auténtico muestrario de emociones negativas, descontroladas, sórdidas, miserables.

A pesar de ello, y ese es otro gran logro de Camilo José Cela en esta novela, es que el autor dirige una mirada misericorde y piadosa sobre sus personajes, a lo que evidentemente quiere. Son unos pobres desgraciados, pero son retratados de forma compasiva en su desgracia. De ahí que la novela no se le caiga de las manos al lector, sino que más bien entienda el destino fatal de cada uno de los personajes, por lo demás, magistralmente retratados.

No obstante, esa tensión extrema entre los miembros familiares refleja, en su época, la tensión que había en ese momento en la sociedad española y que, por otro lado, había prefigurado la Guerra Civil.

No quiere decir esto que La familia de Pascual Duarte solo pueda ser entendida en todo su sentido por los lectores españoles. Más bien es una novela universal en cuanto que refleja todo odio o confrontación entre los habitantes de un país o una región; habitantes que deben convivir antes y después de una guerra y que en su interior tienen ya clavada la semilla del odio bíblico entre hermanos.

La familia de Pascual Duarte. Camilo José Cela. Debolsillo.

Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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