La señorita, de Ivo Andrić: Retrato de la avaricia

La señorita. Ivo Andrić. Reseña de CicutaDry

La señorita es la gran novela sobre la avaricia. Escrita por el serbocroata Ivo Andrić en 1943, es una de las tres grandes obras publicadas ese mismo año por el escritor que a la postre le proporcionarían el Premio Nobel de Literatura en 1961. El comité sueco destacó con gran acierto “la fuerza épica con la que ha trazado temas y representado destinos humanos extraídos de la historia de su país” y quizá sea este la mejor síntesis de su producción narrativa.

La fuerza épica de un personaje

La señorita a la que alude el título de la novela es Rajka Radaković, una mujer de Sarajevo a la que seguiremos durante casi toda su vida, desde que es una joven de quince años hasta su muerte.

Este personaje está presentado con una fuerza épica inusitada, uno de esos personajes que nunca se olvidan después de haberlos leído. Esa fuerza se concreta en un poderoso rasgo de su personalidad: la tenaz perseverancia en construir su vida alrededor del dinero.

La justificación con la que Ivo Andrić monta este personaje es la promesa que la joven Radja le hace a su padre moribundo cuando éste le pide que evite terminar su vida como él. El padre de Rajda es un conocido comerciante de Sarajevo que termina arruinándose por tener una cierta liberalidad con su dinero en apoyo de personas necesitadas y causas perdidas. Radja jurará a su padre que toda su vida se basará en el continuo ahorro, impulsada por su fuerte carácter.

Una novela de caracteres

Como digo, esta promesa no es más que una justificación del escritor para desarrollar un despiadado carácter en el personaje de Radja. Conforme se avanza en la novela se va comprendiendo que esta mujer hubiera sido igualmente agria y seca sin la promesa dada.

El verdadero acierto de Ivo Andrić fue sostener toda una novela sobre este carácter. Durante más de 200 páginas asistimos a un prodigioso análisis de la satisfacción humana en aquellos aspectos que, en principio, no deberían ser gozosos pero que son tan reales como la vida misma.

Las grandes novelas afrontan este tipo de retos. Solo hay que recordar al protagonista de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, un joven devastado por los celos, o el inolvidable Abel Sánchez de Unamuno, la envidia personificada en un hombre.

Al igual que estos personajes, Radja es una mujer que vive la avaricia como una forma de entender la existencia, y está satisfecha por ello, de manera que no puede entenderla de otra manera. Es una criatura avara, egoísta y sin corazón que no entiende que el resto de la gente tenga sentimientos tendentes a hacer el bien a los demás porque los entiende como debilidades del ser humano.

El aislamiento social

Naturalmente, este egoísmo, esta insaciable necesidad de acumular dinero la llevará al aislamiento social. En primer lugar porque le es imposible comprender la benevolencia de los demás; simplemente, le da asco. Y en segundo lugar porque esa necesidad de tener dinero la lleva a la actividad propia de los avaros: la usura.

Radja necesita de la desgracia de los demás. No se regodea en ella, porque eso sería tener unos sentimientos respecto a su prójimo. En este sentido, Radja es el retrato de la perfecta psicópata: su ausencia de empatía es absoluta.

Lo única razón por la que se levanta cada mañana es lograr la manera de aumentar su capital económico. Para ello se mueve en cualquier ambiente, desde la visita a los banqueros de Sarajevo hasta la búsqueda en los barrios más humildes de gente necesitada. Nada la puede parar en su afán avaro. Ni siquiera las peores circunstancias.

Los Balcanes en la Primera Guerra Mundial

Radja se encontrará con un hecho que trastocará sus impulsos: el asesinato del archiduque Fernando en su ciudad, Sarajevo. No es casualidad que Ivo Andrić eligiera esta ciudad como centro de operaciones de su personaje, puesto que el escritor serbocroata vivió en primera persona aquel acontecimiento, incluso fue sospechoso de haber participado en el atentado.

El asesinato del archiduque es el momento climático de la novela. No he leído nunca una descripción más real y acertada de aquel primer momento de la Gran Guerra que la que relata Ivo Andrić en esta novela.

Que hace apenas tres décadas se volviera a reproducir el conflicto de los Balcanes hace que los lectores actuales tengan una mejor perspectiva de aquella guerra. Ivo Andrić expresa con una cruda narración el sentimiento balcánico y, sobre todo, las fuertes emociones que habitan soterradamente en el corazón eslavo y que, la señorita, con su falta de empatía, es imposible de comprender:

No sabía que la violencia y la injusticia engendran el deseo de venganza, que la venganza es ciega y que aquellos sobre los que se abate la consideran siempre como la injusticia más cruel, y tampoco sabía que incluso el castigo más justo siempre va acompañado por la envidia y por el gozo innato por el mal ajeno.

La realidad del pueblo balcánico

Envidia, venganza, injusticia, gozo por el mal ajeno. En un solo párrafo, Ivo Andrić sintetizaría el espíritu de los Balcanes. Usa a la señorita como pretexto, una mujer que, consumida por su íntima pasión, no ve las extremas y malignas pasiones de los demás.

Las grandes guerras y los grandes acontecimientos de la Historia se construyen desde estas íntimas pasiones de todo un pueblo que, sin embargo, son incapaces de ver la mayoría de los ciudadanos. Ivo Andrić, en un asombroso ejercicio de estilo, es capaz de aunar la pequeña historia de la señorita, una mujer que apenas sale de casa y que solo se relaciona con los demás para prestarles dinero, con la complicada historia de todo un país, con el destino de todos los ciudadanos.

De esta manera, una vez terminada la guerra, como en todas las postguerras, vivirá la persecución y la injusticia, porque ella siempre va en el bando de los favorecidos. Es la historia del ser humano: perseguirse los unos a los otros; da igual el momento: unas veces serán unos y después serán los otros. La señorita será el más claro ejemplo de una persona que se ve arrastrada por el peso de la Historia.

Donde se corrompen los sentimientos

En cualquier caso, La señorita es una obra maestra sobre los sentimientos, precisamente por la casi total ausencia de ellos. Ese vacío brutal de emociones se percibe con más claridad que si los hubiera expuesto abiertamente.

Hay que ser un escritor para hacer de la ausencia el gran motivo de su novela. La señorita solo nos va a mostrar un sentimiento, el de la avaricia, monotemático, duro, aplastante, pero todas las personas que tendrán contacto con ella nos dejarán vislumbrar, aunque sea someramente, las pasiones que rodean al dinero, sea por necesitarlo o sea por acumularlo.

Aunque parezca lo contrario, La señorita es una gran novela de amor, pero amor por lo material, por los objetos, por el dinero. Amor por todo aquello que parece destruir los sentimientos pero que es un sentimiento en sí mismo. No es el mal, es la condición humana, y La señorita es una novela que concentra de una manera prodigiosa un análisis crudo y natural de una innegable realidad.

La señorita. Ivo Andrić. Debolsillo

Acerca de José Luis Alvarado

José Luis Alvarado
Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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