Las 10 mejores novelas románticas

Sin lugar a dudas, las historias de amor siempre han figurado entre las favoritas del público lector porque nos narran, desde muy diferentes perspectivas, un sentimiento universal que a casi nadie deja indiferente. Dentro de las innumerables novelas románticas que se han escrito a lo largo de los tiempos, nos hemos querido detener en un conjunto de ellas que pertenecen a un periodo en el que el Romanticismo, entendiendo como tal al movimiento cultural y artístico, tenía todavía una influencia notable o dejó de alguna forma una huella en escritoras y escritores que supieron reflejar de forma magistral unas historias de amor que, en algunos casos, más de un siglo después, siguen conmoviéndonos como lectores.

Desde nuestra página queremos ofrecer a los lectores una selección con 10 novelas románticas del siglo XIX cuya lectura consideramos imprescindible. Como se podrá apreciar, casi todas ellas pertenecen a un intervalo de tiempo muy concreto que se corresponde con los gustos de aquella época y, de algún modo con la educación sentimental (parafraseando a Flaubert) de aquellos años.

Orgullo y prejuicio (1813), de Jane Austen

Todo un clásico de la novela del periodo romántico y de la literatura universal, en esta novela Jane Austen nos narra las costumbres sociales de la Inglaterra de comienzos del siglo XIX, sobre todo en lo que se refiere a la forma de vida de las mujeres y los prejuicios sociales que imposibilitaban, como se narra en Orgullo y prejucio, la unión de dos personas perteneciente a estamentos sociales diferentes.

De este modo, en la familia Bennet, con cinco hijas casaderas, el matrimonio de las hijas parece la única salida posible para garantizar el futuro de las muchachas ya que la herencia de su padre no puede pasar a las hijas, sino a un varón. Elisabeth Bennet, segunda de las hijas y heroína romántica de esta novela, mantendrá una difícil relación con Fitzwilliam Darcy, un joven apuesto, adinerado, pero en apariencia mezquino y arrogante que ofende a Elizabeth en un baile, hiriendo su orgullo y siendo rechazada por esta. Con el tiempo, se demuestra que bajo esa máscara de arrogancia se esconde una persona honesta y recta y que Elizabeth, en su primera impresión sobre Darcy, se ha dejado llevar por su orgullo y prejucio.

Orgullo y prejuicio está considerada como una de las primeras novelas románticas. Como todos los clásicos, su vigencia e interés literario permanecen intactos.

Algunas adaptaciones cinematográficas reseñables: Más fuerte que el orgullo (1940) de Robert Z. Leonard, con Greer Garson y Laurence Olivier como protagonistas, y la de Joe Wright (2004), con Keira Knightley y Matthew Macfadyen.

Jane Eyre (1847), de Charlotte Brontë

Cuando Charlotte Brontë publicó esta novela en 1847, tuvo que hacerlo bajo el pseudónimo de Currer Bell, pues estaba mal visto que una mujer se dedicara a tareas artísticas. Jane Eyre cuenta la historia de una muchacha con una infancia dura en un internado con unas duras condiciones de vida, aunque lo resiste gracias a la amistad que traba con una de las institutrices. Cuando se marcha, es contratada como institutriz para hacerse cargo de la hija del señor Rochester, un hombre rudo que guarda un oscuro secreto y de quien Jane terminará enamorándose.

Cuando el señor Rochester le pide a Jane que se case con él, aflorará el terrible secreto que había guardado durante años y que supone uno de los giros más espectaculares que se han escrito en las novelas románticas.

Al contrario que sucedió con la obra de su hermana Emily, Jane Eyre tuvo un éxito mediático abrumador y, ya en su segunda edición, fue cuando se descubrió la verdadera identidad de su autora.

Caben destacar las adaptaciones cinematográficas Alma rebelde (1944) de Robert Stevenson con Joan Fontaine y Orson Welles, y el telefilme de Delbert Man (1970) con Susannah York y George C. Scott.

Cumbres borrascosas (1847), de Emily Brontë

Novela romántica por antonomasia, en Cumbres borrascosas se aprecian todos los elementos clásicos del Romanticismo: la exacerbación de los sentimientos a través de personajes que nos muestran de una forma abrupta el amor, el odio, el deseo de venganza, o el dolor por la pérdida del ser amado.

Escrita por Emily Brontë, hermana de Charlotte Brontë, Cumbres borrascosas fue publicada bajo el pseudónimo de Ellis Bell y narra la historia de Heathcliff, joven de origen humilde que llega al hogar de los Earnshaw, en la finca Cumbres borrascosas, donde traba una gran amistad con Catherine, la hjja del señor de la casa, de quien se enamora perdidamente. La diferencia de clases sociales y la imposibilidad de guardar las apariencias en un mundo en el que el clasismo era una norma rígida son el caldo de cultivo para una historia de amor turbia como pocas, desgarradora y tenebrosa, llena de rencor y venganza.

Su estilo y estructura resultaron tan innovadores para su época, que la obra sufrió un fuerte rechazo de la crítica. Sin embargo, hoy se la reconoce como uno de los grandes clásicos dentro de las novelas románticas en todo el mundo.

Destacamos las adaptaciones cinematográficas de William Wyler (1939) con Merle Oberon y Laurence Olivier y la de Luis Buñuel (1953) titulada Abismos de pasión, con Jorge Mistral e Irasema Dilián.

La dama de las camelias (1848), de Alexandre Dumas (hijo)

Inspirada en un romance real que tuvo su autor con una joven prostituta, La dama de las camelias fue una de las novelas del periodo de transición del romanticismo al realismo.

La trama de La dama de las Camelias nos cuenta el enamoramiento de
Armand Duval, un joven burgués, de Marguerite Gautier, una prostituta de lujo. Ella le rechaza inicialmente, pues sus amantes habituales la tienen acostumbrada a un nivel de vida que Armand no puede permitirse, pero al fin ella también sucumbe al enamoramiento y se entrega a Armand.

Sin embargo, el padre de Armand no está dispuesto a poner en juego la reputación de su familia por los devaneos amorosos de su hijo con una prostituta. De este modo la pasión de los amantes se verá tragicamente frustrada y conducirá a un final dramático.

Como en la mayoría de las novelas románticas de este periodo, la protagonista femenina se nos presenta como un nuevo arquetipo de mujer que simboliza a un personaje femenino independiente, que desea huir de las ataduras patriarcales y que sabe lo que quiere, aunque al final ese símbolo feminista quede resuelto solo a medias.

Entre las adaptaciones cinematográficas destacamos Camille (1937), de George Cukor, con la gran Greta Garbo y Robert Taylor en sus papeles principales.

La letra escarlata (1850), de Nathaniel Hawthorne

Considerada la mejor novela de su autor, esta novela está ambientada en la Nueva Inglaterra puritana del siglo XVII, en donde una mujer es condenada a llevar bordada la letra A en su ropa. Esa letra A de color escarlata es la de “Adúltera”. Hester Prynne es la protagonista femenina que tiene que arrastrar este escarnio por haber deseado una forma de amar y de vivir que resultaban inaceptables en su época.

La hija fruto de esa relación adúltera crece y, en un momento dado, la misma sociedad puritana que ha condenado a Hester a exhibir su vergüenza, trata de separarla de su hija. Entonces intervendrá el reverendo Dimmesdale, que tratará de interceder por ella y, finalmente, será el mismo reverendo quien desvele toda la verdad.

Hawthorne es uno de los autores norteamericanos castigados por el paso del tiempo, pese a su gran calidad. Aunque en su producción literaria destacan los relatos cortos, La letra escarlata ocupa un lugar destacado dentro del género de las novelas románticas.

En 1995 Roland Joffe adaptó, sin demasiado éxito, esta novela a la gran pantalla con Demi Moore y Gary Oldman como protagonistas.

Madame Bovary (1856), de Gustave Flaubert

Aunque esta novela ya se inscribe dentro del realismo, algunos la consideran, no sin razón, una novela del romanticismo tardío. De un modo u otro, Madame Bovary es un clásico universal de referencia obligada y lectura imprescindible que ahonda como pocas obras escritas por hombres en el alma femenina y en la búsqueda del amor ideal.

Emma Bovary es una muchacha con una idea muy romántica del matrimonio que se siente decepcionada de su relación matrimonial con Charles Bovary. Aunque este la quiere, no consigue darle el amor que ella necesita. Aburrida de su marido, Emma Bovary se buscará amantes que logren satisfacer su pasión.

Como personaje, Madame Bovary es el arquetipo del adulterio femenino, todo un símbolo que ha perdurado a lo largo de las décadas con esta obra maestra imprescindible que no pasará nunca de moda y que destaca como uno de los clásicos indiscutibles de la literatura romántica universal.

Entre las adaptaciones cinematográficas, destacamos la de Jean Renoir (1933) con Valentine Tessier como protagonista, y la de Vincente Minelli (1949), con Jennifer Jones como Madame Bovary.

María (1867), de Jorge Isaacs

La novela María data de 1867, es decir, una época en la que el romanticismo literario, aunque ya superado artísticamente, todavía poseía una influencia cercana en el tiempo.

La novela narra la historia de amor entre Efraín y su prima María. Efraín es el hijo de un adinerado hacendado del Valle del Cauca. Cuando regresa a la hacienda familiar una vez que concluye sus estudios, conoce a María, su prima de quince años que ha sido adoptada por su familia, y se enamora de ella. Las vicisitudes de los jóvenes para defender su amor forman el eje principal sobre el que va girando la trama. En la narración de la relación amorosa, Jorge Isaacs utiliza una serie de símbolos muy propios del romanticismo que marcan un mal augurio, como si la fuerza del destino impulsara a desfavorecer que el amor de los dos jóvenes pudiese cuajar. La aparición recurrente de un cuervo que circunda la hacienda, así como la fragilidad de María, serán algunas de esas señales inequívocas que anuncian al lector un final aciago.

La dolorosa separación de los jóvenes amantes se producirá cuando el padre de Efraín manda a su hijo a Inglaterra para estudiar medicina. Un año después, Efraín recibe una carta en la que le anuncian que su querida María está muy enferma. Pese a que el joven adelanta su regreso al domicilio familiar, cuando llega se encuentra con la triste noticia de que María ha muerto. Será su hermana Emma quien le narre los últimos días vividos por su amada, que siempre lo retuvo en su memoria hasta el último aliento.

Esta novela ha tenido multitud de adaptaciones. Destacamos la realizada en 1966 por Enrique Grau, y la serie televisiva de 1991, realizada por Lisandro Duque Naranjo con libreto de Gabriel García Márquez.

El crimen del padre Amaro (1875), de Eça de Queiroz

La historia comienza con la llegada del padre Amaro a una pequeña localidad. Se hospeda en casa de una mujer de quien se dice que mantiene relaciones con el canónigo Dias, antiguo maestro del padre Amaro. Allí Amaro conocerá a Amélia, la hija de la dueña de la casa. Amélia se enamora del padre Amaro y, lo que comienza como un coqueteo inocente, termina en una relación de amor intensa que desemboca en una pasión carnal.

El padre Amaro convence a la inocente Amélia, de que su amor es voluntad de Dios y propicia una serie de encuentros con ella haciendo creer hipócritamente a la gente que Amélia la está ayudando en labores religiosas. Fruto de esa relación prohibida, Amália quedará embarazada lo que precipita un drama en toda regla. El pecado y la culpa son dos de los temas centrales de esta gran novela del gran escritor portugués.

En 2002 Carlos Carrera adaptó El crimen del padre Amaro al cine con Gael García Bernal como protagonista. La película fue triunfó tanto en México como en Estados Unidos.

Ana Karenina (1877), de Leon Tolstoi

«Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada.» Con esta famosa frase empieza Ana Karenina, un clásico de la literatura y una novela monumental en la que se relata la pasión irrefrenable que atrapa a su protagonista, una mujer casada y con un hijo, cuando conoce a un joven oficial, el conde Vronski.

La pasión de Ana Karenina es tan fuerte que abandonará a su marido y a su hijo para poder estar con el amor de su vida. La magnífica descripción psicológica que hace Tolstoi de sus personajes es en sí misma una obra de arte. La hipocresía de una sociedad en la que el adulterio está consentido cuando se realiza por parte de los hombres, el rechazo de la familia y los amigos de Ana Karenina a su idilio conducirán a un trágico desenlace.

Entre las adaptaciones cinematográficas existentes de esta novela, destacamos la de Clarence Brown (1935) protagonizada por Greta Garbo y Fredric March, y la innovadora versión dirigida por Joe Wright (2012) con Keira Knightley, Jude Law y Aaron Taylor-Johnson como protagonistas.

La Regenta (1884), de Leopoldo Alas “Clarín”

Considerada una novela del género naturalista, La Regenta tiene un poso más que evidente de post-romanticismo por su temática central, en la que se relata el amor imposible entre Ana Ozores, la Emma Bovary española, con Fermín de Pas, un sacerdote de la mítica ciudad de Vetusta.

El tema del adulterio vuelve a estar presente en una obra fundamental de la literatura hispana. El adulterio, la posición de la mujer en la sociedad, la religión, la familia y la educación, son temas que se encuentran presentes en toda la narración y que Clarín nos describe con una maestría envidiable. Después de Don Quijote de La Mancha, La Regenta se considera como la segunda mejor novela de la literatura española.

En 1974 Gonzalo Suárez realizó una adaptación de esta novela, con Emma Suárez como protagonista. Con posterioridad, en 1995 Fernando Méndez-Leite realizó una miniserie para televisión que tuvo bastante éxito, con Aitana Sánchez Gijón como protagonista.

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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