Los detectives salvajes de Roberto Bolaño: un viaje al realismo visceral.

Los detectives salvajes, publicada por primera vez en 1998, nos cuenta la búsqueda de Cesárea Tinajero por parte de los detectives salvajes Arturo Belano y Ulises Lima. Tinajero es una escritora desaparecida en México en los años siguientes a la Revolución. La búsqueda se prolongará a lo largo de 20 años, desde 1976 hasta 1996, con una trama que muestra la maestría de Roberto Bolaño como escritor.

Con Los detectives salvajes, Roberto Bolaño logró su consagración como escritor, pues le valió el premio Herralde y, con posterioridad, el prestigioso premio Rómulo Gallegos. La novela tiene un estilo potente que la acerca más a la literatura mexicana. No en vano, buena parte de la historia se desarrolla en México, escenario que Roberto Bolaño volvería a elegir con su no menos genial novela 2666.

Argumento de los detectives salvajes

Juan García Madero, el protagonista de la novela, es un huérfano, que cuenta con 17 años de edad, y vive con sus tíos, en 1975. La narración de Los detectives salvajes empieza en este año cuando conoce a los poetas del movimiento literario llamado realismo visceral que es dirigido por Ulises Lima y Arturo Belano. Algo parecido a una definición de dicho movimiento puede encontrarse en esta cita:

Hay una literatura para cuando estás aburrido. Abunda. Hay una literatura para cuando estás calmado. Esta es la mejor literatura, creo yo. También hay una literatura para cuando estás triste. Y hay una literatura para cuando estás alegre. Hay una literatura para cuando estás ávido de conocimiento. Y hay una literatura para cuando estás desesperado. Esta última es la que quisieron hacer Ulises Lima y Belano.

Paralelamente, se desarrolla la historia de Joaquín Font, que es un arquitecto famoso del lugar y padre de María y Angélica, quienes pertenecen al grupo de los realvisceralistas.

García Madero se enamora perdidamente de María y es felizmente correspondido, por lo que pierde su virginidad con ella. Paralelamente García Madero establece una relación con Rosario, la mesera del café al que asisten frecuentemente el grupo de poetas, y termina convenciendo al poeta para vivir con ella. Esto hace que la relación entre María y García Madero se distancie cada vez más hasta extinguir la llama de pasión entre ellos.

Amargado por la situación, García Madero vuelve a casa de sus tíos, donde se encuentra a Lupe, una prostituta que ha buscado refugio allí huyendo de su proxeneta, un tal Alberto. García Madero se acuesta con Lupe y Alberto los encuentra y comienza a acosarlos, por lo que García Madero, Lupe, Ulises y Belano se ven forzados a huir del lugar.

Comienza entonces la segunda parte del libro, en la que los personajes que tuvieron alguna relación con Ulises y Belano dan sus testimonios sobre los detectives salvajes.

Las narraciones a partir de aquí comienzan a oscilar entre los poetas, sus testimonios, las novias de Arturo y Belano, sus parejas, y todos los poetas pertenecientes al realismo visceral. Descripciones de discotecas, boleros, e innumerables escenas eróticas con diversos tipos de mujeres le dan a esta parte de Los detectives salvajes un sentido que oscila entre lo sensual, lo artístico y lo aventurero,

Envuelta en una gran cantidad de monólogos, la historia de Arturo Belano y Ulises Lima comienza a dar cuerpo a una historia en la que comienzan a entreverse sus diferentes rostros e incluso sus verdaderas personalidades.

A lo largo de diferentes declaraciones de los innumerables personajes que aparecen en esta segunda parte se indica que los pertenecientes al realvisceralismo no son poetas o escritores, sino más bien unos beligerantes, promiscuos y adictos, que poco tienen que ver con la gente de bien.

Cada uno de los personajes que realiza una serie de declaraciones presenta puntos de vista diferentes sobre los miembros del grupo de poetas y, por supuesto, de la poesía misma, buscando que el lector llegue a sus propias conclusiones y decida por sí mismo cuál es el carácter real de los miembros de este grupo de poetas con vidas licenciosas y desordenadas.

En la tercera parte del libro se van revelando poco a poco los testimonios. García Madero retoma su historia en dónde había quedado, en su viaje de huida hacia el noroeste de México en un coche que lleva como pasajeros a Lupe, Arturo Belano y Ulises Lima.

En este punto la historia se convierte en una verdadera persecución de parte de Alberto hacia los miembros del club de los poetas por causa de Lupe, con consecuencias nefastas para algunos de ellos.

Una crítica velada.

La principal característica de Los detectives salvajes es su complejidad, la cual queda plasmada en su estructura narrativa. Comenzamos la novela leyendo el diario personal de García Madero, quien no aparecerá durante 400 páginas. En este diario se reúnen todo tipo de intervenciones de diversos personajes, a través de quienes vamos conociendo a los detectives salvajes y qué están buscando.

Ambos, Arturo Belano y Ulises Lima, destacan por seguir un estilo de vida caótico y que roza la mendicidad. A lo largo de la historia son solo sombras que conocemos a través de comentarios de otros, recuerdos y otras anotaciones. De hecho, la novela recurre constantemente al cambio de narrador para reforzar esto. Así, encontramos que las expresiones van cambiando con cada uno, al igual que los puntos de vista que poseen. El resultado final es la demostración del talento del escritor como narrador.

Como si fuéramos detectives, seguimos la pista de los personajes en su búsqueda de Cesárea Tinajero, la primera representante del realvisceralismo. Este movimiento es una pieza central en la obra, del cual los distintos personajes no dejan de hablar, pero el lector nunca llegará a conocer ningún detalle o característica del mismo. Además, solo hay una obra conocida de este movimiento, Sión, cuya autoría es de Cesárea Tinajero.

Estilo de Los detectives salvajes.

La novela está repleta de ironía, en muchas ocasiones cae en el humor negro, y de socarronería. Destaca por su frescura, muy propia de la juventud, y por la ruptura de todos los moldes. Al final, tras cuatrocientas páginas, el personaje de García Madero reaparece e informa del resultado de las pesquisas de los detectives, aunque el punto fuerte de la novela es admirar toda su complejidad y perderse en ella para disfrutarla con total plenitud.

Además, estamos ante una parodia, que es a la vez elogio, de las vanguardias mexicanas. En la novela queda patente la volatilidad de estas, las cuales pueden aparecer y desaparecer casi sin dejar rastro, como es el caso de los propios realvisceralistas (movimiento basado en el infrarrealismo al que llegó a pertenecer el propio autor). Sin embargo, en esta obra no vamos a ver influencias de ninguna vanguardia, pero sí todo tipo de fragmentos de estas.

También se palpa un cierto escepticismo en esta obra. El autor deja ver cómo los personajes principales están de vuelta con casi todo en la vida. Todo es relativo, discutible, y no hay nada seguro en la vida, algo que queda patente en el propio estilo de los detectives. Esta apuesta consigue crear una imagen real de la vida diaria, la cual siempre se muestra caótica, imprevisible y en donde las personas entrar y salen casi de manera constante.

En definitiva, Los detectives salvajes es una obra muy recomendable para los amantes de la literatura, de la ironía y de una complejidad que desemboque en largas horas de reflexión. Además, el estilo narrativo es un aliciente para enfrascarse en cómo son los detectives salvajes y, sobre todo, cuál será el resultado de su caótica búsqueda.

La ruptura argumental, el carácter fragmentario y la multitud de enfoques de la realidad son las características más destacadas de una obra que hay que paladear. Sin duda, nos deparará no pocas horas de diversión y reflexión sin darnos cuenta.

Los detectives salvajes. Roberto Bolaño. Editorial Anagrama.

Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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