Los días interminables de estar muerto. Marcus Chown: en busca del origen del Universo

los-dias-interminables-de-estar-muerto-marcus-chownA lo largo de la historia el ser humano no ha dejado de plantearse interrogantes sobre la existencia y sobre la propia condición humana. Las preguntas clásicas de la Filosofía “¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos?” han sido enunciadas de muy diferentes formas por pensadores de todas las épocas. El interés que suscitan estas preguntas no sólo sigue vigente sino que, desde diferentes perspectivas, se han desarrollado diferentes líneas de investigación que no han cesado de teorizar para alcanzar conclusiones satisfactorias. Uno de los campos de conocimiento que tratan de responder a estas incógnitas es el de la Física. La importancia que el desarrollo de esta ciencia ha tenido en el último siglo o siglo y medio es algo que está fuera de toda duda. Pero es que, además de los pasos de gigante que se han dado en esta disciplina, los físicos han ocupado, por derecho propio, un importante lugar en las líneas de pensamiento y de la Filosofía de nuestro tiempo.

El título del libro que hoy quiero comentar ya tiene un componente metafísico importante: Los días interminables de estar muerto. Tenemos que descender al nivel del subtítulo para hacernos una idea más precisa de lo que nos vamos a encontrar: “Ensayos sobre las ideas más especulativas de la Física de vanguardia”. En cualquier caso, el título por sí solo me pareció lo suficientemente sugerente como para interesarme en su lectura. El autor del libro, Marcus Chown estudió Física en Londres y se doctoró en Astrofísica en el California Institute of Technology y, además de los conocimientos que acreditan sus titulaciones, hay algo mucho más importante detrás de todo eso: es un apasionado de la Física y su intención en todo momento es ofrecer un enfoque didáctico y transmitir el conocimiento acercándonos los complicados conceptos físicos y haciéndolos más comprensibles y asequibles a un público no especializado.

La estructura de este libro es excelente para conseguir ese propósito divulgativo. Está escrito en breves capítulos a modo de artículos que desarrollan de una forma muy clara distintos temas relacionados con la astrofísica. El autor nos habla de cómo han evolucionado las ideas en torno al origen y la concepción del Universo, y las especulaciones con que físicos de todo el mundo tratan de saciar ese incurable afán de curiosidad del que hablaba al principio y que induce a las personas a querer encontrar respuestas para todo.

Los días interminables de estar muerto está dividido en tres partes, “La naturaleza del Universo”, “La naturaleza de la realidad” y “La vida y el universo”. En todas ellas, Chown nos expone multitud de temas que relacionan de algún modo el Universo, la existencia y la astrofísica. Para hacerlo, el autor recurre al método filosófico, o al método científico, que para el caso es lo mismo, esto es, hacerse una serie de preguntas y seguir un razonamiento que, si bien nunca pretende ser concluyente, nos proporciona una idea enriquecedora que trata de esclarecer nuestra comprensión, pues nos obliga a plantearnos cosas que ni siquiera se nos habrían ocurrido, aprendiendo conceptos que ni siquiera habíamos imaginado que existían. Entre las preguntas que el autor se plantea están las siguientes:

-¿Qué hay más allá del borde del Universo? El autor divaga a través de conceptos como el de vacío cuántico hacia la posibilidad de que existan universos paralelos, incluso universos en los que existan copias de nosotros mismos que se desarrollan de formas diferentes. De este modo, siguiendo estas teorías, se especula con que podríamos encontrar un mundo en el que Elvis siguiera vivo.

No cabe duda que Chown sabe captar el interés del lector y a veces recurre a ejemplos literarios en los que se habla de este asunto y cita, por ejemplo, la conocida obra de Douglas Adams, la Guía del autoestopista galáctico:

Dos son las cosas que hemos de recordar cuando nos ocupamos de los universos paralelos. Una, que en realidad no son paralelos y dos, que en realidad no son universos.

-¿De dónde viene la complejidad del universo? El autor desarrolla en este capítulo la idea del ordenador cósmico y nos habla de las investigaciones del científico Wolfram, que ha diseñado programas que tratan de encontrar una codificación de la vida, es decir, un programa que sea capaz de generar un Universo.

-¿Qué sucedió antes del Big Bang? El autor nos enseña que algunos físicos piensan que el Universo está compuesto por una serie interminable de Big Bangs y Big Crunchs, lo que denomina como un “Universo yo-yo” en sucesiva expansión y contracción.

-¿Por qué nunca vemos el extraño mundo que sostiene nuestro mundo de cada día? La respuesta nos deja atónitos: porque nunca lo observamos, solamente nos observamos a nosotros mismos. Citando a David Mitchell:

No vemos las cosas como son, las vemos como somos nosotros.

Es lo que el autor llama “la constancia de la realidad” y nos ayuda a comprender cómo la realidad de un objeto cuántico no es la misma que la realidad material. En física cuántica, por ejemplo, es posible observar a un átomo estar en dos sitios a la vez en el mismo tiempo. Chown se pregunta, a través de interesantes reflexiones hechas por distintos físicos, por qué ese concepto de realidad aplicable al mundo cuántico, no lo es para nuestro mundo material.

-¿Por qué experimentamos un “ahora”? La respuesta nuevamente nos deja perplejos: Porque todas las demás formas de experimentar la realidad nos dejarían famélicos, porque no hay un tiempo como el presente. En este capítulo el tiempo es analizado desde un punto de vista físico, muy en especial a través de las teorías de Albert Einstein sobre la relatividad especial, que nos dan una perspectiva del concepto del tiempo totalmente diferente. Lo que nos enseña esta teoría es que no hay un solo tiempo, sino muchos, aunque, el hecho de que la relatividad especial no diga nada del presente, el pasado y el futuro, no significa que estos sean ilusiones, sino propiedades muy reales del ser humano.

-¿Dónde podemos encontrar el secreto del universo? En un solo número: el número de Dios. Este capítulo está más centrado en las matemáticas y nos habla acerca del llamado número Omega que, según el matemático Chaitin, puede contener la respuesta a todas las preguntas que podemos llegar a plantearnos.

-¿De dónde vienen las leyes de la Física? La respuesta nuevamente nos agita: son las leyes de la nada. Chown nos habla aquí de lo que se denomina los “patrones del vacío”. El físico de partículas Victor Stenger trató de encontrar respuestas para saber cómo pudo salir algo de la nada. “Si las leyes de la Física son las mismas leyes que regían el vacío absoluto, la transición de la nada a algo tal vez no fuera tan difícil como se ha supuesto hasta ahora”, asegura Stenger, que concluye su reflexión de un modo provocador: “Nuestro Universo tal vez no sea más que la nada reorganizada, reestructurada”. Este mismo físico desarrolla una idea muy importante para la física que es la simetría, algo que sería utilizado por el propio Einstein y que más tarde tendría sus aplicaciones en la física cuántica.

-¿Por qué es tan difícil mover de un lado a otro una nevera llena? Porque el espacio vacío se lo impide. Pero ¿cuál es el origen de la masa? Aquí se nos ayuda a comprender la diferencia entre la masa-energía, la masa gravitacional y la masa inercial. Curiosamente se habla del bosón de Higgs como algo que todavía es una teoría no comprobada (el libro fue publicado en 2007) y que explica el origen de la masa como un mecanismo (el mecanismo de Higgs) que proporciona masa a las partículas elementales a través de la absorción de bosones derivados de la pérdida espontánea de simetría.

-¿Encontraremos alguna vez extraterrestres en el universo? La respuesta nuevamente busca provocarnos: No, ¡pero podemos buscarlos dentro de un ordenador! Este capítulo analiza esa pregunta que Enrico Fermi se formuló hace más de medio siglo: si el Universo es casi infinito, ¿dónde están todos? El autor nos cuenta el experimento que el científico Wolfram, realizó, sin éxito, para intentar localizar extraterrestres, en lo que se conoció como el proyecto SETI, que utilizó potentes telescopios en busca de señales ópticas o de radio procedentes del espacio. Wolfram no ha desistido de su empeño, pero sí ha querido dar un nuevo enfoque a su investigación. Lo que propone para encontrar vida extraterrestre consiste, en lugar de utilizar recursos carísimos en un empeño casi imposible, usar los medios más elemnetales a su alcance: un simple ordenador en el que se puedan simular y reproducir patrones de los que entendemos por “inteligencia” o “vida”, es decir, cambiar el Universo físico por el Universo computacional.

-Si el universo fuese construido y su constructor hubiese querido dejarnos un mensaje, ¿dónde lo habría dejado? Algunos físicos como Hsu y Zee responden a esto: en el “rescoldo” del Big-Bang, en la radiación cósmica. Y concluyen así:

Creemos haber sugerido una posibilidad muy interesante. Buscar una señal en la radiación cósmica de fondo puede ser incluso más divertido que buscar una inteligencia extraterrestre.

-¿Puede la vida sobrevivir para siempre en el universo? En este capítulo es donde la Física se adentra de una manera más notoria en el terreno de la Filosofía e incluso en la Teología, pues se llegan a planteamientos en los que aparece, casi inevitablemente, la idea de Dios. La respuesta a la pregunta es, cuando menos, sorprendente: Sí es posible sobrevivir, siempre que se dirija al universo por un camino muy especial. Para el físico Frank Tipler es factible imaginar un escenario como éste: tras haber muerto, usted despierta y ve a sus seres queridos, también muertos. Puede abrazarlos, hablarles. ¿Qué ha pasado? ¿Está en el paraíso? No exactamente: usted ha resucitado como una simulación en un ordenador al final del mundo. Para ello hay que alcanzar el llamado Punto Omega. Pero eso implica que la humanidad tiene que llegar a un grado de desarrollo muy superior. El Punto Omega, para Tipler equivale a una inteligencia omnisciente, es decir, a Dios. “Tal vez el propósito de la vida sea crear a Dios”, afirma Tipler. Y defiende esa afirmación argumentando que el objetivo de la Física es explicar el Universo en su totalidad. “Si quiere cumplir su objetivo, la ciencia tendrá que describir a cualquier ser supremo que viva en el Universo”, afirma. “De ello se sigue, pues, que la Teología tendrá que ser considerada como una de las ramas de la Física”. De dicha afirmación se puede deducir que existe una conexión entre Dios y el contenido material del Universo, luego, afirma Tipler “La existencia de Dios depende de la cantidad de materia que haya en el Universo”.

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Los días interminables de estar muerto. Marcus Chown. Biblioteca Buridán

Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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