El largo y cálido verano. Martin Ritt

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No es casual que me haya acordado de esta película cuando en esta parte del mundo nos encontramos en pleno apogeo del verano, un verano que en el sur de España siempre es muy caluroso y más largo de lo habitual, porque, al igual que sucede en el sur estadounidense en donde se desarrolla la trama de la película que voy a comentar, los veranos son especialmente tórridos y asfixiantes.

Pero no vayan a creer que la coincidencia estacional ha sido el único motivo que me ha incitado a elegir El largo y cálido verano para este artículo semanal. En primer lugar, el guión está basado en el universo literario de quien considero uno de los mejores escritores de todos los tiempos: William Faulkner. En segundo lugar la película tiene unos intérpretes extraordinarios, pero, si hay que destacar a uno de ellos, creo que es justo concederle esa ventaja a Paul Newman, quien borda este papel que, según mi modesta opinión, es el primer papel verdaderamente importante de su carrera. Aunque el guión es una versión bastante libre de algunos relatos de Faulkner, creo que el ambiente sureño queda bien descrito en esta filmación que acaso se podría considerar como la primera de una serie de interpretaciones en las que Paul Newman volverá a retomar esa atmósfera sureña , tan abrupta, plagada de personajes hoscos, aparentemente insensibles, aunque lo haga desde la perspectiva teatralizada de Tennessee Williams, primero con la maravillosa “La gata sobre el tejado de zinc”, que lo catapultaría definitivamente al estrellato, y más tarde con “Dulce pájaro de juventud”.

En el cartel original de la película, una leyenda resume así lo que nos vamos a encontrar: “It was a lazy kind of day with the girls in their summer dresses… and then the stranger came to town and nothing was ever the same again”. Pero antes de que aparezca ese extraño y nada vuelva a ser lo mismo, la primera escena de El largo y cálido verano nos muestra una granja en llamas y casi en seguida enlaza con el juicio a Ben Quick, interpretado por Newman, a quien absuelven tras no poder demostrar que es un incendiario. La narración del incendiario forma parte de la trilogía de la familia Snopes, escrita por Faulkner, y más concretamente, esa historia aparece en su novela El villorrio (The hamlet), primer volumen de dicha trilogía. Las alusiones al universo faulkneriano están presentes tanto en el carácter de los personajes como en algunos nombres de lugares, como el “Recodo del Francés” (Frenchman’s Bend). Pese a no poder demostrar su culpabilidad, Ben Quick es expulsado de la ciudad en parte por haberse convertido en un indeseable y, en parte también, por evitar su linchamiento. Tras marcharse de aquel lugar, Ben recaba en un pequeño pueblo de Misisipi donde conoce a Will Varner (Orson Welles), el patriarca de la familia más pudiente y poderosa de la comarca y quien conoce de sobra la reputación pirómana de la familia Quick, pese a lo cual, contrata a Ben al tiempo que se esfuerza para convertir su estancia en una pesadilla. Conforme la historia avanza, el viejo Varner empieza a cobrarle afecto a Ben en quien ve más rasgos de hombría que en su propio hijo Jody (Anthony Franciosa), e incluso mira con buenos ojos que Ben corteje a su hija Clara (Joanne Woodward). Aunque Clara se muestra reticente al principio, poco a poco termina por caer en las redes del irresistible seductor que es Ben. Temeroso de que éste suponga una amenaza para su propia herencia, Jody trata de sacar a la luz el pasado incendiario que persigue a los Quick como un estigma insalvable.

Este film supuso para Paul Newman, como ya he comentado, su primera gran interpretación, avalada además por el premio al mejor actor en el Festival de Cannes. También supuso su primera colaboración con Martin Ritt, un director que escapó milagrosamente de las garras del macartismo y con quien acabaría rodando seis películas más, destacando entre todas ellas las excelentes Hud y Un hombre.

La figura de Newman en esta película es usada por su director con la clara intención de ser un reclamo sexual. Para corroborarlo, uno de los carteles que se hicieron para la película tenía la leyenda: “Strikingly directed, steamy with sex”. Algunas escenas en las que Newman aparece con la camiseta de tirantes sudorosa o incluso con el torso desnudo, guardan cierto paralelismo con el Marlon Brando de Un tranvía llamado deseo, sin llegar a ser, eso sí, tan salvaje como Brando, pese a su explícita carga de erotismo y de provocación para una sociedad americana (recordémoslo) por entonces bastante gazmoña y puritana. Al parecer Martin Ritt barajó durante un tiempo la posibilidad de que el papel lo interpretase Brando (Robert Mitchun fue otra de las opciones). En cualquier caso, la elección de Newman fue un acierto, y las provocadoras referencias sexuales son evidentes y continuadas tanto en las imágenes como en algunos diálogos. También fue la primera vez que Paul Newman y Joanne Woodward compartieron cartel en una película. Sin duda ambos demostraron sus extraordinarias dotes interpretativas, al igual que el resto del reparto, todo un lujo, con Orson Welles a la cabeza, sin olvidar a Lee Remick, Angela Lansbury o Anthony Franciosa.

La trama de la película es un casi continuo enfrentamiento entre los remilgados miembros de la familia Varner, que representan lo más granado de la sociedad, y Ben Quick, que representa todo lo contrario a la elegancia y las buenas formas. Dos mundos y dos concepciones de vida totalmente opuestas cuya única posibilidad es la de colisionar. Quizá sea esa contraposición tan abrupta lo que causa extrañeza en un desenlace algo desconcertante por lo que tiene de feliz, acaso demasiado perfecto para haberse inspirado en una historia faulkneriana. Pero incluso el final se puede perdonar y puedo decir que volver a ver esta película ha supuesto un gozo, pues pese al paso del tiempo, no ha perdido la fuerza ni la intensidad que yo recordaba cuando la vi en ocasiones anteriores. Sin duda, se trata una película con todos los ingredientes necesarios para disfrutar, incluso ahora, en pleno verano: personajes interesantes y atrevidos, diálogos punzantes y el suficiente calor como para derretir los cubitos de hielo de un vaso con bourbon sureño.

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Acerca de Jaime Molina

Jaime Molina
Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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Un comentario

  1. Avatar

    Gracias de nuevo, MJosé, por regalarnos otro artículo sobre una película de Paul Newman. Leerlo ha sido una delicia y un acierto el análisis que ofreces.

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