Mil grullas (Senbazuru). Yasunari Kawabata

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Es un tópico mil veces repetido, pero oriente y occidente no se entienden. La concepción filosófica y religiosa de la vida es tan diferente entre las dos principales áreas culturales de la humanidad que es muy difícil tender un puente de comprensión entre ambas. A pesar de todo ello, la fascinación no deja de ser mutua, y mientras que el flamenco tiene un éxito imparable en Japón, la filosofía budista invade periódicamente nuestra existencia, últimamente incluso en la decoración de nuestra casa.

La literatura no es ajena a estas dificultades. Hace pocos años fueron publicadas en España dos versiones del Genji Monogatari, una de las primeras novelas de la historia, con descripciones psicológicas de los personajes, escrita por una mujer en Japón del siglo XI, Murasaki Shikibu . Ambas versiones serían valoradas como una labor editorial cuanto menos arriesgada. Una de ellas es una traducción de una versión inglesa, mientras que la otra es una traducción directa del japonés. Ambas traducciones al castellano difieren de manera importante, y podríamos comprender el por qué. Una traducción de una traducción puede hacer perder mucho sentido original a la versión castellana.

Pero esta obra es además difícil de entender incluso para los japoneses. Los motivos son diversos: está escrita en kana (no en kenji, reservado a los hombres, del que deriva el japonés moderno), un silabario caído en desuso. En ese periodo, en la corte Heian, no se acostumbraba a emplear descripciones de personas ni nombres propios, sino perífrasis o títulos. Así se entiende lo difícil de la traducción, incluso el título es distinto, porque la autora no escribió nada parecido a uno. Así se conoce como la historia de Genji, la novela de Genji…

Así que me pregunto cómo Senbazuru, literalmente Mil grullas, puede traducirse como Una grulla en la taza de té. El japonés moderno no puede ser tan ambiguo en una única palabra. Y sin embargo esta novela, una de las mejores obras de Yasunari Kawabata, ha sido publicada en España con ambos títulos. Una grulla en la taza de té fue el título escogido por Luis Salvador para la edición publicada por Vergara en 1964, de la que se hizo eco Círculo de Lectores en 1968. Mil grullas es el título de la versión de María Martoccia, de la editorial Emecé de 2004. Martoccia, escritora argentina, tradujo la novela del inglés. No sabemos la fuente de la traducción de Salvador, pero probablemente algún idioma europeo.

Una ventana abierta a la sensibilidad de oriente, Kawabata recibió el premio Nobel en 1968, ayudado por las traducciones al inglés de su obra realizadas por Eward George Seidensticker. El título del libro, el estampado de grullas del pañuelo de uno de los personajes, es en realidad una excusa para adentrarnos en las costumbres y sensibilidad japonesas, en la complicada ceremonia del té (probablemente donde Salvador suponía a la grulla) y en la arrolladora marea de sentimientos de amor, soledad y sensualidad que inundan por completo las acciones de los personajes.

Inspirada vagamente en la historia de Genji, Kawabata utiliza la melancolía para describir las relaciones de un hombre joven con las amantes de su padre, mediante un paralelismo entre la vida y la ceremonia del té, donde los recuerdos y los presagios nos conducen y arrastran a lugares a los que tenemos que ir indefectiblemente, aún en contra de nuestra voluntad. Esos sentimientos pasan de mano en mano, de generación en generación, como la fina porcelana de las tazas y jarras utilizadas en la ceremonia japonesa. La rotura de una de esas tazas, quizá la más vulgar, pero la de mayor valor sentimental, está también cargada de simbolismo. Nos da la sensación, también, de que el protagonista masculino fluye como el té, dejándose llevar por el destino, manejado con maestría por las manos femeninas de tres mujeres, precisamente las encargadas de preparar el té.

No quisiera dar la impresión con este comentario de encontrarnos ante una novela costumbrista, porque este libro habla de sentimientos comunes de la humanidad, y es eso lo que rompe las barreras culturales que podríamos sospechar que presenta una historia donde una ceremonia, desconocida para nosotros, es un elemento esencial. Tras leer el libro, estoy seguro de que los sentimientos que describe Kawabata tan magistralmente han alcanzado otros continentes y culturas sin la menor devaluación.

Es de agredecer encontrar un premio Nobel de hace casi cuarenta años, fallecido en 1972, todavía activo en las librerías, con ediciones de sus novelas y sus relatos (en los que Kawabata fue un maestro), de un país lejano y culturalmente casi opaco, presente en los comentarios de la web y los de varias revistas literarias. Confío y espero en que sea sólo por la excelente calidad de un escritor sincero y veraz, capaz de expresar todos los sentimientos complejos del alma oriental en unas pocas palabras, para que los burdos cerebros occidentales podamos comprender con claridad.

Mil grullas. Yasunari Kawabata. Emecé.

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